Bush y Merkel deben profundizar su relación

por Ulrich Scharlack DPA

George W. Bush tuvo, en este caso, buen olfato político. En febrero del año pasado, el presidente de los Estados Unidos se encontraba en visita oficial a Alemania y le había solicitado al protocolo de ese país concertar una reunión con la líder opositora Angela Merkel.

En realidad, el viaje de Bush tenía entre sus objetivos reacomodar las relaciones con Alemania y su canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, después de las tensiones surgidas por la negativa alemana de ir a la guerra de Irak. Pero Bush ya estaba pensando en el futuro y quería conocer a la líder demócrata cristiana.

La CDU, el partido de Merkel, acababa de ganar poco antes del viaje del presidente estadounidense las elecciones regionales de Schleswig-Holstein y los asesores de Bush empezaban a considerar como factible que Merkel alcanzara la jefatura de gobierno en Berlín. Fueron apenas 15 minutos los que hablaron Bush y Merkel en Maguncia, una charla breve pero intensa, como se dijo en la oportunidad por el lado alemán. Merkel viaja ahora a Estados Unidos para proseguir, el viernes, sus conversaciones con Bush, esta vez en la Casa Blanca y por espacio de tres horas.

La ventaja de la breve charla en Maguncia hace casi un año es, sin duda, que no se tratarán como dos desconocidos. Merkel viaja a Washington con una intención muy clara: «Quiero que la calidad de las relaciones germano-norteamericanas vuelva a mejorar», adelantó estos días.

Después de las relaciones que, hacia el fin de la cancillería de Schröder, como sumo alcanzaron a ser de trabajo, ahora ambas partes intentan establecer un hilo directo entre Washington y Berlín. No significa que Merkel adopte una posición sumisa respecto de su interlocutor. Al contrario, pocos días antes de iniciar el viaje de hoy, Merkel se mostró firme y con buen tino para calmar de antemano cualquier desafío crítico en el seno interno. Vía entrevista periodística, transmitió sus diferencias con la administración Bush respecto de la política de lucha contra el terrorismo internacional.

Para la canciller alemana, el centro de detención que Estados Unidos mantiene en Guantánamo «no puede ni debe existir», y anunció que le pedirá a Bush que busque otra solución para los centenares de detenidos que mantiene en la base militar. En Alemania, esta posición, que ni siquiera se atrevió a formular su antecesor Schröder, fue aplaudida por todos, tanto por los partidos que forman la alianza de gobierno como por la oposición, aunque no quita que Washington se muestre indiferente ante el pedido.

La reacción de la administración fue una escueta frase del portavoz de Exteriores, Sean McCormack: «Si a esa gente la dejamos en libertad, retoma la lucha de inmediato». Con lo que ya hubo un intercambio de posiciones sobre el punto más crítico y por lo tanto no es de esperar que Guantánamo o el caso del ciudadano germano-libanés Khaled el Masri, secuestrado por agentes de seguridad de Estados Unidos sospechoso de actividades terroristas y posteriormente puesto en libertad, tomen una posición central en las conversaciones de mañana. Pero será interesante ver si Merkel los vuelve a presentar o si le pide a Bush la libertad de Murat Kurnaz, un turco nacido en Alemania que desde años se encuentra detenido en Guantánamo sin condena, ni juicio ni acusación concreta. Lo dominante será, después de intercambiar los debidos gestos protocolares, el acontecer internacional actual: los problemas con Irán por el programa atómico y la situación en el Medio Oriente después de la era Ariel Sharon.

La canciller y su ministro del Exterior, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, han sido claros con respecto a Irán y, expresando su gran preocupación por los últimos pasos dados por Teherán con la reactivación del plan nuclear, coinciden plenamente con Washington. Lo que hay que ver es si ambos coinciden también en las consecuencias a tomar frente al régimen iraní. A diferencia del caso Irak, Estados Unidos dio tiempo a Europa para encontrar una salida diplomática y negociada con Irán. Pero ahora es posible que se empiecen a dar otros pasos.

En Washington se considera ya casi inevitable que se convoque al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El tema Irán será prioritario, además, en la próxima reunión internacional de Merkel, el lunes próximo en Moscú, cuando sea recibida por el presidente ruso Vladimir Putin. Se trata de encontrar posiciones comunes en un problema que se está convirtiendo en una seria crisis internacional.


George W. Bush tuvo, en este caso, buen olfato político. En febrero del año pasado, el presidente de los Estados Unidos se encontraba en visita oficial a Alemania y le había solicitado al protocolo de ese país concertar una reunión con la líder opositora Angela Merkel.

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