Un trabajo en etapas de Viviana Portnoy

La fotógrafa contó a “Río Negro los secretos de su nueva muestra “Espejismos”.

17 oct 2015 - 23:59
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Para Viviana Portnoy, “Espejismos” fue un trabajo en etapas que la transformó a medida que avanzaba en su interior.

Nacida en Buenos Aires, sus constantes viajes entre aquella ciudad y la Patagonia inspiraron su búsqueda estética para reflejar esos interminables horizontes panorámicos.

“Empecé a trabajar las fotos, sólo los paisajes, esas líneas de horizontes interminables. En cada foto hay dos o tres tomas integradas en una escena, algunas de ellas están espejadas. Se fueron armando cosas que me gustaron. Cosas que surgían, cosas que iba borrando en un juego para evitar lo lineal”, cuenta a “Río Negro”.

Una influencia casual, impensada de Vítor Ramil le llegó un día cualquiera, escuchando una entrevista que le hacía Lalo Mir al músico y escritor del sur brasilero.

“Ramil hablaba allí de lo que significa ‘délibáb’. Decía que es un espejismo que se da en una zona, por el cual en el horizonte se ve algo que parece que estuviera allí pero en realidad está muy lejos, puede estar a cien kilómetros de distancia. Eso me disparó la imagen de aquella foto de un tren abandonado que yo tenía guardada. Y empecé a trabajar esa composición, superponiendo imágenes pero manteniendo su diferencia, su distancia, a través de trabajarlas una en color y otra en blanco y negro”.

Lo demás vino solo. De aquel fantasma del tren sobre el horizonte pasó a hurgar en la historia, en imágenes de la historia de estas pampas inmensas.

“En eso contribuyó un seminario que dio Marcos López, que nos hizo notar el peso de vivir en un lugar que se llama General Roca. Comencé entonces una búsqueda en todos los textos y libros que encontré sobre el tema del poblamiento, las campañas militares, la vida de las familias que vivían acá antes de eso, dónde fueron llevadas”.

Es sabido: cuando uno anda con una idea, todo se hilvana. Así fue que llegó a manos de Viviana Portnoy el libro “Tehuelches. Danza con fotos”, una selección de antiguas imágenes (1863-1963) basada en el libro homónimo del periodista santacruceño Osvaldo Mondelo.

“Incluso investigué sobre Antonio Pozzo, el fotógrafo italiano que acompañó la campaña de Julio Roca a estas tierras. Cada cosa que iba leyendo y me impactaba, la iba anotando en un cuaderno. Es así que todas esas frases, esos fragmentos, se integraron luego a la muestra en la instalación”.

En definitiva, fueron dos años de trabajo fotográfico y conceptual: mucha técnica en la toma directa de imágenes y muchísimo trabajo de postproducción: componer las escenas panorámicas, integrar los espejismos montando imágenes, trabajar en Photoshop.

“En el camino hubo mucha experimentación, mucha sorpresa. Como cuando en una composició me apareció un arbolito flotando en el aire y me disparó la imagen de Arbolito, el indio que emboscó y mató al general Rauch. Es una historia que le escuché a Osvaldo Bayer. O como la foto de matadero de Carhué, que tomé hace unos años, cuando hice las fotos para la muestra anterior ‘Árboles de sal’. Mucho trabajo, y también muchas fotos que finalmente no copié”.

Imágenes que traen voces y gestos, paisajes que cobran vida en la mirada de la artista.

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