La culpa según Karl Jaspers

Por Martín Lozada

Sesenta años atrás, apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial, se producían las reflexiones del filósofo Karl Jaspers sobre la cuestión de la culpa y la responsabilidad política en Alemania.

Aquellas fueron desarrolladas durante los meses de enero y febrero del semestre correspondiente al invierno de 1945-1946, en el marco de los cursos que dictaba en la Universidad de Heidelberg. Entonces sostuvo que el punto de partida para asumir la propia responsabilidad por lo sucedido durante los 12 años de dominación nacionalsocialista no podía ser el escapismo sino, en cambio, el «restablecimiento de la disposición a reflexionar».

Un clima desolador sobrevolaba entonces sus palabras. Puesto que la derrota en la guerra y la participación activa o pasiva ante las políticas que condujeron a tantos seres humanos a los campos de exterminio nazi constituían un punto de inflexión insoslayable, había que empezar de cero, comenzar a reflexionar sobre lo sucedido.

La experiencia de la dictadura nacionalsocialista fue el origen del vuelco del filósofo hacia lo político. No podía ser menos. En 1933 había sido excluido de la administración universitaria, en 1937 se le prohibió ejercer la docencia y en 1938, publicar sus escritos. «La experiencia fundamental, en palabras del propio Jaspers, fue entonces la pérdida de la garantía jurídica en el propio Estado».

Y era tan manifiesta la quiebra moral experimentada por quienes, como el alemán medio, habían extraviado su sentido de solidaridad para con los millones de perseguidos y asesinados, que postuló un imperativo vital: la vigilia moral por sobre cualquier forma de indiferencia prudencial que impidiese, en lo sucesivo, abandonar la ética de la convicción. Para ello, la actitud que había que asumir era la de una verdadera conversión espiritual.

Propició la autoelucidación como pueblo en una reflexión histórica y también, simultáneamente, la autoelucidación personal del individuo. Puesto que si bien inicialmente una y otra podrían parecer distintas, lo cierto es que la primera sólo puede tener lugar en el curso de la segunda. Lo que los individuos realizan en mutua comunicación puede, cuando es verdadero, convertirse en la extensa conciencia de muchos y vale entonces como autoconciencia de un pueblo.

Durante el desarrollo del curso distinguió entre diversos tipos de culpa y responsabilidad: la culpa penal, la política, la moral y la metafísica. Así, por ejemplo, la culpa política implica responsabilidad de todos los ciudadanos por las consecuencias de las acciones estatales, pero no culpa criminal y moral de cada ciudadano con respecto a los crímenes que hayan sido cometidos en nombre del Estado.

Somos colectivamente responsables, decía, en el sentido político de la corresponsabilidad de cada ciudadano por los actos que comete el Estado al que pertenece. Pero no necesariamente también en el sentido moral de la participación fáctica o intelectual en los crímenes. Sí, en tanto que hemos tolerado el surgimiento de un régimen tal entre nosotros.

Señaló que el no haber reaccionado como consecuencia del miedo es algo que cada individuo tiene que reconocer como su culpa moral, consecuencia de la ceguera para con la desgracia de los demás y la insensibilidad ante el desastre que estaba aconteciendo alrededor y en medio de la sociedad alemana de aquellos años.

Jaspers consideraba que hay una solidaridad entre los hombres que hace a cada uno responsable de todo el agravio y de toda la injusticia del mundo, especialmente de los crímenes que se suceden ante nuestra presencia o bajo nuestro consentimiento. Y por eso definió la culpa metafísica como la carencia de la solidaridad absoluta con el hombre en tanto hombre.

Años antes de su muerte, ocurrida en 1969, el filósofo señaló que sus reflexiones en torno de la culpa habían respondido a ciertas necesidades del alma. Entre aquellas, la de «conseguir aire puro en el que nosotros los alemanes pudiéramos, en nuestra conciencia, volver a nosotros mismos». De allí que la filosofía, como predisposición del hombre hacia los interrogantes fundamentales, sea un puente adecuado mediante el cual cruzar hacia las zonas más oscuras de la naturaleza humana. Las palabras de Karl Jaspers, su viaje hacia la conversión espiritual y la responsabilidad personal y social, siguen siendo, sesenta años después de formuladas, un auténtico faro de luz.


Sesenta años atrás, apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial, se producían las reflexiones del filósofo Karl Jaspers sobre la cuestión de la culpa y la responsabilidad política en Alemania.

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