Tramposos y trampeados
por Héctor Ciapuscio
Especial para «Río Negro»
El misil Exocet fabricado por la empresa francesa Aérospatiale es uno de los más eficientes en servicio de varios ejércitos nacionales. Sobre sus características dicen los fabricantes que se trata de un misil crucero anti-buque superficie-superficie o aire-superficie que funciona en varias versiones desde 1979, opera con propelente sólido, tiene un alcance de 70 km y velocidad de 315 m por segundo. Su guía es inercial en la primera fase –se desplaza a poca altura sobre las olas– y luego se orienta por un radar que lleva al blanco sus 165 kilos de explosivo. Entre nosotros tuvo prensa arrobada y éxtasis en 1982, cuando fue empleado por la aviación durante el conflicto de Malvinas. Sin embargo, a poco, tal como esa guerra lamentable, pasó a ocupar un lugar discreto en las crónicas del recuerdo. Pero ahora súbitamente el tema Exocet reapareció, aunque en un plano secundario a la fantástica versión de que Mrs. Thatcher habría pensado en soltarles una atómica a los cordobeses, si sus buques se hubieran visto en apuros por misiles como los que dañaron a la Royal Navy en el mes de mayo. En esta nota, sin embargo, le daremos al misil la atención privilegiada que merece.
El 4 de mayo de 1982 un Exocet de la aviación argentina alcanzó al destructor «HMS Sheffield» y, aunque su carga explosiva falló, la nave enemiga se incendió y fue a pique. (Después se dañaría por el mismo medio al buque escolta «Atlantic Conveyor» y al «HMS Glamorgan» a pesar de que también falló el explosivo). (1) Fue entonces, al comprobar la inadecuación de las defensas anti-misiles de su flota (con riesgo incluso para sus dos portaviones en la zona), que los británicos iniciaron una operación mundial de inteligencia (a la que adhirió a su modo el régimen militar chileno de Pinochet) centrada en la neutralización de los Exocet en manos de argentinos y el bloqueo de las posibilidades de adquisición de nuevos misiles por su parte. En esa operación tuvieron protagonismo la propia primera ministra y el presidente de Francia, Mitterrand.
Ya a través de las Memorias conocidas desde hace varios años, de John Nott, secretario de Defensa británico en el tiempo del conflicto, se supo acerca del papel que cumplieron los franceses en beneficio inglés durante la guerra. El funcionario estimaba que Francia había sido el mayor aliado de los británicos en la operación de reconquista de las Falklands, porque les suministró, entre otras cosas, medios para hacer que sus agentes sabotearan la compra de nuevos Exocet buscados desesperadamente por los militares argentinos. Decía textualmente Nott: «De muchas maneras, Mitterrand y los franceses fueron nuestros más grandes aliados. Por una parte, les facilitaron aviones Super-Etendard y Mirage para que los pilotos de los Harrier británicos conocieran sus técnicas y movimientos; por la otra, les dieron toda la información de los códigos secretos del misil». Los escasos Exocet de la aviación naval quedaron con el radar anulado, «sordos y ciegos» y en consecuencia inútiles.
Como se dice arriba, la publicación en estos días de datos sobre el libro que publica en París un tal Alí Magoudi, quien fue psicoanalista del presidente francés, reactualiza dramáticamente este episodio. Mitterrand le confió a su analista que Francia colaboró con una imperiosa Margaret Thatcher al entregarle datos vitales sobre los códigos secretos de los artefactos adquiridos por Argentina a principios de los '80. «Estoy con usted», le aseguró no bien se enteró de la guerra. La confesión de «La Esfinge» (así le decían algunos) es patética y mendaz. Aduce –puede suponerse que para justificarse de su maniobra con una evocación impactante– que si no aceptaba la requisitoria de la Dama de Hierro, ella hubiera apretado el botón nuclear y hubiera provocado una catástrofe mundial. «Ella es desenfrenada y está furiosa. Me culpa a mí personalmente de un nuevo Trafalgar. Me vi obligado a ceder. Ella tiene ahora los códigos. Si nuestros clientes descubren que los franceses inutilizan las armas que venden, eso no será nada bueno para nuestras exportaciones». Pregunta: ¿hubiese hecho lo mismo el presidente De Gaulle?
Son varias y delicadas las lecciones que se pueden extraer de estos acontecimientos y esta actitud de los mercaderes de la guerra. Una de ellas –aparte la esencial que indica la locura de una usurpación de la voluntad republicana para tal empresa por una Junta Militar– es la específica que optamos por destacar respecto de la compra de tecnología extranjera: la importancia de que en las estructuras de poder se instale la convicción de que las decisiones tecnológicas importantes requieren primordialmente asesoramiento político y tecnocientífico adecuado, algo cuya ausencia podemos ver en todo esto claramente reflejada.
(1) Una información desde el lado argentino, sintetizada aquí, permite conocer detalles de incompetencia de los responsables de esta compra por la Marina de tecnología militar sofisticada. Dice que en setiembre 1980, cincuenta pilotos y técnicos del Comando de la Aviación Naval iniciaron en Francia un curso de 50 horas en el manejo del avión Super Etendard y sobre nociones básicas del misil Exocet. Retornaron en julio 1981 y esperaron los cinco primeros aviones y correspondientes misiles de los catorce adquiridos por la Marina. Pero el 2 de abril 1982, cuando debían llegar los del equipo técnico francés que habilitaría el manejo técnico de los Exocet, la Junta Militar inició la ocupación de las Malvinas y el gobierno de Francia decretó «ipso facto» el embargo de esos equipos.
El personal naval argentino inició entonces su trabajo de operacionalizar a los misiles por cuenta propia. Ya en escenario de guerra, el 2 de mayo se intentó un ataque con el Super Etendard pero hubo un problema de reabastecimiento en vuelo. El submarino inglés «Conqueror» hundió ese mismo día al crucero General Belgrano. El 4 de mayo se tuvo éxito con el «Sheffield»mediante dos Exocet. Resultados positivos aunque parciales hubo después con el «Conveyor» y el «Glamorgan». Pero luego surgieron nuevos problemas e inconvenientes debidos a deficiencias técnicas y perturbaciones atmosféricas aunque sobre todo por las acciones de un enemigo bien informado y con medios muy superiores. Hubo, no obstante, un ataque al portaviones «HMS Invincible» con el último Exocet que se tenía mas con resultado incierto.
Especial para "Río Negro"
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