Historia de las historias
La reciente publicación del libro "Historias de la Patagonia", del periodista y escritor Francisco N. Juárez, es el resultado de una vida dedicada a la investigación con el acento puesto en esa mítica Patagonia que él se encarga de rescatar en hechos y personajes inefables. Viene de vivir y sentir esa zona y acopia impresionante información como columnista de "Río Negro" y otras actividades en toda clase de medios. Estos relatos seleccionan personajes y hechos sorprendentes, reveladores de un paisaje que se convierte en el protagonista absoluto. His
por: JULIO PAGANI
Una conversación tan diversa como el relato de los hechos que la motivan hacen del encuentro con Francisco Juárez un entretejido de anécdotas e informaciones que se van dando a lo largo de la entrevista. El mismo autor de «Historias de la Patagonia» parece un legendario portavoz de aquellos personajes sorprendentes que retrata. Como dice, estos relatos «surgen de hace mucho y aunque nací en Buenos Aires y es cierto que también viví en Bariloche, se hicieron parte de mi».
Desde sus escapes como andinista el hecho parece haber sido contemplar desde la altura lo que el paisaje ofrecía. Y parece que ofrecía mucho. Será por eso que nombra sus actividades en ATC con «La Argentina por argentinos» , los programas especiales sobre Illia o Cortázar o sus intervenciones con Manrique Sago en un reescrito sobre «Río Negro». Son salpicados de una actividad que se fue formalizando desde muy joven. «Esa pasión me viene desde los 17 años y me fijé en el Valle que resume la sensación de reposo y las historias que siempre surgen entre los pobladores». Aun cuando él abarcó más al sur y esa colonización de afuera que le dio color y leyenda.
Según cuenta ya en 1954 había ganado un premio ocupándose de alguien que ni Félix Luna reparó, y que lueg se llamaría «Vieytes, el desterrado». Era lo suyo un fervor por los archivos de la Nación.
«Tenía el hábito de la investigación, un hábito encade
nador, sujetador, que siempre hice con gusto» destaca quién hasta hoy es consultado, por ejemplo, sobre la tumba de un piloto inglés que desapareció
en El Chocón y la curiosidad de un empleado del aeropuerto de Neuquén volvió a despertar su instinto con la respuesta que emparenta al desaparecido con los Bresler, una familia que tuvo en Martín Bresler el motor de una fuga de presos de la cárcel de esa ciudad en 1956, y era hijo del que encabezó la colonización de la zona de San Martín de los Andes.
Esas anécdotas contadas sin ordenamiento remiten a estas «Historias de la Patagonia», porque como dice Juárez: «Todo se encadena y estos relatos son sólo parte de un acopio de mucho material. En tal sentido el primer personaje que me interesó fue Martín Sheffield y en cuanto a Jarred A. Jones -otro de los grandes personajes que transitan su libro- lo llegué a conocer».
Claro no sólo a él si no a su hijo con toda una documentación que sorprende y que hace vívida la aventura que cuenta. Si hasta casi interviene en una película en los Estados Unidos donde hasta el mismo Lee Marvin iba a ser intérprete, que luego se hace con un guión del chileno Sepúlveda. Incluso todos estos personajes, además de John Crokett, Perry y otros norteamericanos que sorprenden por estas tierras del sur fueron tema de una conversación que Juárez mantuvo con Frondizi en 1963 , y descubrió similitudes con sus escritos cuando vio la película de Butch Cassidy.
Todo esto lo hilvanaba el autor con esa vida de varias actividades, como cuando trabajaba en el ámbito jurídico de un banco oficial de Buenos Aires y al mismo tiempo hacía periodismo, «pero iba mucho al sur», advierte. Y fue en la vieja revista «Vea y Lea» donde esas aventuras se fueron plasmando. Incluso participó de una comentada expedición, y llegó a proseguir con sus relatos en la célebre revista «Primera Plana». «Esa fue mi escuela, junto a gente como Tomás Eloy Martínez, Casasbellas o Ernesto Schoo. Y entre mis viajes y mis actividades o la investigación tenía muy poco tiempo», agrega.
¿Acaso una novela de cowboys?
