Entre distante y espontáneo
«Perdoname, ¿qué hora es 'mostro'?», pregunta en un momento de la charla. «Ah, ta bien, porque en un rato vamos a comer». Carlos Tevez sube y baja, va y viene en el trato. No está dispuesto a soltarse del todo, pero tampoco puede evitar ser espontáneo cuando habla sobre cuestiones más profundas. Cada vez que alguien le pregunta «¿cómo anda la familia?», su cara se ilumina. Sus expresiones pasan a ser las de 'Carlitos', un pibe normal que sale con sus amigos y le gusta ir a bailar. «Uno ya es profesional y sabe cuándo puede hacerlo», contrapone enseguida.
«Soy un pendejo», dice y sonríe. Si bien el fútbol lo corrió de la marginalidad, siente que todo eso se lo ganó. Cuando repasa que tuvo que dejar «muchas cosas» para llegar a primera, muestra su picardía y se ríe de sí mismo: «Dejé la escuela», suelta serio, y enseguida larga una carcajada.
Durante una hora, de a ratos, Tevez es un chico de 20 años, que deja ver su costado humano, que habla de su familia y se regocija. Cuenta sobre su cuna, Fuerte Apache, y se enorgullece. Está agradecido de sus orígenes. Derrocha sencillez. Entonces, ahí, es simplemente 'Carlitos'.
Pero de un momento a otro, pasa a repetir palabras, pone distancia con el periodista y le clava la mirada ante cada pregunta. «¿Qué es lo menos me gusta? Ustedes, los periodistas», dispara gélido. Entonces se aleja, explica sus motivos para no hablar, hasta que vuelve a relajarse. Al fin de cuentas, sabe que nada de lo que le pasa en tan terrible ni tan duro como lo que vivió en su infancia. «Pero bueno, son cosas del fútbol, hay cosas peores». (JIP)
Nota asociada: ENTREVISTA EXCLUSIVA a Carlos Tévez: «Pude llegar a drogarme y quedar tirado en el piso»
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"Perdoname, ¿qué hora es 'mostro'?", pregunta en un momento de la charla. "Ah, ta bien, porque en un rato vamos a comer". Carlos Tevez sube y baja, va y viene en el trato. No está dispuesto a soltarse del todo, pero tampoco puede evitar ser espontáneo cuando habla sobre cuestiones más profundas. Cada vez que alguien le pregunta "¿cómo anda la familia?", su cara se ilumina. Sus expresiones pasan a ser las de 'Carlitos', un pibe normal que sale con sus amigos y le gusta ir a bailar. "Uno ya es profesional y sabe cuándo puede hacerlo", contrapone enseguida.
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