El futuro «groeniano» lucha por sobrevivir

Un repartidor de pizzas, una extraterrestre sensual y un robot alcohólico están en la lucha por el rating con un esquema ya probado. Nacido en condiciones que "Los Simpsons" nunca conoció, "Futurama" comenzó su segunda temporada.

«Futurama» (domingos a las 19 por Fox) ya va por su segunda temporada, pero el periplo en comparación con «Los Simpsons» es modesto aunque tengan a Matt Groening como creador común. No hay que ser un genio para notarlo.

«Futurama» comenzó en el «99 con una historia que suena conocida. Un chico repartidor de pizzas llamado Fry es congelado en un laboratorio criogénico y aparece en el siglo XXX. Ahí conoce a Leela, una extraterrestre de un solo ojo (no hay que engañarse, en el universo Groening es muy atractiva); a Bender un robot alcohólico, cínico, frustrado y corrupto y al profesor Farnsworth, un científico chiflado.

La idea de Matt Groening, aficionado a la ciencia ficción, proviene según él de la impresión que le causó cuando era niño ver el futuro opresivo en una versión para tevé de «1984» de Orwell. «Yo veía que el Gran Hermano hacía lo que quería y esperaba que apareciera la patrulla espacial al rescate; pero nunca llegaron», explica el creador. «Así vislumbré, tan perturbador como parece, que el futuro tenía posibilidades realmente divertidas»

El mecanismo mental no es fácil de entender pero desembocó en una comedia que podría explicarse como «los Simpsons del futuro», aunque parezca en principio simplista.

«Futurama» comparte con la familia amarilla una sensibilidad algo retorcida, un preciso sentido de la sátira y el gusto por enfocar las vidas de quienes los americanos llaman «losers» (fracasados, perdedores).

Fry, el Rip Van Winckle Groeniano, se parece mucho a Homero: le gusta ver televisión, vive desorbitado por las maravillas que lo rodean en la nueva realidad que le toca vivir, es decididamente desconsiderado con su contraparte femenina y la mayoría de las veces se comporta burdamente.

Como Homero, siempre muestra alguna cualidad que lo salva de sí mismo.

Leela, tal cual Marge Simpson, es la voz de la razón y la que por lo general saca las papas del fuego.

Bender, el robot, es la figura exponencial de Bart Simpson pero sin la inocencia de la niñez. No es mucho lo bueno que se puede decir de él.

Sin embargo debe haber habido un esfuerzo inicial por separarse de «Los Simpson».

Al salir al aire Futurama, la programación estaba plagada de series animadas sobre familias que al estilo Simpson cargan con la cruz de su propia existencia («Family guy»; «King of the Hill», «Dilbert»).

Además es probable que Groening haya entendido que una familia en el futuro pudo ser inconvenientemente comparada con «The Jetson» (Los supersónicos en Argentina) la famosa serie de dibujos animados de Hannah y Barbera en los «60 y que en forma muy efectiva hacía las veces de Los Picapiedras, pero en el siglo XXI.

«Futurama» estuvo siempre lejos de un razonable buen comienzo. En comparación, cuando «Los Simpson» salieron al aire en 1987, no tenían muchas pretensiones ni presiones. Iban de relleno en horarios varios, a veces a horas extravagantes, apenas tenían de apoyo de la cadena y poca publicidad.

Nadie excepto quizás Matt Groening esperaba algo de los Simpsons. Lo bueno de eso era que la presión era igual a «0».

Además, cuando apareció «Los Simpsons» tenían un estilo gráfico y de humor hasta entonces inexplorado, que en rigor los convirtió por años en el principal éxito de la cadena Fox.

«Futurama» en cambio apareció en medio de una expectativa asfixiante. Los nuevos personajes, los gráficos digitales que acompañan a la animación tradicional, el potencial de la ciencia ficción como tema y la publicidad ilimitada eran parte del suspenso. «Futurama» debía competir contra sí misma además de todas las series de entonces, incluida «Los Simpsons».

La expectativa hizo que no hubiera ningún fanático de los Simpsons que no haya esperado convertirse en adicto a «Futurama».

