La razón es irracional

07 oct 2017 - 00:00
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En la encantadora comedia musical de Woody Allen “Todos dicen te quiero” se pone en escena una lucha frontal entre las ideas conservadoras y las progresistas en el marco de la alta clase media neoyorquina. El hijo menor de la familia, que se hizo partidario de la facción más derechista de los republicanos, es diagnosticado con un tumor cerebral benigno. Apenas es operado vuelve a pensar “correctamente” (es decir, que deja de ser conservador).

También hay palos irónicos para los progres: la mujer del protagonista es una abogada muy liberal que lleva a su casa a un tipo violento al que logró hacer zafar de la cárcel. Éste, apenas llega al hogar de la abogada, secuestra a su hija para violarla. Woody Allen muestra que, vistas desde otro lado, todas las ideologías pueden verse falladas, ya sean conservadoras o progresistas.

Se llama sesgo de confirmación al vivir encerrado en una burbuja discursiva que confirma nuestras creencias previas. Es algo que hace la inmensa mayoría. La elección de los medios que se ve, se escucha o se lee (o la gente que se frecuenta) se decide según se tenga tal o cual ideología política o tal creencia sociocultural.

El neurocientífico Antonio Damasio mostró que el razonamiento también depende de reacciones emocionales. Cuando las áreas emocionales del cerebro están dañadas, las personas no se hacen más racionales, por el contrario, pierden la capacidad de evaluar proposiciones intuitivamente.

Este descubrimiento confirma la intuición que ya en el siglo XVIII había tenido Hume: “La razón es esclava de las emociones”.

Los países americanos (de Estados Unidos a la Argentina) vivieron en estado de guerra civil luego de su independencia. Recién cuando lograron construir un Estado (tras la muerte de Lincoln en EE. UU., con la federalización de Buenos Aires en la Argentina) se creó un ámbito en el que las diferencias políticas, raciales e ideológicas pudieran resolverse sin violencia. Ese antiguo pacto (que perduró más de un siglo) comenzó a resquebrajarse en el siglo XXI. Hoy las democracias están divididas y enfrentadas, y generan algo muy parecido a lo que en nuestro país se llama “la grieta”.

A diferencia de otros enfrentamientos políticos y socioculturales del último siglo, “la grieta” presupone un profundo odio por el otro, basado en el desprecio o asco hacia él: el otro no es el que piensa distinto, sino que es visto como un monstruo subhumano del que deberíamos deshacernos, sin contemplaciones. El psicólogo John Gottman ha descubierto que cuando alguien en una pareja hace un gesto de asco o desprecio hacia el otro ya no hay otra solución que el divorcio. El odio puede superarse racionalmente, pero el asco marca un límite que está más allá de toda argumentación racional.

¿Es posible superar “la grieta”, dado que se basa en el asco y el desprecio por el otro? Es extremadamente difícil, pero no imposible.

Es difícil porque la democracia actual se basa en lo que Alan Abramowicz llama “partidismo negativo”: no se ganan las elecciones porque se es mejor, sino porque se destruye mejor al otro partido.

Los candidatos ganadores del siglo XXI son los que mejor demuelen a sus adversarios, no los que tienen propuestas más innovadoras. El lema actual es: “Si no me votan a mí, gana el otro” (la actual campaña argentina está basada en esto, pero sucede lo mismo en todo Occidente).

También los medios masivos ganan público si alientan uno de los lados de “la grieta”.

En Estados Unidos, tras cada crítica de Donald Trump, “The New York Times” gana suscriptores, y viceversa. Y lo mismo pasa en todas partes.

Entonces, con medios masivos, partidos y gobiernos alentando “la grieta”, ¿es posible superarla y salir de este clima de asco hacia el otro?

De nuevo: es terriblemente difícil porque además ya no está en escena “la generación de la solidaridad y la convivencia”, la que se formó durante de la Segunda Guerra Mundial.

¿Cómo hacerle creer a un kirchnerista que Macri no quiere matar a los niños pobres? ¿Cómo hacerle creer a un antikirchnerista que Cristina no es la encarnación del mal?

Como “la grieta” es irracional y emocional, no se puede superar con argumentos, por lúcidos que fueran, sino generando empatía. Pero sólo se podría empezar a generar esa empatía si se pudiera lograr que los de cada lado de “la grieta” conocieran a los del otro lado, sin mediaciones estatales (ya que el Estado está comprometido en profundizarla) ni de los medios que ganan con ella.

¿Estamos preparados para esto? ¿Qué personas (o instituciones) hoy podrían dar el primer paso? No lo sabemos. Pero de ellos dependerá que podamos vivir en paz una vida más creativa.

¿Es posible superar “la grieta”, basada en el asco y el desprecio por el otro? Es muy difícil, pero no imposible. Como es emocional, no se supera con argumentos, sino generando empatía.

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