Vidal en la mira
En nuestro país y en otros con sistemas políticos parecidos, como Estados Unidos, es normal que los legisladores se comporten como si estuvieran en un bazar persa, votando a favor de medidas determinadas a cambio de fondos para sus propios distritos o, en algunos casos, de beneficios personales. Según dirigentes de Cambiemos, los progresistas de GEN y los massistas del Frente Renovador, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner ordenó a sus partidarios no dar quórum en la Legislatura bonaerense, impidiendo así la aprobación del presupuesto provincial, porque quiere hundir a la gobernadora María Eugenia Vidal y presionar al presidente Mauricio Macri para que le dé la impunidad que tanto necesita. Aunque el líder del bloque kirchnerista, el camporista José Ottavis, jura que nunca habló con su jefa acerca del presupuesto bonaerense, pocos le creen. Puesto que los kirchneristas más fervorosos no han procurado disimular su voluntad de liderar “la resistencia” al gobierno del “derechista” Macri con el propósito de voltearlo cuanto antes, el que se hayan propuesto privar a la gobernadora de los instrumentos administrativos que precisa para su gestión no puede considerarse una sorpresa. Además del temor a que pronto le toque protagonizar una serie de enfrentamientos con la Justicia hasta que se hayan aclarado todas las dudas acerca del crecimiento, y las dimensiones reales, de su patrimonio, Cristina tiene buenos motivos para querer asegurar que la gestión de la gobernadora Vidal sea un fracaso rotundo. No sólo le molestará que la gobernadora haya amenazado con reemplazarla como la mujer más poderosa del país, sino que también es consciente de que fue en buena medida gracias a ella que Macri logró superar a Daniel Scioli en el balotaje, ya que la mayoría de los bonaerenses la prefirió al polémico oficialista Aníbal Fernández, de tal modo modificando la balanza de poder electoral en una provincia clave. Para más señas, la expresidenta ya se había acostumbrado a tratar a los bonaerenses como rehenes; en el transcurso de la “década ganada”, a menudo aprovechó el manejo de “la caja” nacional para debilitar al gobernador Scioli. Tales maniobras le resultaron contraproducentes al atribuir muchos bonaerenses las deficiencias de la gestión de Scioli a la mezquindad de una presidenta resuelta a humillarlo. Puede que Vidal también se vea beneficiada por la hostilidad de Cristina y por la imagen pésima de personajes de La Cámpora como Ottavis, pero son tantos los problemas que sufre la provincia de Buenos Aires que le espera una tarea que será sumamente ardua. En las fases finales de la campaña electoral, tanto los kirchneristas como otros peronistas procuraron hacer pensar que Vidal era una joven ingenua, “Heidi”, que no estaría en condiciones de sobrevivir por mucho tiempo en la jungla política bonaerense. En su opinión, la “gobernabilidad” dependería de la presencia de un rudo caudillo peronista dispuesto a hacer todo cuanto resulte necesario para mantener cierto orden y conseguir los recursos financieros imprescindibles para mantener tranquilos a los docentes, policías y otros estatales, además de los “luchadores sociales” y los “barones” del conurbano. Los comprometidos con el clientelismo tradicional, que según sus partidarios es el único sistema capaz de funcionar en distritos en que abundan los pobres e indigentes, ya se han anotado algunos éxitos. La fuga de tres asesinos de una cárcel de máxima seguridad, acompañada por la negativa del bloque kirchnerista a permitir que la Legislatura aprobara el presupuesto provincial en un trámite que pareció garantizado, obligaron a la gobernadora declarar varias emergencias, de tal manera brindando a sus adversarios más pretextos para atacarla. Como siempre insinúan aquellos que se afirman preocupados por “la gobernabilidad”, a menos que un mandatario pacte con los poderes fácticos, es decir con sectores que a través de los años se han dedicado a frenar el desarrollo político y económico del país, no tardará en verse frente a una provincia convulsionada. Es de prever, pues, que en las semanas próximas Vidal tenga que enfrentar muchas dificultades más, algunas imprevistas y otras, por decirlo de cierto modo, estructurales, que los kirchneristas tratarán de aprovechar para que todo vuelva a lo que, para ellos, es la normalidad.
