Jardín: Las plantas que pintan rojizo el otoño
Arbustos de hojas perennes o caducas funden la gama del rojo y visten el jardín en una época repleta de hermosos colores. Los consejos de Marianela Gasparini, ingeniera agrónoma del vivero “Las Varas” de Roca.
Llegó el otoño y la gama de los colores cálidos se funden en medio del paisaje brindando un espectáculo visual único. El patio de casa, un camino o simplemente una plaza; cualquier lugar es apropiado para que esta estación luzca su encanto.
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Marianela Gasparini, ingeniera agrónoma del vivero “Las Varas” de Roca, nos explica sobre los arbustos que pintan de rojo el ambiente a través de sus hojas, y los beneficios en esta época.
“En esta estación, las plantas cambian de color, es decir, cambia el color que nosotros percibimos”, aclara Gasparini. “El pigmento principal de las plantas es la clorofila, la cual tiene la función de absorber el dióxido de carbono en presencia de luz solar, además de producir los carbohidratos que requiere la planta, para su crecimiento”, añadió.
Al mismo tiempo, la profesional deslizó que “la clorofila absorbe longitudes de onda correspondientes al color rojo y azul de la luz, reflejando las ondas de color verde, que es el color que vemos. Esa producción de clorofila es muy intensa en las estaciones más cálidas, donde disfrutamos del verde. Al llegar el otoño, los días se acortan y las temperaturas disminuyen, lo cual hace que baje la intensidad del color”.
El beneficio de dejar las hojas en el suelo
Las hojas caen debajo de las plantas para devolver naturalmente al suelo parte de los nutrientes extraídos por las raíces; luego de ser descompuestas y procesadas por la fauna del suelo. Por lo tanto, la experta asegura que “es una buena práctica dejar las hojas caídas en el suelo. Si se rastrillan, se deberá fertilizar el suelo cada año para compensar las extracciones de nutrientes que realizan las plantas”. A su vez, el mantillo de hojas mantiene la humedad del suelo, el cual se expone a fuertes vientos en la zona y ayuda a disminuir los riegos en época de reposo de las plantas, donde solo necesita mantener apenas húmedo el suelo. También mantiene la temperatura, lo cual ayuda al proceso de desarrollo radicular que requiere planta, para enfrentar la brotación de la temporada.
Con el otoño aparecen los amarillos y rojos. Estos colores son consecuencia de otros pigmentos presentes en las plantas en menor cantidad. Los carotenoides son pigmentos que absorben los verdes y azules reflejando el amarillo y a medida que disminuye la temperatura, también disminuyen estos pigmentos apreciándose ocres y marrones.
Algunas plantas se tornan rojizas. Ese color es causado por los diferentes tipos de antocianinas, estos pigmentos absorben los azules y verdes reflejando la gama de los escarlatas y púrpuras, siendo los causantes de los colores rojos y azules que percibimos. Según la profesional, “hay plantas que poseen estos pigmentos en determinadas partes de las plantas, en altas concentraciones y sus hojas permanecen moradas todo el año virando sus tonalidades en otoño, cuando descienden las temperaturas”.
Arbustos de hojas caducas resistente al frío
Cotoneaster horizontalis: Arbusto leñoso, de porte postrado con ramas largas, que requieren podas para mantener un crecimiento desordenado propio de la especie. Hojas redondeadas, firmes, alternas de color verde oscuro. Se mantienen mucho tiempo en el invierno, tomando coloración rojiza en los bordes y soportando la escarcha de la helada, hasta que muy de a poco van cayendo sus hojas. En primavera brota, florece con flores blancas, las cuales se trasnformarán en pequeños frutos rojos. Se adapta a todo tipo de suelos, inclusive de poca profundidad. Desarrolla igual en condiciones de sol y sombra.
Viburnus opulus “Copo o bola de nieve”: Un clásico de nuestra zona, resistente al frío, vientos y falta de humedad en el suelo. Su porte puede alcanzar 1,5 m o más, requiere de podas para mantener un forma redondeada y ramas firmes que soporten el peso de los corimbos florales terminales de color blanco. La exposición al sol favorece la floración y las hojas verde claro adquieren tonos naranja brillante en otoño.
Forsythia: Ramas largas flexibles, pendientes, con hojas oblongas, florece sobre la rama en septiembre con flores solitarias amarillas. El follaje va cambiando de color en otoño hasta que alcanza el morado y cae. Se ubica en macizos grandes o en forma solitaria, alcanza un porte de 1 metro de alto y un radio del mismo tamaño. Prefiere pleno sol. Muy rústica, de bajo requerimiento de agua.