Pero el efecto no llegó: «Futurama» se parecía mucho a ser cortejados por alguien a quien ya conocemos bien. El encanto de saber si será o no el amor de nuestra vida simplemente no estaba.

El mercado que sabe ser bien cruel le pegó al hasta entonces omnipotente Groening. «Futurama» ha cambiado de días y de horario en los EE.UU. y el autor se queja de los desacuerdos con los ejecutivos de la Fox. Eso no pasaba con los Simpsons.

La pregunta del millón

Los números han sido duros con «Futurama», pero es una serie divertida. Fry aparece criogenizado en la Nueva York del año 3000. La Luna es un paseo cotidiano, los viajes espaciales son cosas de todos los días, hay publicidad que aparece en sueños, las motos vuelan, los robots beben cerveza, la cabezas hablan desde frascos y una mega corporación manejada por una Madre despótica dicta las reglas.

Fry se une a la tripulación espacial del profesor Farnsworth. La capitana de la nave es Leela una bella extraterreste cíclope. El tercer miembro es Bender, un robot al que el profesor Farnsworth le implantó un chip para manifestar emociones. El experimento ha convertido al robot en un ser amargado, frustrado, cínico y mal hablado. Quiere ser cocinero, pero no tiene sentido del gusto.

Con el tiempo aparecieron personajes secundarios como Zapp, un vehemente e inepto comandante de flota espacial que rompe con el modelo «Star Trek»; el doctor Zoldber, un extraterrestre que parece una langosta superdesarrollada; Hermes, un centroamericano a contramano y Amy Wong, una chica que puede deducirse que es vietnamita completan el grupo. Como en los Simpsons, aparecen sátiras de películas con la diferencia de que algunos capítulos se han apoyado completamente en la maniobra en lugar de ser un gag más en la trama.

La pregunta del millón: ¿qué hubiese sido de «Futurama» como idea inicial en lugar de los Simpsons?

De «Los Simpsons» a «South Park»

Matt Groening tiene sus razones para sentirse incómodo si su nuevo producto no es bien tratado. Durante diez años, «Los Simpsons» fueron estrellas imbatibles.

Nacidos en forma humilde, ocupando horarios marginales o de relleno sin embargo no tardaron en convertirse primero en objeto de culto para el público que se atrevía a explorar este nuevo subgénero del dibujo animado y luego un suceso masivo. La explosión se notaba en las calles y vidrieras en forma de merchandising, que en los EE.UU. tomó proporciones desenfrenadas.

Groening, quien hasta entonces era un historietista más, se convirtió en una estrella. «Ahora me doy el gusto de asistir a reuniones con ejecutivos, vestido con mis bermudas y camisa hawaiana».

El «efecto Simpson» se materializó en los productores televisivos. Cada cadena de los EE.UU. quería tener a su propia familia de rasgos groseros para competir con los sobrevivientes de Springfield.

Es posible que ninguno entendiera bien la clave del éxito Simpson: son feos, mal hablados, pobres, mediocres y amarillos. Pero funcionan.

A la saga aparecieron «Los reyes de la colina», una familia texana llena de miedos y prejuicios creada por Mike Judge, quien hiciera a «Beavis & Butthead». Ni siquiera igualan al éxito de los dos adolescentes descarriados y de hecho «Futurama» apareció con la misión inicial de tapar el bache. «Family guy», es otro padre de familia incomprendido que debe soportar a un bebé infernal y a un perro superdotado. A esta altura apenas parece más de lo mismo.

Con mucho más éxito apareció «South Park» creado por Trey Parker y Matt Stone. Dibujos simples al extremo, animación en estado primario, malas palabras, humor negro y situaciones ácidas. En un principio son difíciles de digerir; «South park» va mucho más lejos haciendo humor con la gente que muere de hambre en Etiopía o haciendo luchar a muerte a Cristo con Papá Noel.

El efecto es inmediato y superador: se han alejado del efecto Simpson llegando incluso a la pantalla grande.


"Futurama" (domingos a las 19 por Fox) ya va por su segunda temporada, pero el periplo en comparación con "Los Simpsons" es modesto aunque tengan a Matt Groening como creador común. No hay que ser un genio para notarlo.

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