El Ecuador que hereda Lenín Moreno

24 may 2017 - 00:00
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Lenín Moreno asumirá hoy la presidencia de Ecuador, con el desafío de impulsar una golpeada economía y de enfrentar a una oposición fortalecida para mantener la impronta socialista que su antecesor Rafael Correa imprimió en el país desde 2007.

“Hay una resaca económica”, expresó a la AFP Farith Simon, catedrático de la privada universidad San Francisco de Quito, añadiendo que el desembolso estatal en época preelectoral “ha generado un sobreendeudamiento y afectado seriamente las finanzas públicas”.

La deuda externa subió de unos 10.000 millones a 25.680 millones de dólares (26,3% del PIB) en la gestión de Correa (2007-2017), mientras que el boom petrolero nacional acabó al desplomarse la cotización de 98 dólares el barril en 2012 a 35 dólares en 2016, de acuerdo con el Banco Central.

Para Moreno “va a ser muy difícil que pueda mantener” los niveles de inversión social que han destacado al gobierno de Correa, dijo a la AFP el politólogo Simón Pachano, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Quito.

A pocos días de dejar la presidencia, Correa se vanagloria de que la dolarizada economía se recupera tras encarar la “tormenta perfecta” con la brusca caída de exportaciones y la apreciación del dólar que encareció las importaciones.

El país, que a pesar de la crisis mundial vio crecer el PIB hasta en 7,9% en 2011, entró en recesión golpeado también por pérdidas por 3.344 millones de dólares a causa de un terremoto en abril de 2016, año en que la economía se contrajo en 1,5%.

“Hemos superado la recesión en tiempo récord, sin paquetazos (medidas fiscales) y sin incremento de pobreza ni desigualdad”, dijo el mandatario saliente, elegido en tres ocasiones.

Sin embargo, el analista Pablo Ospina estima que el país todavía está “sumido en una crisis, en una recesión, en un bache”. “El económico es uno de lo temas principales, el más complicado y el que más incertidumbre genera” para el gobierno de Moreno, quien prometió incrementar los subsidios a los pobres.

Pero los analistas auguran para Moreno, que en el balotaje de abril sacó 2,3 puntos porcentuales más que el derechista Guillermo Lasso, un escenario menos favorable que el planteado por el oficialismo.

El “panorama es: turbulencias económicas más cierto debilitamiento político y ciertas fisuras internas” en Alianza País (AP), el movimiento en el gobierno y cuyo líder emblemático es Correa pese a dejar el poder, manifestó Ospina, catedrático de la universidad andina Simón Bolívar en Ecuador.

El correísmo, con mayoría en el unicameral Congreso 2017-2021, perdió los dos tercios que consiguió en 2013 y con los que reformó la Constitución hace cuatro años, implantando la reelección indefinida.

Esa mayoría se perfila como frágil. Una veintena de sus 74 parlamentarios son de grupos afines a AP, en tanto la oposición de derecha sumó asientos entre los 137 escaños del Legislativo: la alianza Creo-Suma, que apoya a Lasso, pasó de 10 a 34 diputados y el Partido Social Cristiano de 7 a 15.

Para Ospina después de la década de desequilibrio institucional, en la que Ecuador tuvo siete mandatarios (tres de ellos derrocados) hasta cuando asumió Correa, el período de estabilidad política y de hegemonía del partido oficialista “está por lo menos en entredicho” porque “hay una diferencia en el Congreso muy pequeña, depende de aliados y no tiene mayoría calificada”.

Con un talante distinto al del explosivo Correa, el nuevo presidente está abierto a dialogar con todos los sectores, dejando a un lado la “fuerte dosis de autoritarismo” que caracterizó al gobernante saliente, estimó Pachano, y sostener el papel redistributivo del Estado.

Ya lo hizo con representantes de la banca privada, a la que Correa arrinconó con medidas que recortaron sus ganancias y limitaron su influencia al prohibir banqueros que tengan capitales en la prensa, un sector con el cual el mandatario saliente también confrontó ásperamente.

La reunión del pasado jueves con banqueros “se enmarca en la política del futuro mandatario de promover un diálogo social constructivo y un ambiente económico favorable para el desarrollo del Ecuador”, señaló el equipo de prensa de Moreno.

“Hay una disposición a ser menos confrontador, a tener una actitud menos fuerte frente a la oposición y frente a los medios como presidente”, opinó Farith Simon.

Moreno “no va a cambiar la orientación (política) pero sí el estilo de gobierno”, dijo Ospina. Por ahora “la falta de definiciones de políticas es algo que al final significa que solamente lo sabremos cuando empiece actuar”.

(AFP)

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