En nuestro país y en otros con sistemas políticos parecidos, como Estados Unidos, es normal que los legisladores se comporten como si estuvieran en un bazar persa, votando a favor de medidas determinadas a cambio de fondos para sus propios distritos o, en algunos casos, de beneficios personales. Según dirigentes de Cambiemos, los progresistas de GEN y los massistas del Frente Renovador, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner ordenó a sus partidarios no dar quórum en la Legislatura bonaerense, impidiendo así la aprobación del presupuesto provincial, porque quiere hundir a la gobernadora María Eugenia Vidal y presionar al presidente Mauricio Macri para que le dé la impunidad que tanto necesita. Aunque el líder del bloque kirchnerista, el camporista José Ottavis, jura que nunca habló con su jefa acerca del presupuesto bonaerense, pocos le creen. Puesto que los kirchneristas más fervorosos no han procurado disimular su voluntad de liderar “la resistencia” al gobierno del “derechista” Macri con el propósito de voltearlo cuanto antes, el que se hayan propuesto privar a la gobernadora de los instrumentos administrativos que precisa para su gestión no puede considerarse una sorpresa. Además del temor a que pronto le toque protagonizar una serie de enfrentamientos con la Justicia hasta que se hayan aclarado todas las dudas acerca del crecimiento, y las dimensiones reales, de su patrimonio, Cristina tiene buenos motivos para querer asegurar que la gestión de la gobernadora Vidal sea un fracaso rotundo. No sólo le molestará que la gobernadora haya amenazado con reemplazarla como la mujer más poderosa del país, sino que también es consciente de que fue en buena medida gracias a ella que Macri logró superar a Daniel Scioli en el balotaje, ya que la mayoría de los bonaerenses la prefirió al polémico oficialista Aníbal Fernández, de tal modo modificando la balanza de poder electoral en una provincia clave. Para más señas, la expresidenta ya se había acostumbrado a tratar a los bonaerenses como rehenes; en el transcurso de la “década ganada”, a menudo aprovechó el manejo de “la caja” nacional para debilitar al gobernador Scioli. Tales maniobras le resultaron contraproducentes al atribuir muchos bonaerenses las deficiencias de la gestión de Scioli a la mezquindad de una presidenta resuelta a humillarlo. Puede que Vidal también se vea beneficiada por la hostilidad de Cristina y por la imagen pésima de personajes de La Cámpora como Ottavis, pero son tantos los problemas que sufre la provincia de Buenos Aires que le espera una tarea que será sumamente ardua. En las fases finales de la campaña electoral, tanto los kirchneristas como otros peronistas procuraron hacer pensar que Vidal era una joven ingenua, “Heidi”, que no estaría en condiciones de sobrevivir por mucho tiempo en la jungla política bonaerense. En su opinión, la “gobernabilidad” dependería de la presencia de un rudo caudillo peronista dispuesto a hacer todo cuanto resulte necesario para mantener cierto orden y conseguir los recursos financieros imprescindibles para mantener tranquilos a los docentes, policías y otros estatales, además de los “luchadores sociales” y los “barones” del conurbano. Los comprometidos con el clientelismo tradicional, que según sus partidarios es el único sistema capaz de funcionar en distritos en que abundan los pobres e indigentes, ya se han anotado algunos éxitos. La fuga de tres asesinos de una cárcel de máxima seguridad, acompañada por la negativa del bloque kirchnerista a permitir que la Legislatura aprobara el presupuesto provincial en un trámite que pareció garantizado, obligaron a la gobernadora declarar varias emergencias, de tal manera brindando a sus adversarios más pretextos para atacarla. Como siempre insinúan aquellos que se afirman preocupados por “la gobernabilidad”, a menos que un mandatario pacte con los poderes fácticos, es decir con sectores que a través de los años se han dedicado a frenar el desarrollo político y económico del país, no tardará en verse frente a una provincia convulsionada. Es de prever, pues, que en las semanas próximas Vidal tenga que enfrentar muchas dificultades más, algunas imprevistas y otras, por decirlo de cierto modo, estructurales, que los kirchneristas tratarán de aprovechar para que todo vuelva a lo que, para ellos, es la normalidad.
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