Abelias: Arbustos semi leñosos, de porte alto 1,2 m o enanas 50 cm con hojas pequeñas, verdes y sus combinaciones con bordes amarillos o blancos. Flores blancas o rosadas con forma de campana, agrupadas en corimbos, aparecen desde la primavera hasta el otoño dependiendo de la variedad. Soporta el sol directo durante todo el año, pero no debe faltarle nunca el agua.
Enredaderas: Parthenocissus tricuspidata “falsa parra “. Es una enredadera de hojas muy grandes, zarcillos en forma de ventosa que se adhiere a las paredes, de crecimiento rápido, muy tolerante a las bajas y altas temperaturas. No es exigente con el tipo de suelo, pero sí con el riego hasta que alcanza un buen desarrollo. Sus hojas brindan un espectáculo de color en otoño, cuando aparece al amarillo y diferentes tonalidades de rojo hasta que se caen.
La experta insta a no tener miedo a los cambios de color y la caída de hojas en esta época, que es parte del proceso natural de reposo de las plantas. Además es una excelente oportunidad para aprovechar el efecto de los colores del otoño para el diseño del jardín. “Los rojos se lucen con fondos naturales verde, mientras que los amarillos o grises, con fondos de paredes en tonos claros”, asegura.
Arbustos de hoja perennes, resistentes al frío
Nandinas: otro clásico de nuestra zona, muy elegante que acompaña las entradas de las casas, plantada en el suelo o en macetas. La más resistente al frío, permanece con sus hojas durante todo el invierno, las cuales pasan del verde al morado y luego al color borgoña tan esperado. De crecimiento lento, florece en primavera en pequeños panículos de flores blancas, al madurar alcanzan frutos rojos redondos, muy decorativos. No tienen exigencias en la calidad del suelo, pero no soportan el encharcamiento. Es importante ubicarlas en semisombra, evitando el sol directo en las horas pico del verano.
Cotoneaster dielsiana: A diferencia del cotoneaster horizontalis, sus ramas y hojas son más flexibles, se puede apoyar en columnas o alambrados, atando ramas y manipulando su forma. Sus hojas van tomando coloración rojiza durante el otoño e invierno hasta que se caen cuando comienza la brotación de primavera.
Laurentino odoratissimun: es un arbusto leñoso, de porte alto, puede alcanzar los 2 metros de altura. Ramas firmes, se puede utilizar en cercos vivos. De crecimiento lento en un principio hasta que se adapta al lugar. Requiere de suelos fértiles y profundos. Sus hojas son grandes, firmes, de color verde brillante, se tornan rojizas a medida que disminuyen las temperaturas. La desfoliación es lenta, finaliza cuando comienza la brotación de primavera.
Árboles y variedades para asegurar un colorido lugar
Liquidambar: árbol cónico de gran porte, corteza suberosa. Hojas lobuladas similares a los acer, pero a diferencia de éstos su ubicación es alterna. Muy lindo y alcanza su máximo esplendor cuando sus hojas se vuelven doradas, rojas y purpúreas. Su adaptación en la zona depende del tipo de suelo, no desarrolla bien en suelos calcáreos. Sufre la baja humedad del aire en verano hasta que alcanza un buen desarrollo.
Acer: Las variedades palmatum, Acer sacharium y buergherianum tienen hojas lobuladas, opuestas y adquieren tonalidades ocres y rojizas en otoño. Pueden ser arbustos o árboles de copa en función de su poda. Sufren la falta de humedad del aire en verano, al igual que el liquidámbar, sufren la deshidratación del borde de sus hojas durante enero y febrero. “Si pudiéramos evitar el sol de tarde en verano en estas especies, se adaptarían con más facilidad”, afirmó Gasparini.

Fresno rojo: árbol de gran porte, de madera oscura y follaje verde intenso. Se utiliza en veredas anchas para sombra y resiste al calor y condiciones adversas de frío y viento. Sus hojas viran del verde al rojo directamente sin pasar por el amarillo.
Rhus suscedanea: Árbol de gran porte y se adapta muy bien a la zona. El tronco y las ramas son firmes de color grisáceo, las hojas son grandes con folíolos opuestos, los cuales se tornan anaranjados y purpuras en otoño.
Peral de flor: “Nos recibe en la Avenida Roca al ingreso de la ciudad con su imponente floración blanca en primavera”, destaca Gasparini. Su follaje verde brillante en primavera-verano y toda la gama de rojos desde el otoño hasta la llegada del invierno, donde terminan de caer sus hojas.
Llegó el otoño y la gama de los colores cálidos se funden en medio del paisaje brindando un espectáculo visual único. El patio de casa, un camino o simplemente una plaza; cualquier lugar es apropiado para que esta estación luzca su encanto.
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