Una película para no cruzarse al lado oscuro
Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, la pareja sorpresa de esta temporada.
Bradley Cooper y Jennifer Lawrence protagonizan “El lado luminoso de la vida”, un filme que navega entre el drama, la comedia y lo romántico, de la mano de David O. Russell. De acuerdo al guión, Pat (Cooper) recibe el alta del instituto psiquiátrico en el que fue confinado tras atacar violentamente al amante de su mujer. El hombre, que padece un trastorno bipolar no pasa un gran momento de su vida: perdió su casa, su esposa y tiene que rendir cuenta de su estado ante las autoridades que lo vigilan de cerca. En su intento por acercarse a su padre, dueño de un restaurante y fanático del fútbol americano, y tratando de no infringir las reglas que le impiden moverse tal como le gustaría, Pat se dedica a correr, envuelto en una bolsa de residuos negro a modo de chaleco, para conservar su silueta. Sin embargo, la obsesión por recuperar a su mujer es muy fuerte y traza estrategias que no concreta. Al menos hasta que conoce a Tiffany, una vecina muy bonita, viuda de un policía, que como él está bajo tratamiento porque también sufre una serie de desórdenes. A Tiffany le gusta bailar, y así intenta sacar a Pat de su angustia. El director David O. Russell, de acuerdo al relato original de Matthew Quick, saca partido de estos singulares personajes, sometidos a las reglas de una sociedad para la que los desórdenes psiquiátricos tiene un vínculo casi exclusivo con la medicación y los condicionamientos. “Me encanta el romance tanto como los mundos barriales, y en función de esto la química entre Bradley y Jennifer era palpable. Otro regalo fue la fortuna de encontrar a Robert De Niro con su fuerte deseo de ser auténtico en un papel sensible”, dijo el director. La primera mitad del filme es la más sólida. Apoyada en las correctas y convincentes actuaciones de Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, dueña de una belleza y simpatía para nada convencional, y en Robert De Niro, el director captura al público. La segunda mitad arranca con una excelente secuencia con Cooper y Lawrence bailando en la pequeña pista que la chica construyó en su casa, y en la que se escucha, un tema de Bob Dylan y Johnny Cash. En este momento, la sensibilidad de la primera parte da paso al lugar común. Así y todo, es tan fuerte el envión, que poco importan esas debilidades que tienen que ver con cuestiones de extremo localismo (el fútbol americano, las cábalas de los fanáticos, las apuestas) y otras muy “clase media”, como la que tiene que ver con la competencia de baile, una tradición estadounidense. El filme de Gordon recibió ocho candidaturas al Oscar, entre ellas las destinadas a mejor director (cuando ni Quentin Tarantino ni Kathryn Bigelow lo están), algo que revela que al Hollywood actual l gustan este tipo de comedias. Russell sostiene una anécdota pequeña –aunque sostenida en el buen ritmo, los rubros técnicos (la fotografía del oriental Masanobu Takayanagi y la música de Danny Elfman, por ejemplo)– fundamentalmente en base a las actuaciones de Cooper y Lawrence, y a algunos momentos con emoción alta. (Télam)
Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, la pareja sorpresa de esta temporada.
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