«Vuelvo al sur para llenarme de cielo»

El cantautor Lisandro Aristimuño llega al Valle con un trío acústico para mostrar las canciones de sus dos elogiados discos.

Redacción

Por Redacción

por: EDUARDO ROUILLET

«Ese asunto de la ventana», segundo compacto de Lisandro Aristimuño, es uno de los mejores del 2005. Algo similar ocurrió a fines del 2004 con «Azules turquesas», cuando los críticos de la revista «Rolling Stone» lo consideraron Revelación e integró el selecto grupo de los discos nacionales sobresalientes; lo mismo hizo poco después «Los Inrockuptibles».

Fue finalista de los Gardel 2004, actuó con Kevin Johansen en el Centro Cultural San Martín, con la banda Me Darás Mil Hijos, Juana Molina y Pequeña Orquesta Reincidentes. Se ha presentado en La Trastienda y La Vaca Profana en el Abasto.

Ahora vuelve al Alto Valle y estará mañana, a las 22.30, en La Curtiembre, Juan B. Justo 680 de Neuquén y el viernes en Hall de Casa de la Cultura después de la La música llegó a él como la vida misma. «Yo nací con ella, en mi casa (de Viedma) era muy común, algo natural. Y a medida que fui creciendo, fue como aprender a hablar, a comer. En casa el lenguaje era la música, incluso con toda la familia nos sentábamos a escuchar discos, a comentarlos o criticarlos. No sé si tuve un día en que decidí hacerla, simplemente desde el comienzo tuve esa influencia a partir del hogar».

– ¿Cómo fue cuando decidiste tocar ante otra gente?

– A los 14 años, 15, empecé a tocar frente a los demás, aunque lo hice con canciones de otro. En el 2000 arranqué con mis temas. Te estoy hablando de antes del '98. Empecé interpretando a tomar conciencia de lo que la música hacía en las personas. Y luego, al componer, creí en eso como mi lenguaje más interior. Yo me expreso mucho a través de la música. Incluso cosas que no puedo decir personal ni físicamente, la canción me permite transmitirlas. Haciendo lo mío, soy como el padre de la canción y sé bien qué quiero manifestar. Antes yo cantaba muchas obras del rock nacional y tenía una edad bastante adolescente… A medida que fui madurando, me di cuenta de que con mis composiciones me sentía mucho mejor que haciendo las de otro. Incluso, algunas nos las interpretaba del todo bien. No me considero un intérprete, sino más bien un cantautor.

– Ese mundo interior expresado en canciones, ¿te ayuda a entenderte, a cambiar, a objetivar las situaciones que exponés en ellas?

– Muchísimo. Cuando hice el segundo disco, me había agarrado una especie de fobia a la ciudad (de Buenos Aires) y utilicé la música como terapia. Durante cinco, seis meses, trabajando en el disco, la tomé para descargar cuestiones que tenía dentro. Algunas canciones me han ayudado a entenderme también; cobran vida una vez que las grabo y cuando las escucho, me sorprendo de lo que me estoy diciendo. Eso no me ocurre al escribirlas. En el primer compact también, porque había llegado del sur y tenía una nostalgia increíble, extrañaba muchísimo. Temas de «Azules turquesas» me sirvieron para poder estar en mi tierra, sin hacerlo físicamente.

– ¿Cómo se vive entre la fobia a la gran ciudad y la nostalgia?

– El segundo disco, «Ese asunto de la ventana», me ayudó para bancarme un poco más estar acá… Ahora le voy encontrando la vuelta a Buenos Aires; creo que tiene un parte hermosa también. Lo que hice con el sur, con la nostalgia y extrañarlo, fue ir -si puedo- cada tres meses para llenarme de aire y de cielo. Extraño mucho la naturaleza, más que a las personas, quizá.

– ¿Qué ocurre cuando la lectura pasa a ser de otro en el público, del oyente?

– En mis presentaciones retorna un mensaje muy fuerte, increíble. La relación emisor- mensaje- receptor se está dando al ciento por ciento. La gente guarda mucho silencio, cuando canto hay mucho respeto y una devolución hermosa. En vivo, a lo que más apunto es a comunicarme, a que la música sea comunicación pura, no producto de un egocéntrico en el escenario… Es un círculo y si no se cierra, me siento mal. Me ha pasado en un par de shows que no pude comunicar…

– ¿Cómo lo resolviste?

– No pude… Terminé de cantar y me quedé con la vena de no haber logrado la comunicación con el público. Igual, me pongo como muy exigente a medida que voy tocando y por ahí una mesa que habla, me saca de lugar. Entiendo que si vas a una recital, tenés que escuchar, de lo contrario parate y andate, por respeto hasta a vos mismo y a los demás.

El sábado 3 debía tocar en el escenario levantado junto a la fuente de la escultora tucumana Lola Mora, en Costanera Sur, pero el mal tiempo se lo impidió. Lisandro no se tomó ese tiempo libre o para descansar, volvió a su departamento de Palermo Viejo donde vive desde diciembre del 2001, a ensayar, a enchufarse de nuevo en la música… «Es que para mí no es un esfuerzo, no me cansa. Volvimos para armar los repertorios de las presentaciones en Neuquén y Roca, con el formato que voy a utilizar. Aprovechamos porque era sábado y nadie trabaja en sus otras cosas. Por esa razón, exprimimos los fines semana al máximo, sin complicaciones de horarios. Mis músicos tienen otras actividades…».

– ¿Y vos?

– Vivo de esto. Para ensayar debo amoldarme a sus horarios.

A Roca y Neuquén, Aristimuño llevará un trío acústico con secuencias, un acústico electrónico, junto a Carli Aristide en guitarra y su hermana Rocío en percusión, coros y baile. «Me propuse armar estos conciertos porque me costaba mucho ir a tocar al sur; los lugares, lamentablemente, no abren mucho las puertas y se hace difícil… Yo quería presentarme con la banda grande pero es muy caro trasladar a todos. Como no había modo, me exigí cambiar el formato, el trío lo armé para hacerlo factible. Mandé mails pidiendo fecha a todos los teatros independientes de Patagonia, mi viejo es director de teatro y me pasó los datos de sus dueños. Salieron estas dos y me muero por ir a mostrar mis canciones».


por: EDUARDO ROUILLET

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