Escándalo y descenso

Centenario cayó de categoría. Graves incidentes.

El peor final, no hay duda. Centenario no sólo descendió y se despidió en su cancha del Argentino B, sino que además el “Gigante” quedó manchado nuevamente por los vergonzosos incidentes que se produjeron antes, durante y después de los 90 minutos frente a Bella Vista. El partido terminó 2 a 1 para los neuquinos, pero nos les alcanzó. Es que los bahienses, que ascendieron de categoría, habían ganado 2 a 0, en su casa, en el cotejo de ida. Mucha tela quedará para cortar desde lo extrafutbolístico, pero poco se hablará desde lo deportivo. En realidad estos 90 minutos pasarán a la historia sin pena ni gloria, porque fue un encuentro mal jugado, trabado en la mitad de la cancha y con mucha pierna fuerte. En los primeros 45 poco pasó, y en el segundo hubieron siete minutos vertiginosos con dos goles de Centenario, que despertaron la ilusión, y el descuento final -golazo de tiro libre- del talentoso Pablo Arriagada, que destrozó los sueños locales. En ese momento lo futbolístico le dio pasó a lo policial. El escenario se transformó en un campo de batalla, el aire se llenó de piedras y hasta los jugadores rivales, viéndose atrapados, no tuvieron otra alternativa que saltar el alambrado de la tribuna visitante y escapar por la calle Cuba. Nadie se salvó de la vergüenza. Este diario se comunicó con el comisario Cerda, responsable del destacamento Alborada, quien informó que hubo dos demorados antes del partido y cuatro efectivos lesionados. “Hacía mucho tiempo que no veía un escándalo así”, aseguró un relator radial, que debió cortar la transmisión porque hinchas locales lo “apretaron”. Todo, una vergüenza.

Vergonzoso final

Fue un verdadero escándalo que se incubó durante una semana y explotó ayer con toda la furia. La definición entre Centenario y Bella Vista terminó en una batalla campal que no excluyó a nadie. Jugadores, dirigentes y simpatizantes terminaron a las trompadas, en medio de gases lacrimógenos, balas de goma y pedradas a diestra y siniestra. La bronca se inició en el partido de ida, cuando hinchas bahienses les robaron las camisetas a un puñado de neuquinos. Entonces la “vendetta” estaba el caer, y el preámbulo al escándalo se escribió antes del partido, con un cruce de piedras que no pasó a mayores. Pero la verdadera debacle se desencadenó a los 35 minutos del epílogo. Gran parte de los bahienses se treparon al alambrado de la tribuna visitante y comenzaron a romperlo para entrar. Unos 20 efectivos se apostaron para impedir el ingreso a la cancha, mientras un grupo de hinchas locales, ya en la calle, descargaba una andanada de piedras contra los “foráneos”, que fue contestada rápidamente. Mientras el partido se paraba y luego reanudaba, en la calle chocaron las dos hinchadas y la triste postal fue de corridas y violencia, con el ambiente cargado de gases y gritos. En la cancha el pitazo final determinó el descenso de Centenario y el inicio del “escándalo parte II”, porque los dos equipos se trenzaron en una batahola con hinchas incluidos. Los gases lacrimógenos llegaron a la cancha y, no viendo otra opción, los jugadores visitantes tuvieron que saltar por el alambrado para huir por la calle. Otro repudiable final.

La “Villa” y su día de gloria

Un día y medio tardó en llegar a Tucumán por desperfectos mecánicos del colectivo. Estuvo abajo en el marcador ante 27 mil tucumanos que hacían temblar el estadio. Pero Villa Mitre no se dio por vencido, sacó pecho, empató el juego (1-1) y en la definición por penales abrochó su ascenso a la B Nacional. Los bahienses tuvieron la oportunidad de jugar esta final frente a San Martín de Tucumán por haber sido los mejores en el Apertura del torneo Argentino A. El partido de ida en casa fue 2 a 2, y parecía que la cosa se ponía cuesta arriba. Para colmo, la tardanza en el viaje y una vez en la cancha la presión de un estadio que parecía un hervidero. Nada de eso amedrentó a los bahienses, que estuvieron abajo en el marcador tras un gol de Cristian Zárate, pero que logró empatarlo mediante Claudio Apud Si la justicia existiese en el fútbol, el partido tendría que haber quedado en manos de los tucumanos, que chocaron siempre contra una muralla con guantes llamada Fermín Ponte y una defensa que no mostró ninguna fisura. Llegó la lotería de los penales y la figura de Ponte se agrandó en el arco para detener los disparos de Manuel Acosta y Javier Lavallén. De esta forma, la “Villa” cantó campeón, dio la vuelta en Tucumán y llegó a la segunda categoría.


El peor final, no hay duda. Centenario no sólo descendió y se despidió en su cancha del Argentino B, sino que además el “Gigante” quedó manchado nuevamente por los vergonzosos incidentes que se produjeron antes, durante y después de los 90 minutos frente a Bella Vista. El partido terminó 2 a 1 para los neuquinos, pero nos les alcanzó. Es que los bahienses, que ascendieron de categoría, habían ganado 2 a 0, en su casa, en el cotejo de ida. Mucha tela quedará para cortar desde lo extrafutbolístico, pero poco se hablará desde lo deportivo. En realidad estos 90 minutos pasarán a la historia sin pena ni gloria, porque fue un encuentro mal jugado, trabado en la mitad de la cancha y con mucha pierna fuerte. En los primeros 45 poco pasó, y en el segundo hubieron siete minutos vertiginosos con dos goles de Centenario, que despertaron la ilusión, y el descuento final -golazo de tiro libre- del talentoso Pablo Arriagada, que destrozó los sueños locales. En ese momento lo futbolístico le dio pasó a lo policial. El escenario se transformó en un campo de batalla, el aire se llenó de piedras y hasta los jugadores rivales, viéndose atrapados, no tuvieron otra alternativa que saltar el alambrado de la tribuna visitante y escapar por la calle Cuba. Nadie se salvó de la vergüenza. Este diario se comunicó con el comisario Cerda, responsable del destacamento Alborada, quien informó que hubo dos demorados antes del partido y cuatro efectivos lesionados. “Hacía mucho tiempo que no veía un escándalo así”, aseguró un relator radial, que debió cortar la transmisión porque hinchas locales lo “apretaron”. Todo, una vergüenza.

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