El control de alimentos hace ricos a los militares: “Da más que la droga”

30 dic 2016 - 00:00
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    Por HANNA DREIER/ JOSHUA GOODMAN

    AP

    Cuando el hambre hizo salir a las calles a miles de venezolanos el verano pasado, el presidente Nicolás Maduro recurrió al ejército para administrar los escasos alimentos en el país, poniendo a los generales a cargo de todo, desde la margarina hasta el arroz.

    Pero en vez de combatir el hambre, el ejército se está lucrando con ella, según una investigación de The Associated Press. Eso es lo que el tendero José Campos encontró cuando se quedó sin alimentos básicos en julio de este año. En medio de la noche, tenía que viajar hasta un mercado ilegal administrado por militares para comprar pallets de harina de maíz a 100 veces el precio fijado por el gobierno.

    “Los militares estaban allí pendientes de las bolsas de dinero. Siempre tuvieron lo que necesitaban’’, dijo Campos.

    Ahora que partes del país petrolero están al borde de la hambruna, el tráfico de alimentos se ha convertido en un gran negocio en Venezuela. Y las Fuerzas Armadas están en el corazón de todo, según documentos y entrevistas con más de 60 funcionarios, propietarios de empresas y trabajadores, entre ellos cinco exgenerales. Como resultado, la comida no llega los que más la necesitan.

    En e Estados Unidos , fiscales están investigando a empresarios y altos funcionarios, incluyendo a efectivos del ejército, por lavado de recursos –por dinero que pasa por el sistema financiero estadounidense– provenientes de los contratos de alimentos.

    “Ahora la comida da más que la droga’’, dijo el general retirado Cliver Alcalá, quien ayudó a supervisar la seguridad fronteriza.

    El fallecido mandatario Hugo Chávez creó el Ministerio del Poder Popular para la Alimentación en 2004 para aumentar el control militar de estos productos ante los intentos de la oposición de derrocarlo. Nacionalizó y luego descuidó granjas y fábricas, y la producción doméstica se secó. Cuando el precio del petróleo se derrumbó en 2014, el gobierno ya no tuvo recursos para importar todo lo que necesitaba el país.

    Cuando el hambre provocó protestas y saqueos, Maduro entregó a los generales el poder total sobre la comida. El gobierno importa ahora casi todos los alimentos del país y los sobornos a los generales están incluidos en los altos precios de las importaciones, según Werner Gutiérrez, profesor de agronomía de la Universidad de Zulia. “Si Venezuela pagara los precios del mercado, podríamos importar el doble y fácilmente satisfacer las necesidades de nuestra población’’, dijo Gutiérrez. En vez de eso hay gente muriendo de hambre.

    El control militar sobre los alimentos vuelve menos probables las sublevaciones de los soldados hambrientos, pero también ha reducido el suministro de comida. Ante los temores de corrupción, los tres principales vendedores de alimentos de EE.UU. han dejado de vender directamente al gobierno de Venezuela.

    El gobierno socialista dice que toma la corrupción en serio y de vez en cuando arresta a funcionarios de menor rango acusados de robar comida del pueblo.

    Y sin embargo la corrupción persiste desde el puerto hasta los mercados, según decenas de personas que trabajan en Puerto Cabello, a donde llegan la mayoría de los alimentos importados.

    Los oficiales dejan a los barcos esperando en el mar hasta que se les paga, según un estibador que habló anónimamente porque temía perder su trabajo. El estibador dijo que los clientes le dan sobres de dólares para que se los entreguen a los militares para que sus barcos puedan atracar.

    Después de que la mercancía se descarga, los agentes de aduanas toman su parte. Los funcionarios demoran el proceso de nacionalización de los bienes hasta que se les paga el equivalente a un salario mínimo mensual, según cuatro empleados de aduanas. Luego, se paga a una larga lista de funcionarios militares por cada envío. Si los importadores tratan de saltarse el proceso sin pagar sobornos, la comida se queda y se pudre, agregó.

    En Puerto Cabello, Pedro Contreras, de 74 años, caminaba en medio del tráfico para barrer granos de maíz que caían de los camiones . Planeaba cocinar esos granos para su familia. “El ejército está engordando mientras mis nietos enflacan’’, dijo. “Toda la comida venezolana pasa por aquí, pero poca llega a nosotros’’.

    “Es una cadena contínua de corrupción desde que los alimentos llegan en barco hasta que los llevan en camiones. Al final paga el cliente”.
    Luis Peña, director de una importadora de alimentos.
    “Si Venezuela pagara los precios del mercado, podríamos importar el doble y fácilmente satisfacer las necesidades de la población”.
    Werner Gutiérrez, profesor de Agronomía de Zulia.
    AP