Venezuela en la locura de la idolatría

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El presidente de la Venezuela bolivariana, Nicolás Maduro, parece tener plena conciencia de que, realmente, vale muy poco. Por esto, en lugar de tratar de brillar con alguna luz propia (la que, por cierto, es bien difícil de identificar) Maduro procura ser apenas el reflejo de la luz que, cree, proyecta Hugo Chávez desde su tumba.

En ese esfuerzo ha designado al fallecido Chávez (con quien habla a través de un recurrente pajarito) como “líder supremo eterno” de los venezolanos. Un homenaje exagerado para quien, en los hechos, consiguió algo bien difícil de hacer: destruir una de las economías más robustas de la región. Aquella que contiene las reservas de petróleo crudo más importantes del mundo, que fueran escandalosamente dilapidadas por los bolivarianos.

El problema es que algunos se tragan ese sapo. Entre ellos, lo que no es demasiado sorprendente, los descendientes y parientes de Hugo Chávez. Concretamente sus hijas que, pese a la muerte de Chávez, decidieron permanecer en la residencia presidencial, La Casona, para bronca de Nicolás Maduro y su esposa que tenían los ojos puestos en ella. Por meses esta situación se mantuvo, tensa.

Una negociación opaca acaba de permitir a los Maduro comenzar la esperada mudanza en dirección hacia La Casona. Con sus petates e ilusiones. Cumpliendo así su sueño, materializando su enorme ambición.

Para ello insólitamente designaron a la audaz ocupante ilegal de La Casona como representante permanente alterna de Venezuela ante las Naciones Unidas. Más nepotismo, entonces.

Me refiero a la jovencita María Gabriela Chávez, que vivirá ahora en la capital del mundo, en la ciudad de Nueva York, absolutamente a costa del pueblo venezolano, claro está. Gozando de la vida. Prácticamente sin hacer nada útil. Sin tener formación profesional. Con un inglés deplorable, por “atarzanado”, lo que la obligará a caminar por los corredores de las Naciones Unidas (si es que alguna vez lo hace) acompañada por un traductor, porque de otro modo ni siquiera podría saber hacia dónde va. Con experiencia igual a cero. Con poco roce con el mundo real. María Gabriela sustituirá entonces a otro curioso privilegiado que hasta hace poco gozara de idéntica “recompensa”: el exguerrillero José Escalona, quien ya disfrutó del regalo y -con más años y sin absolutamente nada notable que agregar a su propio historial- ha sido ahora llamado de regreso a casa.

María Gabriela recibirá dólares para vivir a cuerpo de rey en Nueva York. Mientras tanto, en Venezuela, los que gozando del favor del gobierno acceden a los dólares oficiales los pagan a 6,30 bolívares cada uno. Los demás, en el mercado negro claro está, deben pagar 82,906 bolívares por dólar. Apenas unas trece veces más. Ocurre que en los regímenes bolivarianos algunos son más “iguales” que otros. O, dicho de otro modo, algunos tienen privilegios. Y los demás no.

El tema parece, quizás, liviano. No lo es. Venezuela ingresará el año que viene al Consejo de Seguridad por dos años. Los desaciertos y hasta disparates que podría prohijar la hija de Chávez nos avergonzarán a todos. Ése es el pronóstico.

GUSTAVO CHOPITEA

Analista del Grupo Agenda

Internacional

GUSTAVO CHOPITEA


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