Una ilusión perdida llamada Corpofrut

La entidad, creada por ley en 1959 y de actividad privada, fue un legítimo intento de promover la actividad. El camino sustentable, sigue vigente al día de hoy.



Por Ing. Ricardo Epifanio (*)

Sombras. La fruta no logra salir del ciclo de debacle que la afecta desde hace años.

La irrupción de la pandemia en 2020, trastocó todos los planes y proyecciones posibles, en cualquiera de los rubros de la economía nacional y regional.
Para la fruta no obstante, se trata de un golpe más. Otro de los tantos que la actividad ha recibido en las últimas tres décadas, y que ha diezmado la capacidad de un sector que supo ser el motor de la actividad económica regional.
En ese marco, vale rescatar la experiencia surgida de una institución que pudo haber significado un salto de valor, y la puerta para el crecimiento productivo sustentable.
Allá por los años ’80, el productor frutícola tenía dos entidades que lo agrupaban y le permitían desarrollarse: una que representaba al agricultor y se llama FEDERACION DE PRODUCTORES y la otra que pretendía potenciar su actividad, es decir la fruta, que se llamaba CORPOFRUT.
Esta última entidad fue creada por ley en el año 1959, y su accionar era de gestión privada. Mientras trabajó, se propuso hacer cambios estructurales importantes en la actividad, y de haber tenido continuidad, estaríamos hoy frente a un modelo frutícola exitoso sobre la base del pequeño y mediano productor.
En el año 1986/7 nos tocó dirigirla, y comenzamos a implementar proyectos cuyo objetivo fundamental era integrar tanto vertical como horizontalmente al productor independiente, pudiendo este último llegar a los canales finales de venta sin desprenderse de su producción.
Era una convicción de resultados. Se pretendía que en esta economía regional no debían existir productores independientes salvo por su propia decisión.
Incluso antes de esa época, ya se advertían los movimientos importantes que se estaban generando en la actividad frutícola, con inversiones cuantiosas en toda la línea de producción, empaque y conservación incentivada por la necesidad de la producción propia de las empresas, nacionales y extranjeras, que a la postre (con y sin intención) desbalancearían el equilibrio de la primera venta, entre el comprador de fruta y el productor primario.

Crisis. Los productores tiran la fruta en una de las manifestaciones de protesta.


En todos esos largos años de progreso, la ausencia del gobierno provincial era absoluta, con una mayor responsabilidad sobre el asesoramiento al gobierno nacional, que también estaba ausente, o actuaba en contra del sector primario ya sea por desconocimiento o intencionalidad, ayudado por políticos rionegrinos en cargos de decisión.
Ante esta dinámica que se venía desenvolviendo sin límites y sin una mirada de mediano plazo, desde CORPOFRUT implementamos dos proyectos.
El primero era el agrupar a productores para vender -en principio- fruta en el mercado interno embalándola en estructuras ya existentes semi integrados o con capacidad ociosa, como se había realizado en el anterior operativo de CORPOFRUT. La intención fue comenzar por la Capital Federal donde alquilaría una estructura de frio ya determinada y el servicio de camionetas para la distribución de fruta. Mientras tanto, se gestionaban en el municipio de la ciudad de Buenos Aires todos los permisos.
El otro proyecto tenia también como objetivo integrar al productor independiente a través de las empresas que estaban endeudadas con el Banco Provincia de Río Negro y que voluntariamente pusieran a disposición de los productores parte de las acciones. De esta manera se compensaba la deuda con la banca oficial, con el aporte de un porcentaje de fruta que dejaba como capitalización el productor independiente, además de asegurarse un volumen interesante de stock dentro de la estructura de la empresa. El circuito era por demás virtuoso. En un plazo de un par de años, la empresa estaría aportando el resultado de ese porcentaje a la banca oficial, el productor se incorporaba como socio a una organización integral en forma vertical y la Provincia cobraba las acreencias que mantenía con dicha empresa.

Empaque. Un ícono de la actividad frutícola.


