La nueva Unión Europea
Por Aleardo Fernando Laría
La incorporación de diez nuevos Estados a la Unión Europea implica la desaparición definitiva del telón de acero que separaba el Este del Oeste europeo. Salvo Chipre y Malta, el resto de países que se suman a la UE formaban parte de la ex Unión Soviética (Estonia, Letonia y Lituania) o del bloque comunista (Hungría Polonia, República Checa, Eslovaquia y Eslovenia). Así se ha puesto fin a una separación injustificada, propiciada por los requerimientos geoestratégicos de la Guerra Fría.
Lo primero que convendría recordar es que la Unión Europea no abarca aún a la totalidad de Europa. Quedan todavía afuera Rumania y Bulgaria, que se incorporarán en el 2007; Turquía, cuyo destino se resolverá en diciembre; los turbulentos países balcánicos y, finalmente, sin que la cuestión esté en el calendario, Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Moldavia. Es probable que la actual comunidad, que tiene ahora 25 estados con 455 millones de ciudadanos, reúna en un futuro no muy lejano a 35 países con 600 millones de habitantes.
Los nuevos miembros aportan a la Unión Europea el 20% de población, pero sólo el 5% de su Producto Bruto Interno. Son países mayoritariamente pobres, algunos con elevadas tasas de paro, como Polonia (19% ) y Eslovaquia (16% ). El temor de los países veteranos a los flujos inmigratorios desde los nuevos estados ha motivado que se conserven parcialmente las fronteras y quede suspendida la libertad de movimiento de trabajadores, al menos durante tres años, susceptibles de ser prorrogados.
El problema principal que genera la ampliación de miembros es el de la gobernabilidad de la Unión Europea. Todavía no ha sido resuelto, y han fracasado tres intentos: en 1997 en Amsterdam; en el 2000 en Niza y el año pasado al no alcanzarse un acuerdo en el reparto de poder en el nuevo Tratado Constitucional por la oposición de España y Polonia. El nuevo presidente de España, Rodríguez Zapatero, ha manifestado su voluntad de flexibilizar la postura española, por lo que es posible que el acuerdo finalmente se alcance en junio, al finalizar la presidencia irlandesa.
Pero la circunstancia de que se apruebe finalmente el Tratado Constitucional que regula el funcionamiento institucional del nuevo conglomerado no es suficiente. La Unión Europea vive todavía las convulsiones de las diferencias generadas por la guerra de Irak. Los siete países de la esfera comunista que acaban de entrar en la UE son pronorteamericanos, se incorporaron oficialmente a la OTAN en marzo, y como prueba de su inclinación a los Estados Unidos enviaron tropas o policías a Irak.
Para algunos analistas, con la presencia de estos nuevos miembros, los Estados Unidos tienen más posibilidades de influir en los asuntos internos de la Unión Europea. Polonia y Hungría tienen una importante comunidad de inmigrantes en Estados Unidos, de férreas posturas anticomunistas durante la Guerra Fría. Por otra parte son países pobres, deseosos de recibir inversiones estadounidenses. Como señala Norman Birnbaum, «sería absurdo llegar a la conclusión inamovible de que los nuevos miembros van a reforzar la quinta columna estadounidense que con tanta eficacia actúa ya en la Unión Europea. Pero sería también absurdo ignorar dicha posibilidad».
Los Estados Unidos se han opuesto a que la Unión Europea tenga una política de seguridad independiente y un ejército propio. Sin embargo, en el Tratado Constitucional aprobado por la Convención se contempla la figura de la cooperación estructurada, según la cual los estados que quieran adquirir compromisos más elevados en materia de capacidades militares podrán crear una estructura para llevar a cabo misiones más exigentes. Se interpreta que esta cláusula da vía libre a un futuro ejército europeo, como el que Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo -y ahora probablemente España- ya manifestaron querer crear.
El tiempo dirá si la presencia de nuevos países retarda la pretensión implícita europea de ofrecer un modelo político y social alternativo al norteamericano. Por el momento, en el texto del Tratado Constitucional, pendiente aún de aprobación, se establecen como objetivos de la Unión Europea promover la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible, la solidaridad y el respeto mutuo entre los pueblos, un comercio libre y equitativo, la erradicación de la pobreza, la protección de los derechos humanos y la estricta observancia y desarrollo del Derecho Internacional y el respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Todo un desideratum.
La incorporación de diez nuevos Estados a la Unión Europea implica la desaparición definitiva del telón de acero que separaba el Este del Oeste europeo. Salvo Chipre y Malta, el resto de países que se suman a la UE formaban parte de la ex Unión Soviética (Estonia, Letonia y Lituania) o del bloque comunista (Hungría Polonia, República Checa, Eslovaquia y Eslovenia). Así se ha puesto fin a una separación injustificada, propiciada por los requerimientos geoestratégicos de la Guerra Fría.
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