Otra vez la central nuclear

27 ene 2018 - 00:00
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Un tema de discusión recurrente en la ciencia política es por qué la gente vota lo que vota. En la actualidad se vota por lo que se ha dado en llamar “el metro cuadrado”. Esto es, siempre se votó por los intereses propios que se veían interpretados por el programa, el partido o por el líder, pero resulta que el avance del individualismo ha hecho también que se restrinja el campo de los intereses a los de índole personal, los inmediatos y coyunturales.

Hablando de intereses, hoy vuelve el debate por la instalación de una central nuclear en Río Negro, no importa en qué localidad. Quienes se oponen lo hacen por una concepción de protección del Ambiente y de las vidas de las generaciones futuras, en un marco de recomposición social de solidaridades. Quienes quieren su instalación lo hacen por una concepción economicista con visión de corto plazo. El eje: 8.000 millones de dólares de inversión China que dará empleo (según ellos) a miles de trabajadores argentinos, claro.

Aclaremos esto de una buena vez. El uso de la energía atómica para la generación de energía eléctrica está en regresión en todo el mundo desarrollado. Tienen planes de desactivación de centrales casi todos los países europeos. La central china no está probada ni en territorio chino, por lo que no se pueden mensurar los riesgos, pero tampoco se puede afirmar sueltos de cuerpo que “dará trabajo a miles” ya que no ha operado nunca y la tendencia es reemplazar hombres por robots, en ésta y en todas las industrias, y los técnicos con seguridad serán chinos.

En los últimos años se ha dado un fenómeno inédito en la política vernácula. Por primera vez se forma una coalición de derecha, concurre a las urnas y ¡gana! Tantas veces se dijo que se iban a acabar los golpes de Estado cuando la derecha argentina dejara de golpear cuarteles para defender sus intereses y formara un partido competitivo que concurriera a elecciones... Simplemente ocurrió (¿?). En ese contexto en Río Negro, motivados por un proyecto del gobierno nacional que dañará el ambiente regional y la salud de sus habitantes, se produce la unión de miles de rionegrinos en su contra.

A partir del surgimiento de la alianza Cambiemos se producen realineamientos impensados de políticos que creíamos en las antípodas y hoy son “garantes de la gobernabilidad”. Siguiendo el razonamiento anterior, en realidad están defendiendo lo que es mejor para sus intereses.

Todos tenemos en claro qué se cumple y qué no de las promesas de campaña. Pero resulta que aparece una nueva característica en el panorama que condiciona rápida y decididamente el voto inmediato posterior.

Algunos ejemplos: el gobernador Saiz compelido por la Embajada china plantea un acuerdo en el que “dona” 300.000 hectáreas a una empresa estatal china y un sitio en el Puerto de SAE para exportar la soja que producirían. El repudio público es unánime. La UCR pierde la elección, aunque no sólo por este hecho, claro está.

Aceptar del gobierno nacional instalar una central nuclear generadora de energía eléctrica significó para el gobernador Alberto Weretilneck un desgaste y pérdida de sustento en su proyecto político. El rechazo de los rionegrinos planteó al gobierno la necesidad de aceptar la realidad y legislar en consecuencia. Costo pagado por seguir al gobierno nacional.

Y un tercer ejemplo lo protagoniza el gobierno de Macri. Después de una importante victoria electoral, pisa el acelerador del ajuste y hace pagar a los jubilados el acuerdo que refinancia a la provincia de Buenos Aires (buscando un reaseguro para su reelección), mientras disminuye las regalías mineras y a las exportaciones agropecuarias. Sólo la estupidez de los violentos que mostraron en plaza Congreso lo que ningún argentino quería ver disimuló la terrible frialdad con que condenó a 3 millones de jubilados que cobran el haber mínimo a vivir con $ 7.800 por mes, cuando la canasta básica está en el doble de ese monto.

Estos ejemplos marcan errores de cálculo por un lado y un nuevo tipo de impunidad por otro, que tienta a creer que se pueden hacer las cosas aunque a las mayorías las rechacen.

Me inclino a creer que traicionar la voluntad popular tácita o expresa tiene un costo alto que se expresa en las urnas. Río Negro tiene legislación local y provincial que prohíbe la instalación de plantas nucleares para producir energía eléctrica. Quien quiera oír que oiga.

*Licenciado en Ciencias Políticas

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