Peligrosos cables
En abril de 2002 los cables de media tensión de Edersa y los de Telefónica que están en la esquina de Toschi y Los Coihues se tocaron. 13.200 voltios pasaron entonces por el conducto equivocado y quemaron teléfonos, faxes, módems, y provocaron fogonazos en las tomas. No hubo muertos porque a esa hora de la mañana nadie tenía el tubo en la mano.
Cuatro meses después los voltios que entraron por un conducto equivocado en un edificio del barrio Rosauer fueron menos, los hogareños 220.
Transportada por la red de la televisión por cable, la electricidad quemó televisores, videocaseteras y demás electrodomésticos.
El jueves pasado un chico de 10 años sufrió quemaduras al formarse entre una línea de 132.000 voltios y el suelo un arco voltaico a través de una larga cinta de polietileno que habían enganchado en los cables.
Hace dos años que se sabe que la maraña de cables que cruzan el cielo de Cipolletti pueden provocar una tragedia en cualquier momento, pero como en muchos otros asuntos que hacen a la necesaria inspección municipal el control brilla por su ausencia en la ciudad.
No es simplemente una cuestión estética (si lo fuera el balance sería también negativo por donde se lo analizara), sino de seguridad pública.
¿Qué habría pasado si en vez de polietileno, los chicos del barrio 1.200 Viviendas hubieran lanzado un cable tan largo como la cinta sobre las líneas de 132.000 voltios? La comunidad estaría lamentando la muerte de uno o más pibes de 10 años.
El tendido que recorre los límites norte y oeste de la zona urbana Cipolletti fue construido en la década del 70. Son torres enormes colocadas cada 200 metros que sostienen tres gruesos cables.
En ese momento nadie pensó que la ciudad crecería hasta ese punto. La línea, que era nacional, está ahora en manos de la estatal rionegrina Transcomahue.
El barrio, en cambio, tiene poco más de una década. Pero no es la única zona en riesgo porque la línea cruza, de oeste a este, zonas rurales y urbanas. Debajo de este electroducto, el municipio construyó una plaza (en la calle Santa Cruz) donde abundan los árboles y arbustos muertos.
Está claro que el riesgo no está dado solamente por las líneas de miles de voltios que pasan por la ciudad.
Basta mirar un poco para arriba para ver cómo los cables de luz, de teléfono y de televisión se cruzan una y otra vez, sin respetar, no ya la estética que hace a la calidad de vida, sino las mínimas normas de seguridad.
Las empresas de telefonía y televisión aducen que el municipio no permite la instalación de más postes. ¿Será por eso que los cables impunemente cruzan en diagonal de una vereda a otra en casi todos los barrios de Cipolletti?
El intendente Alberto Weretilneck dijo hace cuestión de meses que en Cipolletti la inspección municipal es casi nula. Prometió que esta realidad cambiaría.
Ante semejante confesión, los cipoleños seguirán indefensos hasta que el gobierno de la ciudad aplique el anunciado cambio de política en este aspecto.
Martín Belvis
martinbelvis@rionegro.com.ar
En abril de 2002 los cables de media tensión de Edersa y los de Telefónica que están en la esquina de Toschi y Los Coihues se tocaron. 13.200 voltios pasaron entonces por el conducto equivocado y quemaron teléfonos, faxes, módems, y provocaron fogonazos en las tomas. No hubo muertos porque a esa hora de la mañana nadie tenía el tubo en la mano.
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