Una utopía analizada por Umberto Eco 

La comunicación y los efectos de la confusión de las lenguas obsesionó durante siglos a los pensadores europeos. Umberto Eco no pudo abstraerse de este tema y le dedicó el ensayo "La búsqueda de la lengua perfecta", recientemente reeditado por Grijalbo, en el que que analiza desde las lenguas prebabélicas hasta los lenguajes informáticos actuales.

Buenos Aires.- Acaba de reeditarse «La búsqueda de la lengua perfecta», un ensayo del semiólogo italiano Umberto Eco que rastrea las distintas maneras en que la cultura europea afrontó el tema de la confusión de las lenguas y los intentos para remediar este conflicto mediante la recuperación o la invención de un código común a todo el género humano.

Desde la lengua prebabélica hasta los lenguajes formalizados artificiales, pasando por las lenguas místicas, mágicas y oníricas, el indoeuropeo, la cábala, las lenguas perfectas de Dante y Llull, el esperanto o las lenguas internacionales auxiliares, Eco conduce al lector hasta el final de una extensa búsqueda en pos de las lengua perdida.

La obra, publicada originalmente en 1993 y ahora reeditada por la casa Grijalbo, analiza la utopía de la lengua perfecta a lo largo de casi dos mil años a partir de cuatro ejes principales: el redescubrimiento de lenguas históricas consideradas perfectas -como el hebrero, el egipcio y el chino-, la reconstrucción de lenguas pretendidamente originarias (o bien lenguas madre más o menos fantásticas), las lenguas construidas artificialmente y las lenguas más o menos mágicas que aspiran a una perfección.

«En este texto, hay algo más que la celebración del genio de las lenguas: es el cambio de signo en la interpretación del mito babélico. La diferenciación natural de las lenguas se convierte ahora en el fenómeno positivo que ha permitido la fijación de los asentamientos, el nacimiento de las naciones y el sentimiento de identidad nacional», asegura Eco.

«Si tuviésemos que buscar en los siglos anteriores una afirmación vigorosa de la profunda unidad entre pueblo y lengua (tal como se ha admitido desde el suceso babélico) la encontraríamos ya en Lutero, y tal vez esta herencia es una de las fuentes de una nueva y más decidida valoración de Babel, que volveremos a hallar en Hegel, salvo que ahora ésta no solamente asume el aspecto de una fundación del vínculo estatal sino también el de una celebración casi sagrada del trabajo humano», explica.

Al igual que en su ensayo «Apocalípticos e integrados», Eco analiza la tensión desde una posición intermedia: el semiólogo no defiende ni el monolingüismo ni el poliglotismo total, sino el triunfo de una comunidad de personas sensibles al espíritu de un habla diferente, de tal manera que capten el genio y el universo cultural que cada uno expresa cuando habla la lengua de sus antepasados.

«El problema de la cultura europea del futuro no está sin duda en el triunfo del poliglotismo total (quien supiera hablar todas las lenguas sería como Funes, el memorioso de Borges, con la mente ocupada por infinitas imágenes), sino en una comunidad de personas que puedan captar el espíritu, el perfume, la atmósfera de un habla distinta», asegura el autor de obras como «Tratado de semiótica general», «Lector in fábula» y «El nombre de la rosa».

«Una Europa de políglotas no es una Europa de personas que hablan con facilidad muchas lenguas sino, en el mejor de los casos, de personas que pueden encontrarse hablando cada una su propia lengua y entendiendo la del otro, que no sabrían hablar de manera fluida, pero que al entenderla, aunque fuera con dificultades, entenderían el «genio», el universo cultural que cada uno expresa cuando habla la lengua de sus antepasados y de su propia tradición», sostiene Eco.

Eco está convencido de que las lenguas no pueden haber nacido por convención, «puesto que para acordar las reglas los hombres hubieran necesitado una lengua anterior».

El semiólogo se pregunta: ¿por qué los hombres tenían que tomarse la molestia de construir otra, empresa fatigosa e injustificada?

Una posible respuesta es la explicación del árabe Ibn Hazm: «La lengua originaria comprendía todas las lenguas». Según Eco, la división posterior -que el Corán ya contemplaba como un acontecimiento natural y no como una maldición- no fue provocada por la invención de nuevas lenguas, sino por la fragmentación de la única que existía «ab initio» y en la que ya estaban contenidas todas las demás. Por eso, todos los hombres son capaces de comprender la revelación coránica, cualquiera sea la lengua en que esté expresada». (Télam). 


Buenos Aires.- Acaba de reeditarse "La búsqueda de la lengua perfecta", un ensayo del semiólogo italiano Umberto Eco que rastrea las distintas maneras en que la cultura europea afrontó el tema de la confusión de las lenguas y los intentos para remediar este conflicto mediante la recuperación o la invención de un código común a todo el género humano.

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