Vivir en la incertidumbre




Gladys Seppi Fernández *


Quién podría borrar de su mente, de sus emociones, es decir de su corazón, las impresiones de todo tipo y naturaleza que va marcando en cada uno este tiempo de encierro e incertidumbre del presente y del futuro?

¿Tiempo de hastío?, ¿sin sentido?, ¿aburrimiento?, ¿desazón?, ¿tristeza?, ¿depresión? Sí, de todo, y mucha angustia que justificamos porque la cuarentena es inesperada, diferente, universal, amenazante, peligrosa.

Sí, esta encerrona dejará, por siempre, sus efectos en nosotros.

Pero también atemoriza la incertidumbre de lo que vendrá. ¿Qué pasará en el después de estos días de encierro? ¿Qué está esperando en esa orilla que hay atrás de los días siempre postergados en que nos enfrentaremos con una realidad saqueada por una guerra extraña y desigual? Los humanos, antes engreídos de nuestra superioridad y poder, ahora, ante un enemigo invisible que no perdona a nadie, sienten su impotencia, porque el coronavirus es realmente poderoso y tan escurridizo que resulta traicionero y terriblemente peligroso.

Sucede que no se debe, solamente, esquivar a ese peculiar enemigo que sabe cómo meterse en el cuerpo y enfermarlo o matarlo (lo que es mucho y casi imposible), sino enfrentar lo que vendrá, si es que subsistimos, y acomodarnos a una realidad cambiada, nueva, impredecible.

Nada será como era antes de marzo, tendremos que adaptarnos a grandes cambios en todos los órdenes. Por eso aumenta en muchos el sentimiento de desolación al no saber qué nos espera en el después. Incertidumbre. Sorpresas.

Sin embargo, para algunos, y dependiendo de su capacidad de enfrentar la realidad con una disposición positiva, estar en cuarentena les ha proporcionado una oportunidad, les ha abierto las puertas a inexplorados y positivos cambios, es decir a nuevos enfoques en su vida. Entre sus descubrimientos valiosos está el descubrimiento de sus propias fuerzas interiores, por ejemplo.

Sucede que en muchos ha comenzado a operar la resiliencia. Últimamente se usa mucho esta palabra que se define como la capacidad de resistir y salir fortificados con una experiencia que pudiendo ser traumática se transforma en positiva. Apelar a la resiliencia y atender sus efectos robustece el ánimo, da confianza, genera una notable autoestima.

Este es un buen momento para apelar a ella, nos sorprende no solo estar pudiendo, sino sentir una renacida vitalidad en nosotros, como si se nos hubieran aumentado las potencias vitales, como si al ponernos a prueba hubiera crecido la capacidad de empoderamiento. Seguimos vivos y la vida nos ofrece nuevas oportunidades, de otro tipo, de crecimiento espiritual, sobre todo. Y eso… ¡da tanta felicidad!

Nos empoderamos, he aquí otro término que se ha soltado a andar en este tiempo de experiencias nuevas e increíbles, a cuyos desafíos enfrentamos con la propia resiliencia. Empoderarnos es un término muy positivo, porque se relaciona con poder y lo que nos transmite es que cada uno es poderoso, cuando se descubre y se predispone a actuar. Cuando elige actuar. Basta volver la mirada hacia el centro de nosotros mismos y poner a andar potencias desconocidas.

La cuarentena, resultado del ataque de una pandemia que parece imparable, nos urge a llenarnos de fe en que podremos contra ella, de que de nada valen los lamentos por las pérdidas que son cuantiosas para el país y cada habitante, de que nada vale llorar ante la leche derramada que no hay manera de volver a juntar, sino tener fe en el poder personal para refundarse, volver a empezar, encaminar los esfuerzos en nuevas e inexploradas direcciones que el futuro nos traerá.

A muchos esa posibilidad insufla fuerzas. Fuerzas nacidas de su humano ser para la vida.

La fe en que uno puede, la seguridad de que de poco valen las ayudas que puedan llegarnos desde afuera como las que pueda brindar el Estado, por ejemplo, nos apoya en nuestros propios personales talentos renacidos o recién descubiertos, nuestras capacidades, nuestro individual ingenio.

La fe en nosotros mismos es lo que puede rebrotarnos para enfrentar y transitar exitosamente la pandemia y sus lamentables pérdidas y la incertidumbre de lo que vendrá.

Seguramente, como ha sucedido en tantos países diezmados y aniquilados por desgracias de todo color, no solo nos levantaremos cada uno, sino que contribuiremos a levantar el país.

Pensémoslo, démosle lugar a la idea. Es una manera de contraponer al sentimiento amenazante en que nos sumerge la desgraciada pandemia y su correlato: la cuarentena de nunca acabar.

* Educadora y escritora


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