Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

El diseño patagónico se hace lugar en el mundo

Un proyecto para el área de Pediatría del hospital López Lima fue galardonado en España y será expuesto el mes que viene.

17 sep 2017 - 00:00
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Claudia Villa vive en General Roca, tiene 40 años y es licenciada en Diseño de Interiores y Mobiliario desde que defendió su proyecto final de carrera a principio de año en la UNRN. Pero eso no es todo: con ese proyecto recibió una mención honorífica del jurado de la Bienal Iberoamericana de Diseño y su trabajo será expuesto en Madrid el mes que viene.

¿Pero en qué consiste la propuesta? En trabajar el sector de internación de Pediatría del Hospital Francisco López Lima, en General Roca, para influenciar a través del diseño en el bienestar de las personas, ayudando así a la pronta recuperación del niño internado, lo que redunda en tranquilidad para los acompañantes y un mejor lugar para los trabajadores de la salud.

P- No parece un tema sencillo. ¿Cuál fue tu disparador?

R- Cuando estaba en segundo año de la facultad vi el programa “Juntos para Sumar” en Canal 10 y ese día estaban en la salita de juegos de la internación pediátrica del López Lima, contando el trabajo que hacían la psicopedagoga y la maestra hospitalaria. Justo en esa época de la facultad yo empecé a conocer que el diseño, más allá de ser decorativo, podía producir cambios en las personas, que influye en el nivel de eficiencia en el trabajo, la creatividad, en la salud, en el bienestar de la familia, hasta mejora las relaciones interpersonales. Ahí pensé que algún día me gustaría hacer algo en esa salita.

La profesora le advirtió que la parte de investigación de su proyecto iba a ser más fuerte, porque el tema tiene muchas aristas: que sean niños, que están enfermos, que van familiares, la situación emocional, que hay personas que trabajan ahí y muchas otras características particulares de la situación hospitalaria.

Del mismo modo, eran muchos los requisitos para comenzar su investigación allí, desde autorizaciones de los distintos estamentos públicos hasta vacunas que debía ponerse. Nada la amedrentó y, después de cierto tiempo de notas van notas vienen, llegó el llamado de la psicopedagoga para empezar.

“Quería vivir el espacio. Con todo lo que pude captar, me puse a trabajar en las características del paciente pediátrico, las sensaciones de los niños, los impedimentos, los miedos, las sensaciones de invasión del espacio, los guardapolvos blancos, todo aséptico, todo de acero y falto de color”, explica. Es que “cuando más entretenido está el niño, más rápido se le pasan los días, sus defensas aumentan y todo eso repercute en la familia o quien lo cuida, que es su principal contención”.

P- ¿Cómo es el espacio sobre el que armás tu proyecto?

R- El pasillo tiene 30 m de largo y 1,73 nada más de ancho, con puertas a las habitaciones hasta llegar al fondo, a esa salita de juegos que tiene ventanas hacia un patio a una altura normal promedio de 90 cm, donde el niño tiene que estar avanzado en el crecimiento para poder mirar. Entonces queríamos usar el verde de la naturaleza y de alguna manera vincular el patio con el interior.

P- ¿Por qué “Alicia en el País de las Maravillas”?

R- Yo elegí la narrativa de “Alicia...” porque permite tener distintas lecturas de acuerdo a las edades. El sector de Pediatría incluye niños desde los dos meses hasta los 14 años, que físicamente tienen distintas alturas y cognitivamente distintas maneras de leer el espacio. El relato me permitía, dentro de ese mundo loco de fantasía, avanzar por ese pasillo e ir generando distintas situaciones, romper esa linealidad, sin olvidar que el niño generalmente entra en camilla, en posición horizontal, por eso las flores y los hongos gigantes permitieron trabajar desde el cielorraso hacia abajo. Y una vez que el niño está internado, que vaya de lado a lado jugando, mirando, tocando, para que pierda el miedo.

“La idea es que los niños se recuperen rápido para poder ir a la salita que hay al final del recorrido, incentivar que coman, que tomen la medicación, que mejoren para poder ir a jugar”, explica Claudia. Un bosque con luces que imitan las rayitas del gato que aparece y desaparece lleva hasta el comedor y el castillo donde, en vez de haber muro y ventanitas, hay un plano de vidrio que permite interacción con el patio al poder jugar en estos árboles viendo la naturaleza y en días lindos poder salir. Y que el tiempo pase lo más rápido posible.

“Tuvimos el enorme orgullo de ser seleccionados para formar parte de la exposición y uno de los trabajos con mención honorífica”.
Arq. Horacio Casal, director de Diseño de Interiores y Mobiliario de la UNRN.
“Tal vez se pueda hacer un proyecto de extensión, un voluntariado, y comenzar a buscar fondos para poder materializarlo”.
Para Claudia, su proyecto refleja una necesidad del servicio de salud pública.
Los proyectos que viajan a Madrid
Cuatro proyectos de alumnos y exalumnos de la UNRN irán el mes que viene a la Bienal Iberoamericana de Diseño de Madrid, entre ellos el de Claudia Villa, que recibió mención honorífica.
Los tres restantes son:
Natural Climb, de Antonella Vázquez, genera un centro de prácticas de escalada.
Impios Bar Rock, de Rosana Cantuarias, es el diseño interior de una cervecería.
Generando Espacios Expositivos es un trabajo conjunto de alumnos de 4º año a partir de desechos.
Primer año también se muestra

En los pasillos del primer piso de la sede Alto Valle de la UNRN pueden verse los proyectos que viajarán a la Bienal Iberoamericana y, junto con ellos, una expo de trabajos de 1º año que intentan conferir valor a un producto de uso habitacional que “está bastardeado”, en palabras del director de la carrera de Diseño de Interiores, el arq. Horacio Casal.

Partieron de contenedores de 6 o 12 m de largo y 2,5 de interior libre. “Como el contenedor necesita aislación para no ser un horno en verano y una heladera en invierno, eso nos daba la posibilidad de intervenir estéticamente el exterior”, explica Casal. “Entonces cada uno fue eligiendo distintos materiales y aplicaron todo lo que tiene que ver con la relación interno-externo, con cómo hacer para cambiar la sensación de opresión que genera interiormente el rectángulo mínimo que es el contenedor”.

Aventanamientos , terrazas, dobles alturas, interacción con el paisaje, para que no sean “esa caja de zapatos donde una persona es imposible que pueda tener algún tipo de confort”, concluye.

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