Una cuestión de diferencias e identidades, según un sociólogo

"Las desigualdades sociales y económicas" potencian un fenómeno propio de la evolución del adolescente

ROCA (AR).- Son los mismos alumnos del CEM quienes resaltan las diferencias que hay entre los turnos mañana y tarde. Los chicos de la tarde, acusan a los otros de «conchetos», «nenes de mamá». Los de la mañana dicen que «son unos resentidos».

Según el sociólogo Osvaldo Alonso, «este tema de las identidades es típico de los adolescentes. Cuando el sujeto construye su identidad la reafirma de manera muy fuerte».

Consultado acerca de los posibles motivos que pudieron llevar a un grupo de adolescentes a agredir a dos compañeras, Alonso explicó que «éstas son las luces rojas que están dando el alerta. Los adolescentes conforman tribus donde reafirman su identidad. Esta se mediatiza a través del grupo, que actúa como un paso intermedio entre la adolescencia y la edad adulta». A esta etapa de desarrollo hay que sumarle el factor de las desigualdades sociales y económicas. «Hoy más que nunca, la identidad pasa por lo que se tiene, lo económico, el status social. Por eso la disputa pasa por ahí, cuando un chico acusa a otro de «concheto», lo que está haciendo es agredir una diferencia que lo disminuye, lo pone por debajo de lo que cree que es».

La falta de lazos de seguridad y la exclusión provocan la exacerbación de las acciones y la agresión se convierte en la vía más utilizada.

«En este caso habría que analizar cuáles son las condiciones personales de los chicos. Ellos agreden a la violencia que genera la exclusión y la desigualdad, a la falta de posibilidades de ascenso social, de oportunidades. Hasta en niveles sociales más próximos se ven diferencias. Algunos de estos chicos tendrán posibilidades mayores y otros no. Y lo perciben. Lo saben de antemano», señaló el sociólogo quien también es docente del Centro Universitario Regional, Zona Atlántica.

Ante esta falta de seguridad, cualquier actitud que tienda a remarcar diferencias -explicó- se convierte en una agresión, que es muy difícil de revertir aun en el ámbito educativo. «Los colegios pueden hacer un esfuerzo pero no pueden luchar contra problemas estructurales. La sociedad le demanda demasiado a la escuela y al docente cuando en realidad no es mucho lo que ellos pueden hacer», concluyó.


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