12 mil años de historias en un libro

El recorrido de este libro comienza con las culturas precolombinas y llega hasta la actualidad. Un libro ilustrado con mapas, fotos y gráficos que marca una línea argumental revalorando las culturas.

PUEBLOS ORIGINARIOS:

Los pueblos originarios atraviesan un “lento pero sostenido” proceso de revalorización cultural que reivindica por primera vez en años su espiritualidad de cara al hombre blanco, dijo el antropólogo Carlos Martínez Sarasola, autor de “Nuestros paisanos los indios”, el exhaustivo estudio que cubre 12 mil años de historia.

Así, “las comunidades aborígenes de lo que hoy es Argentina suman a su tradicional reivindicación sobre la tierra, la apertura de su espiritualidad”, señaló a Télam este especialista en etnohistoria, responsable del volumen reeditado por el sello Del nuevo extremo.

Esto es un signo de vital importancia, habida cuenta de que “lo espiritual es el tesoro que resume la forma vivir y estar en el mundo de estos pueblos; su cosmovisión y valores, escondidos siempre del blanco, ahora se están abriendo con mucho cuidado a Occidente”, aseguró.

Martínez Sarasola aclara que estas constataciones son personales, que no salieron del especulaciones teóricas sino de su trabajo en comunidades aborígenes como la Vicente Catrinao Pincen, de origen tehuelche, destruida durante la conquista del desierto en el norte bonaerense.

Su extenso listado de actividades incluye la participación en el `Nguillatun` mapuche, año a año al sur del país, un rogativa para pedir fertilidad y armonía; así como la publicación de “Nuestros Paisanos los indios”, 15 años de investigación prologados por el arqueólogo, médico y antropólogo Alberto Rex González.

El volumen recorre 12 mil años de historia: comienza con las culturas precolombinas; sigue con su resistencia a la conquista española, el mestizaje, la colonización, su participación en las invasiones inglesas y contiendas civiles; y termina con su lucha contra el blanco, el exterminio, el confinamiento y la marginación actuales.

El valor de este libro -ilustrado con mapas, gráficos y fotos- es haber marcado una línea argumental que hoy continúa vigente y que tiene que ver con revalorar las culturas precolombinas rescatando su gravitación en los orígenes de la nación y en lo que hoy es Argentina.

La conmemoración de los 500 años de la conquista de América dio nueva visibilidad a los pueblos originarios “que parecían haber desaparecido en Argentina” y generó nuevos análisis sobre su peso en la génesis del país y la construcción de la identidad nacional.

“Un punto de inflexión que permitió tomar conciencia a nivel continental sobre su presencia, su importancia en la propia historia y la necesidad de escribir otra historia”, asegura Martínez Sarasola.

Ese proceso de “reetnización” o de los renacientes, como prefiere llamarlo, hizo que “pueblos que parecían prácticamente extinguidos hoy estén resurgiendo con fuerza notable”.

El término nació en Colombia de mano de investigadores de poblaciones afroindígenas y tiene que ver la idea de segundo nacimiento, “un proceso muy vívido entre los Tonokotés de Santiago del Estero o Comechingones de Córdoba”, ejemplifica el académico.

En el país “venían de un proceso de invisibilización avivado por el Estado, la historiografía oficial, la antropología misma que no tomó en cuenta a las comunidades que estaban existiendo y las propias comunidades, que tampoco se asumían como indígenas, producto de los prejuicios y el racismo”, repasa.

Martínez Sarasola hace referencia a una nueva agenda que incluye entre otros puntos “la educación intercultural bilingüe, que muy lentamente se lleva a cabo en el país con colaboración nativa en escuelas donde la lengua madre es aborigen, como en Salta y Misiones con el guaraní o en Chaco con el wichi”.

El interés por la biodiversidad es algo que se puso en vigencia en los últimos 20 años, “antes no se hablaba de deforestación, efecto invernadero ni cambio climático -señala-. La inclusión de esos temas es fundamental para el mundo indígena, que en su cosmovisión son una especie de guardianes del medio ambiente”.

Las nuevas tecnologías son otra cuestión, el acceso a Internet modificó la relación entre las mismas comunidades y de cara al exterior: “son numerosísimos los sitios creados desde adentro, una novedad cuestionada por quienes temen una desnaturalización a través de la red”, señala.

Vinculado con lo sagrado y espiritual están los reclamos de protección, restitución y no exposición de restos humanos, como ocurre las momias de Llullaillaco, encontradas en 1999 en Salta.

“Hay una línea a nivel mundial -señala- que se opone a investigar en las tumbas indígenas con descendientes vivos, salvo que sea con el expreso acuerdo de las comunidades se lo considera profanación, lo mismo que si un desconocido abriera la tumba de un familiar en un cementerio y se llevara el cuerpo”, grafica.

En caso de no haber descendientes es otra situación, pero con los niños de Llullaillaco, así se conocieron las tumbas de 500 años de antigüedad halladas en un santuario de altura incaico, se puso en cuestión los límites de la ciencia y el respeto a esas culturas.

“No es un capricho ni mala onda de los pueblos originarios no tocar esos cuerpos, no se trata de impedir las investigaciones antropológicas, tiene que ver con el respeto a su cosmovisión en torno a lo sagrado, a su creencia de que el alma vuelve anualmente a esos cuerpos y que si éstos faltan no tienen dónde afirmarse y pierden la conexión con el mundo de los vivos”, concluye.

(Télam).-


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