Estados Unidos ve que el fuego contestatario de 'K' se apaciguó

Redacción

Por Redacción

Earl Anthony Wayne tiene más cara de pastor adventista que de diplomático americano forjado en la Guerra Fría. No hay en él mandíbulas cuadradas y apretadas paradigma en la materia: Boggie «El aceitoso» ni un discurso forjado en una idea del poder expresada en términos excluyentes.

Sucede que Wayne es diplomático de carrera. Reflexiona su profesión desde convencimientos esenciales para su desempeño: manejar tiempos, gestos y darle a lo inevitable un curso manejable.

Wayne llegó a Buenos Aires persuadido de dos realidades intrínsecamente ligadas a su gestión:

» EE.UU. es la nación más poderosa del mundo. Pero ese poder y el consecuente protagonismo no le están garantizando, a escala mundial, carencia de desafíos a su capacidad de control. Es más, en algunas partes del planeta esa capacidad está crecientemente comprometida. Huelgan los ejemplos: Medio Oriente, por caso.

» De cara a ese escenario, la relación con Argentina tiene muy relativa significación. Es un vínculo que, por lo demás, desde muy lejos en la historia tuvo déficits de entendimientos plenos de muy largo plazo. Un dato con aval de más de un siglo de colisiones de distinto calibre. «Argentina y los Estados Unidos sólo se relacionan desde la desconfianza», sostiene el americano Joseph Tulchin. Por mil razones y culpas repartidas en distinto grado, ésa es la realidad.

¿Qué nota hoy Washington en esta relación?

Que el fuego contestatario de Kirchner se apaciguó. Que las emociones, soltadas a favor de Chávez, comenzaron a sosegarse desde hace dos meses. Que en el caso Irán y su desarrollo nuclear quiste inquietante en el vientre norteamericano, Argentina los apoya. Que la resistencia de Argentina al ALCA quizá la vaya dejando ante los acuerdos individuales de comercio que la administración Bush logra con países del continente. Que la economía crece garantizada por una gobernabilidad con mucho de autoritaria, pero éste es un tema que no parece preocupar a la Casa Blanca.

Una cuestión, por otra parte, con una historia que trasciende a Kirchner. Porque quizá el mejor sinónimo de Argentina sea autoritarismo.


Earl Anthony Wayne tiene más cara de pastor adventista que de diplomático americano forjado en la Guerra Fría. No hay en él mandíbulas cuadradas y apretadas paradigma en la materia: Boggie "El aceitoso" ni un discurso forjado en una idea del poder expresada en términos excluyentes.

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