Juárez se ríe y casi está de acuerdo con la sugerencia, porque según él ese Jones es el primer blanco y norteamericano que se asentó en la zona del Nahuel Huapi, aun cuando ya los chilenos habían transitado la zona, luego vino un alemán y también se construyó el aserradero San Carlos, y de allí fue tomando forma lo de San Carlos de Bariloche. «Después vienen toda una cantidad de norteamericanos siguiendo la senda de Jones y Crokett. Estos aventureros de La Florida que ya habían estado en el Brasil, pasaron por Chaco y desde la provincia de Buenos Aires trabajaron con al ganado trasladado a Chile en arreos».
¿Por qué tantos americanos en la Patagonia? Para el autor es una avanzada a partir de la instalación de los ferrocarriles en los Estados Unidos, que hicieron que los aventureros, faenadores y los «bohemios del galope» hicieran un éxodo a parajes similares ante la puesta de límites a una vida que no tenía muchos. Esos parajes fueron Australia y Patagonia (así dicho como un país).
«La Patagonia había ejercido una fascinación a partir de los viajeros ingleses, incluso los franceses, porque un libro que encontré en París, 'Los Andes de la Patagonia' lo ratifica. Esos viajes de los ingleses y otros como los galeses provenientes también de los Estados Unidos motivaron una fábula atractiva que hizo la llegada casual de aventureros como Jones», dice Juárez recordando también la atracción de una similar geografía que fascinó con su inmensidad a estos singulares pioneros. (J.P.).
Un mundo aparte con el escenario del lago
«Crónica simplona» dice humildemente Francisco Juárez de sus «Historias de la Patagonia», y de simple no tiene nada a la luz de la copiosa información, la visión de una zona que es protagonista, los detalles que adornan a los personajes, las descripciones de utensilios, lugares, mobiliarios, caracteres. Se hilvanan emociones y sentimientos alrededor del gran espejo de agua que es el Nahuel Huapi, que fascinó a Jones, pero también a Roosevelt o al Príncipe de Gales.
Allí refleja el autor esa «búsqueda de personajes salientes más allá de los conocidos y acaramelados, porque quiero mostrar que era un territorio que al país no le importaba mucho, incluso cuando se habla de Sarmiento y Rosas». Para él todos tienen su cuota de responsabilidad en el pecado de soslayar bastante a la Patagonia.
Las historias que Juárez fue escribiendo y escribe sobre Río Negro, Neuquén o Chubut también instalan un tema geopolítico que involucra gobiernos tanto nacionales como provinciales. «Los pioneros arriesgaban mucho, a los que tenían una adjudicación de tierras les costaba mucho tiempo obtener sus títulos, aún el más juicioso tenía dificultades y entonces había bandoleraje». Ese mismo tema que tocará acercándose a los trabajos del investigador Elías Chucair. Según Juárez «había que contar sobre ese escenario donde todo costaba mucho y originaba fechorías y abusos por parte de todos».
Con la satisfacción de recibir elogios y llamados de radios, diarios y programas televisivos Juárez sabe que descubre m un mundo fantástico, el mismo que descubrió Roosevelt, «parece mentira que fuera él el primer ex presidente que visitara la zona», dice de este sibarita que se deslumbró, como pasó con Eduardo, el futuro rey de Inglaterra.
Comenta ese lugar ideal que fue para la llegada de las truchas exportadas de Estados Unidos y comenta cómo a la luz actual su Patagonia «es una transformación mayúscula» con un futuro impresionante, aunque lamenta que los planes de ferrocarriles no se concretaran en esta zona determinante, planes que inició Ezequiel Ramos Mejía.
Surgen los nombres de los nuevos devotos de la Patagonia, Turner, Bennetton o Ward Lay, como surgen nuevos proyectos que lo tienen en constante investigación: los bandoleros ingleses por un lado y los norteamericanos por otro serán algunos de ellos.
Francisco Juárez viene de compartir con Soriano o Verbitzky y otros notables una época de sensibilidad periodística especial. Su historia tiene que ver con esa «Historia oficial» en la que colaboró, y estas historias que escribió tienen que ver con lo que dice de «esa Patagonia que es como un escenario donde las investigaciones van surgiendo con los personajes. Porque de todas maneras el planeta es un escenario gigante». (J.P.).
por: JULIO PAGANI
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