«Si te dejás manosear, te doy 10 pesos»

Los expedientes judiciales de los últimos años son ricos en testimonios de cómo la niñez abandonada termina siendo blanco de la explotación, sexual o de cualquier otro tipo. Detrás del frío lenguaje judicial aparecen las realidades extremas que padece parte de la población barilochense y en algunos expedientes se cruzan nombres.

• «B.» una niña de 13 años, deambulaba a la 1 de la madrugada en las afueras de un local de juegos electrónicos del centro, cuando fue abordada por un taxista local, a quien ya conocía de antes, quien la ofreció llevarla hasta su casa. En el camino, el hombre se desvió hacia su departamento para que la pequeña «comiera algo y se bañara», según los relatos. Poco después, el hombre forzó a la menor a tener relaciones sexuales amenazándola primero con golpearla y luego con un arma de fuego. Tras el abuso, durmieron juntos y al día siguiente el hombre le ofrece primero dos pesos y, tras las quejas de la chica, 10 pesos para que «no contara nada», además de amenazar a toda su familia si esto ocurría. Una tía se enteró de lo sucedido y realizó la denuncia.

En la investigación, aparecerán datos reveladores. Se sabrá que «B» llegó a la casa junto con una amiga, «J» de 12 años. «B» y «J» se conocen desde hace tiempo, sufrieron maltratos y son de «irse de su casa». Ambas suelen estar en el centro de Bariloche y acostumbran dormir en dos hoteles abandonados de la ciudad junto a otros chicos. De los testimonios de la causa se desprende que «J» conocía al abusador desde hace tiempo y hace de «contacto» habitual para llevarle a él y a un amigo chicas de 9,10,11, 12 y 13 años, para distintos servicios sexuales que paga desde 3 a 20 pesos, de los cuales «J» cobra una comisión. Y que no es la primera vez que «B» estaba en la casa, ya que había hecho al hombre algunos «trabajos» como ella los llama, aunque nunca una relación sexual completa. El hombre y su amigo fueron acusados por abuso deshonesto y violación.

• «R» de 12, acompaña a una amiga a la casa de un hombre, que les ofrece comida y quedarse a ver televisión. En un momento, se encuentran a solas y el hombre le ofrece: «dale, dejate manosear y te doy 10 ó 15 pesos», a lo cual la chica se negó. También relata que otro individuo de unos 50 años, que vive en las afuera de Bariloche, suele invitar a las chicas mirar «videos de porno» durante 3 ó 4 horas, luego de lo cual les abonaba 30 pesos, que las asistentes se repartían. «R» suele juntarse en la calle con otras 5 chicas de su misma edad, duermen en una obra en construcción y cuenta que «N», novio de una de ellas, compra pegamento o nafta para bolsearse.

• Los profesores de «A» de 11 años están preocupados por sus largas ausencias a la escuela primaria , su inusual comportamiento y la falta de un mayor responsable. Hablan con la asesora de menores y se establece que la madre de «A.» vive sola con otros 5 chicos y no puede cuidarla, así que reside con su abuela que «no puede controlarla». Familiares reportan que «A» suele andar con su amiga «C» de 15 años y se alojan en la casa de un hombre que vive solo, «el Nata». Su abuela relata que «A» va a los bailes, toma, y pide por la calle con sus amigas. La policía va a buscarla, pero la menor regresa antes a su hogar y el «Nata» asegura no conocerla. La Justicia da intervención a varias entidades para «un abordaje difícil que implica proceso» , señala.

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