Una oportunidad



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DANIEL MARZAL

dmarzal@rionegro.com.ar

No es lo mismo que manejar sin casco. Esquivar la reflexión preelectoral por desgano o por falsa rebeldía y peor aún desentenderse de la obligación de votar, no son decisiones personales sin repercusión en el ecosistema social. Repetidas y superpuestas, son conductas pueden deparar un penoso destino a la comunidad toda.

Tal vez por allí debería empezar el abordaje que cada votante realice de su responsabilidad ante las urnas que hoy definirán el futuro gobierno municipal. La elección trae a cuestas una historia insólita de forcejeos por la fecha, que terminó por transformarla en un campo de batalla degradante.

El Ejecutivo municipal carga en este caso con la mayor responsabilidad, por su tozudez en realizar el comicio con tanta anticipación respecto del recambio de autoridades.

Pero el radicalismo como principal adversario ya había dejado en claro que en ese barro se siente a gusto cuando en la última Convención Constituyente impuso su criterio de "fecha desdoblada" para la elección municipal.

Consiguió así incorporar esa cláusula a la Carta Orgánica con la excusa de neutralizar la "contaminación" con otras elecciones, cuando el propósito real de la UCR fue evitar que el FpV provincial y nacional se beneficien con el arrastre de votos del intendente, Alberto Icare, y su proyecto reeleccionario.

Desde el municipio contestaron poco después con parecida creatividad y se apuraron a convocar a elecciones para el 20 de mayo. La provincia superpuso la suya en la misma fecha y entonces Icare desplazó la elección local para el 27 de mayo. Allí fue cuando arreciaron las impugnaciones judiciales y finalmente esa fecha quedó anulada por errores en la convocatoria.

El STJ hizo su aporte al despropósito con un fallo confuso y mal leído, del cual se aprovechó Icare a fin de fijar un nuevo llamado electoral para el 1 de julio. Otra vez hubo demandas ante la Justicia que fueron rechazadas en primera instancia, pero esta vez quedaron sin resolución final en el máximo tribunal de la provincia.

Con estos antecedentes llega entonces la esperada y crucial oportunidad en la que los barilochenses podrán expresar su evaluación sobre la gestión y sobre las alternativas en juego.

Es probable que el trance de votar en pleno invierno (con una nevada reciente que generó zozobra en los barrios más humildes) deje su rastro en el nivel de concurrencia.

En septiembre pasado los comicios de convencionales constituyentes tuvieron una participación de sólo el 59%. Y el 20 de mayo en la elección provincial la asistencia fue del 66%. La incógnita para hoy pasa por saber qué sector social registrará el ausentismo más grande y qué partido saldrá beneficiado.

Estas y otras especulaciones terminan por desviar el análisis sobre las devaluadas "plataformas", que la generalidad de la gente (incluso muchos de sus autores) consideran un compendio de banalidades.

La tarea más ardua que han debido encarar los dos candidatos principales fue la de diferenciarse entre sí. La esperable confrontación de proyectos ideológicos quedó relegada por una simple pulseada de estilos y aptitudes personales.

Ningún votante con algo de memoria pasará por alto que Icare fue socio entusiasta del radicalismo hasta hace menos de dos años. Por entonces en la oposición aparecían el PJ y el Frente Grande, que ahora mantienen un idilio con el intendente y olvidaron sus críticas de entonces. Con semejante muestrario de infidelidades no será posible culpar al elector por la confusión y el desinterés.

Hoy Icare ya no es el vecinalista prístino que encarnaba "la nueva política" y hace cinco años derrotó sin padrinos al PJ y la UCR. A esta altura carga ya con un regio pasado con logros reconocibles y varias promesas sin cumplir. Hugo Castañón, como candidato de la Concertación, se propone como "el cambio" pero es bueno recordar que su partido apuntaló durante años la actual gestión municipal, de la que también en su medida es responsable.

De los temas de campaña queda como dato saliente la insistencia de todos los candidatos en prometer obras públicas y "equidad distributiva". Salvo algunos gestos disonantes de los partidos chicos, faltaron los mensajes directos que sacudan a la gente común, al vecino sumiso pero hastiado que ya no quiere escuchar consignas estudiadamente ambiguas, que no parecen tener otra función que la de entorpecer cualquier rendición de cuentas.

Cualquiera sea el que festeje esta noche, la tarea de romper con ese modelo quedará pendiente.


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