«Yo no soy músico… escribo para mí»
Es un hombre del campo, de los márgenes de la ciudad, del lunfardo y las cosas simples. A pesar de su bajo perfil y de su caprichosa manera de conducirse con los medios, su figura es realmente popular. José Larralde ha vendido millones de discos y no deja de recorrer el país. Hoy inicia en Cipolletti una larga gira por el sur. Antes desembarcar conversó con "Río Negro", sobre todo -aclara- porque le gusta esta región. Si no, ni una palabra.
Ha vendido más de doce millones de discos y sólo «Herencia para un hijo gaucho» sobrepasó los cinco millones de placas. Guitarrero y cantor surero, desarrolló su labor artística lejos de los festivales y casi sin apoyo promocional, fuera del consumismo, por propia decisión.
«Eso no lo he hecho por inteligente. Quizás mi carácter medio retraído, medio chúcaro, me ha mantenido alejado de esas cosas. Mucha gente me pregunta por qué siendo nacido y criado en el interior, por no decir en el campo, vivo en Buenos Aires. El hombre, por lo general, hace su propio mundo. Ahora vivo en un departamento chiquitito, para poder entrar dejo la sombra afuera. Claro, la calle es un despelote. Justo estoy sobre una avenida, arriba del semáforo; los autos paran ahí y arrancan a los piques. Se supone que no podría vivir allí, pero hago mi vida y no existe nada más. Vivo solo, a veces miro la noticia, agarro la viola, escribo, leo, me levanto a las dos de la mañana, tomo mate, me vuelvo a acostar. No tengo horarios mientras no laburo, por supuesto», dice Larralde en una entrevista con «Río Negro».
«Cuando quiero ruido, bajo a la esquina, miro por la ventana, charlo con el diariero; pero entro en mi mundo y todo eso se aleja. Pero, no es resultado de mi inteligencia, simplemente es un estado de ánimo. De acuerdo con el talante que esté hago sociabilidad o no, voy a una radio o no lo hago, a algún canal, o doy una nota como ahora. Por lo general, digo que no. Como es para Río Negro, de una región que quiero mucho, Patagonia, contesté afirmativamente», aclara.
«Zafar del oleaje continuo es simple, hay que hacer lo que se siente. Nunca podría ponerme a la moda porque los años me superan, ni ser esnobista cuando mi físico me marca otra cosa. Con el tiempo va definiéndose un criterio que no condice con la velocidad en que ocurre todo. Posiblemente esa madurez hace que me vaya quedando un poco y empiece a mirar de afuera. Pero, no lo hago por pícaro ni inteligente, repito, sino por mi carácter. Será porque me he criao solo en el campo, laburando en soledad en los tractores. Eso me ha ayudao mucho a esquivar este tipo de cuestiones. Mirando el ambiente de salida nomás, enseguida supe cómo hay que actuar. Yo miro televisión para ver qué no tengo que hacer, no para copiar. Y no voy porque nada de lo que me proponen, me gusta. No digo que esté mal, no me agrada», concluye.
– ¿Cómo se aísla para componer en un lenguaje que de urbano no tienen nada?
– Cada hombre es un mundo. Soy bien lunfardista; primero, tanguero al mango desde antes de conocer la música hoy llamada folclórica, allá po principios de los '40. Yo era chico, pero recuerdo que en casa se cantaba tango todo el día, mi viejo tenía discos. En folclore estaban Los Trovadores de Cuyo, La Tropilla de Huachi Pampa, por ahí venía la orquesta de (Andrés) Chazarreta.
– Margarita Palacios…
– Sí, Selva Gigena, luego (Antonio) Tormo, Atahualpa (Yupanqui), que tuvieron el gran valor de evitar que se cortara el eslabón que nos permite existir hoy. En las radios había tango y -nací en 1937- desde chico era lo único que escuchaba. Después comenzaron las divisiones con el jazz, el bolero y así andamos fijándonos qué le gusta a la juventud. Yo no me hago demasiado problema por mi léxico ni por mi música. Trato de decir lo que siento con lenguaje rural por decirlo así porque me crié en él, o con la lunfardía. Hace cuarenta y pico de años que estoy acá. Pasa que aquello no se aprende, nací con esa cultura. Acá, aprendí al cambiar de paisaje. No olvidemos que el lunfa que uso es de los principios del tango por Avellaneda, Barracas, los bajos fondos, La Boca; era un poco gauchesco, había payadores que se hicieron tangueros. Empezó con guitarra y flauta, después se incorporó el violín, el piano y luego el bandoneón. (Carlos) Gardel (Ignacio) Corsini, (Agustín) Magaldi comenzaron cantando folclore. Así nació, después se dividió el asunto: el tango de la Capital, el folclore sureño por otro lado… esas separaciones provinciales, geográficas, no existen porqu en Salta, cuando había un casorio allá por el '40, tocaban pasodoble, tango, ranchera y polca. En Patagonia, igual. Con cuartetos armados con dos bandoneones, una viola, un cantor. Con bronca, me pregunto, por qué siempre dividimos.