La cantidad de productores que se hubiesen integrado a la nueva estructura dependía de varios factores, como por ejemplo su potencialidad integradora en todas las etapas (frío, empaque, ventas, cobranzas), acceso al financiamiento y, por ende, cantidad de productores que se podía absorber en relación con su endeudamiento con el banco provincial (que todavía existía).
Las potenciales empresas en condiciones de articularse, eran unas 30, de distintas dimensiones y ubicaciones a lo largo de los Valle irrigados. Se estimaba que unos 1.300 productores, con diferentes volúmenes, especies, variedades y ubicación, hubiesen sido beneficiados.
En los dos proyectos necesitabamos la ayuda imprescindible de los gobiernos nacional y más aún del provincial. El grupo de productores que vendería en Capital Federal con el apoyo de la oficina que tenia CORPOFRUT alli, avanzó de buena forma.
El gobierno nacional (radical), a través del Fondo De Desarrollo Regional (FDR) nos otorgó el 40% de la propiedad (a fondo perdido) del Frigorífico que se construyó en el Puerto de San Antonio. El 30% era para PAI y el último 30% para Expofrut.
En el caso del gobierno provincial se habló con varios funcionarios del gobierno y sus respuestas fueron dubitativas o negativas. Ya en ese momento teníamos la oposición de algunos empresarios pertenecientes a la Corporación Frutícola Argentina (CFA).

La posibilidad cierta para esta economía regional productiva de alto valor agregado, es la inversión privada aplicada a la diversificación.


Desde ese momento, comenzamos a tener problemas externos e internos. Con la provincia, los problemas fueron sistemáticos, y en razón de ello los sectores empresarios como posibles involucrados comenzaron a dudar del proyecto. En lo interno ya algunos representantes de las cámaras se dieron vuelta por distintas razones, y con la ayuda de los tres directores oficiales de la provincia (que nunca habían estado presentes) nos terminaron obligando a renunciar a la conducción de CORPOFRUT, no pudiendo terminar de cumplir nuestro mandato de dos años.
En forma sorpresiva desguazaron la entidad en forma casi inmediata.
Nunca supimos públicamente que se hizo con todos los bienes que tenía CORPOFRUT, que eran muchos y diversos. Lo más preocupante fue que los productores se quedaron sin la entidad que defendía su actividad productiva.
Ya conocemos como siguió la historia de la actividad, con subsidios permanentes por parte de los gobiernos para amortiguar la agonía, lo que terminaría siendo la definitiva debacle del productor independiente y de otros eslabones débiles de la cadena.
Fue CORPOFRUT, una de las posibilidades truncas que tuvo esta economía regional, otrora próspera al querer integrar los productores. De los más de 7.000 productores existentes entonces, solo quedan hoy poco más de 500. Asimismo, de los 250 empacadores y comercializadores existentes en aquel entonces, quedan hoy alrededor de 50, que comercializan más de 1.000.000 de kg de fruta, en los canales finales de venta.
Lo que muestra la crisis terminal que hace años azota la fruta, es que a los productores independientes o semi integrados les costará mucho seguir en la actividad. Su destino fue y es el cierre, el exodo del sector y el abandono, no solo por el promedio de sus edades y la situación del país. También por un contexto extremadamente adverso, que se suma a la crisis propia del sector.
Por este motivo, siempre que reflexionamos decimos que somos todos los actores del sector los principales culpables de la dinámica descripta. Aún así, estoy seguro de que “hay algunos más responsables que otros”.
CORPOFRUT fue una herramienta muy útil para la actividad frutícola, hasta que decidió defender intereses que colisionaban con la tendencia concentradora, que venía creciendo fuerte y sin límites. Fue allí que sucedió lo predecible: el certificado de defunción de la entidad y la consecuente transformación de una economia regional donde los productores eran protagonistas, en una donde el gobierno pertenece a las empresas. En pocas palabras, la torta se transformo en un alfajor.
Lo que nos queda como posibilidad cierta para esta economía regional productiva y con alto valor agregado, además de la consolidación de lo ya existente, es la inversión privada aplicada a la diversificación productiva, esperando que los productores primarios no corran la misma suerte que sufrieron muchos de los que cultivaron manzana y pera.

(*) Ex Presidente de Corpufrut (1986).

Datos

1959
El año en que Corpofrut fue creada por ley, para promover de manera privada la actividad frutícola.
7.000
Los productores que llegó a haber en el Valle de Río Negro y Neuquén. Por las sucesivas crisis, hoy quedan entre 500 y 1.000.


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