La razón, la emoción
La emoción empaña el raciocinio.
Y cuando la emoción prima en el manejo de cuestiones que hacen a la política exterior, empañan doblemente la toma de decisiones.
Tempestuoso a la hora del enojo, el presidente Néstor Kirchner reaccionó rústicamente ante las expresiones del flamante canciller chileno Ignacio Walker sobre perfiles de la idiosincrasia histórico-política de nuestro país.
Tanto es así, que a punto estuvo Kirchner de que se pudiese inferir que estaba decidido a decir a su colega Ricardo Lagos que no le gusta el canciller designado.
No es una deducción aventurada. Porque suspender una entrevista con el embajador trasandino en la Argentina, como lo hizo Kirchner a la luz de conocer la opiniones de Walker, suma cero. Es dejarse llevar por el disgusto a puntos de eventual no retorno. Porque cabe una pregunta: ¿cómo hubiese reaccionado el presidente si las opiniones de Walker se extendían en la misma línea crítica más de las dos carillas con que las expresó en «El Mercurio»?
Pero no está aquí bajo opinión lo dicho por Walker, tema tratado en el editorial que acompaña a esta edición.
Se trata aquí de lo que Tayllerand definía del «enojo como fuente de inteligencia», para el manejo de las relaciones entre países.
O sea, de operar con tino de cara a lo que irrita. Estilo que no debe ser identificado como ausencia de determinación.
A lo largo de su prolija transición, Chile siempre correspondió a la Argentina designando aquí a embajadores de primer rango en su mundo político-intelectual. Gente consustanciada con el pensamiento abierto. Y con pergaminos en la lucha contra la dictadura pinochetista.
Cuidado que no siempre fue recíproco a la hora de las designaciones de la Argentina para igual cargo en Santiago. Basta recordar el caso Espinosa Melo como fundamento.
Las características de los nombramientos de Santiago tuvieron su razón: la Argentina es un país muy importante para Chile. Fueron, además, nombramientos directos del presidente de turno. Hombres de su directa confianza.
Luis Maira es el actual embajador chileno. Es un sociólogo de fuste, con tiempo de cárcel y de largo exilio. Y de producción de proyección en el mundo de las ideas.
Al suspender la entrevista que tenía con Maira, Kirchner se perdió la oportunidad de deslizar su disgusto ante una mente inquieta.
Y así el mandatario se marginó de haberse enriquecido intelectualmente incluso en el marco de su enojo
Pero no, al presidente lo ganó la emoción. El presidente ignoró la sugerencia de Tayllerand.
Una pena.
Carlos Torrengo
Nota asociada: Para Kirchner, con Walker «está todo mal»
Nota asociada: Para Kirchner, con Walker «está todo mal»
La emoción empaña el raciocinio.
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