En 1967 Larralde grabó su primer disco en Argentina, pero su trova llegó a Uruguay, Chile, Paraguay, Brasil, Colombia, Venezuela, México, Alemania, España, Australia. Soldador, ajustador-montajista textil en Lanús, peón arador, barba blanca, mirada áspera, José nació en Huanguelén, a 200 kilómetros de Bahía Blanca. A los dieciocho años integró el Dúo Caminito con Bocha Palacios y recorrió el sur ganándose el puchero como pintor. Poco antes de los treinta, recaló en BA en la Tapera de Bernal cuya fachada derruida se sostiene frente la estación Constitución.
«¿Por qué no volvemos a los orígenes, otra vez? Soy hijo de vasco y árabe, mi papá tenía más raíz que yo. Vino a los catorce años, escapando de la guerra del 14 al 18; empezó trabajando de boyero en Avellaneda. Sus huesos están acá e hizo más que yo por el país, en época mucho más difícil, cuando no se cortaban puentes y había hambre, también. Pero si no tenían laburo, lo inventaban. No molestaban la vida ajena para pedir plata o una pala. No me la agarro con nadie, pero muestra cómo se va desculturizando un pueblo. La cultura del trabajo cede ante la de la viveza. Todo esto es un bumerán inventado por los políticos. Para reclamar derechos, hay que cumplir con las obligaciones», dice.
Larralde tiene tantos matrimonios como hijos: «el mayor (40) Carlos Romualdo -como Gardel- es técnico en computación y labura para el Estado, es profesor, repara máquinas y gana cuatrocientos pesos al mes; Julián -por el poeta Julián Centeya- es músico, director de orquesta sinfónica, concertista de piano, dirige coros, cuando precisa un mango se va a Francia, Alemania, y trae unos euros para tirar el resto del año, tampoco llega a fin de mes; y Lautaro Huanguelén, el menor de nueve años. Con mis hijos no hablo mucho, me conocen. Es lindo que ellos me tomen como referente, no para hacer lo mismo sino por la conducta. Les he dicho un par de cosas: no olviden que de la puerta de casa para afuera también vive gente; que el plato de comida que rezongan, tiene un valor muy importante para gran parte de la humanidad; les he dicho, cuando van a hacer algo que los pone en duda, que se pregunten si el viejo haría eso. Me han contado que lo recuerdan y lo ponen en práctica. Pero, diálogo como el que tengo con usted ahora, no, muy poco. Viven en su casa, los mayores son independientes, cada uno con su locura. Hablamos lo justo, lo necesario. Somos tres hermanos grandes con la debida línea imaginaria que marca la diferencia de padre a hijo. En todo somos amigos y no preciso decirles nada porque son grandes. Los miro nomás y ya saben que algo pasa», explica.
– ¿Cómo definiría su relación con la música?
– ¿Con qué música? (Risas) Yo no soy músico… escribo para mí y si a los demás le gusta, macanudo. Descargo en un poema toda la porquería y todo lo lindo que tengo dentro; y como todos tienen cosas hermosas y podridas en el alma, hay quien compra el disco, me escucha y le agrada porque se ve reflejado.
Los días de la gira
José Larralde comienza hoy su gira por la región en el Centro Cultural de Cipolletti. Su periplo continúa el 22 en la Asociación Española de Roca; el 23 en el Círculo Italiano de Villa Regina estará; el domingo 24, en el Cine Español de Neuquén; el 26 en Zapala; dos días después en San Martín de los Andes; el 29 en Bariloche; el 30 en El Bolsón y el domingo 8 de mayo en el Centro Cultural de Viedma.
José Larralde comienza hoy su gira por la región en el Centro Cultural de Cipolletti. Su periplo continúa el 22 en la Asociación Española de Roca; el 23 en el Círculo Italiano de Villa Regina estará; el domingo 24, en el Cine Español de Neuquén; el 26 en Zapala; dos días después en San Martín de los Andes; el 29 en Bariloche; el 30 en El Bolsón y el domingo 8 de mayo en el Centro Cultural de Viedma.
Eduardo Roulliet
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