Medicina no se cierra

Por Ismael Andía

Redacción

Por Redacción

En 1996 la UNC creó la carrera de Medicina por ordenanza del Consejo Superior. No cabe duda de que, desde el punto de vis-ta de la buena administración universitaria, aquella ordenanza 420/96 constituyó un acto de irresponsabilidad sin precedentes.

Cuando digo «acto irresponsable» me refiero al hecho a todas luces condenable de crear una carrera en la universidad -y nada menos que Medicina- sin la asignación presupuestaria básica para su funcionamiento.

La ordenanza establece «aprobar el proyecto de presupuesto estimado que será puesto a consideración de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Cultura y Educación para el período 1996-2002».

Si quien firmó esa ordenanza no hubiera actuado irresponsablemente y con fines espurios y hubiera tenido aunque sea una vaga idea de sus obligaciones como funcionario, el artículo mencionado y la ordenanza deberían haber aguardado a que el Congreso de la Nación asignara en forma segura y definitiva al presupuesto de la UNC los fondos para el funcionamiento de la carrera.

Sin embargo, el funcionario y quienes lo apoyaron levantaron su mano con el mismo grado de irresponsabilidad, sin tener en cuenta los futuros, los sueños y las expectativas de mucha gente.

¿Por qué lo hicieron? Evidentemente, era para ellos más importante el rédito político inmediato que el futuro de la Universidad y de la región. Y así se creó nuestra carrera de Medicina, sin un presupuesto seguro y sobre la base de promesas de los funcionarios de turno, incumplidas.

Las mismas reglas

En ese marco, el rector Jorge Rabassa propuso estudiar la posibilidad de discontinuar el ingreso a la carrera para hacerlo cada año por medio. En aquella oportunidad, el Consejo Superior, órgano de gobierno de la Universidad, no aceptó tal propuesta y ordenó continuar con el necesario aporte del presupuesto propio de la institución universitaria.

Así se continuó trabajando con el objetivo de sostener la carrera y desarrollarla, a pesar de los constantes incumplimientos presupuestarios por parte del Ministerio de Educación de la Nación.

Medicina quedó atada a las mis-mas reglas que el resto de las carreras de grado de la Universidad Nacional del Comahue en lo que se refiere a su situación presupuestaria. Es en ese marco que la actual gestión apoya, defiende y desarrolla la carrera de Medicina.

La diferencia con el resto no es de características endógenas a la institución, sino exógenas. Me refiero a los permanentes obstáculos que se interponen desde afuera, ya sea de anteriores funcionarios, de dirigentes políticos y desde algún medio de comu- nicación, que aprovechan el espectáculo, creando una sensación de inseguridad en estudiantes, profesores, docentes y no docentes.

La última escena creada fue la originada por el informe de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau). Sorpresivamente, a través de algunos medios se comenzó a derramar un torrente de opiniones de todo tipo y procedencia. Pero no se consultó a la actual conducción de la UNC, a quienes debió haberse consultado, antes de despachar tan grande cantidad de inexactitudes y mala información.

Con absoluta desfachatez se hicieron análisis sobre el mencionado informe y sus consecuencias, sin saber de qué se hablaba, qué era la Coneau, qué significa haberse presentado la Universidad voluntariamente a la acreditación.

Algunas de las sandeces leídas o escuchadas en los últimos días, seguramente fueron producto de la ignorancia, pero otras de la pusilanimidad o la mala intención de algunos.

La acreditación de la Coneau

Me voy a detener en el punto referido a la presentación voluntaria a acreditación ante la Coneau, decidida a fines de 1999 por el Rectorado de la Universidad. En ese momento, la Coneau invitó a la Universidad a presentarse voluntariamente al proceso de acreditación. (A partir del 17 de noviembre de 2000, será obligatoria para todas las carreras de Medicina del país).

Como es de público conocimien-to, la UNC no adhiere a la Ley de Educación Superior. Es más, el Consejo Superior se manifestó rechazando tal norma. La Coneau es justamente uno de los organismos que crea dicha Ley.

¿Por qué, entonces, el Rectorado decide presentarse voluntariamente a la evaluación de un organismo que está creado por una Ley a la que no se adhiere? Las carreras de Medicina van a la cabeza de aquéllas cuyo título, si bien es otorgado autónomamente por la Universidad, requerirán de una posterior habilitación profesional. Dicha habilitación -en un futuro- se otorgará a los médicos egresados de carreras acreditadas por la Coneau.

Algunos pillos han dejado rodar la versión de que el Rectorado presentó la carrera a acreditación como una maniobra para su cierre definitivo. En esto hay, al menos, ignorancia, por-que un dictamen de la Coneau -por más negativo que fuese- jamás puede ordenar la suspensión de carrera alguna. A lo sumo, no la acreditará y ésta seguirá evolucionando hasta lograr su acreditación.

Si la actual gestión de la UNC tuviera la intención de darle el golpe final a la carrera, no le hubiera costado nada negarse a cualquier presentación voluntaria u obligatoria, amparándose en la oposición de la UNC a la Ley de Educación Superior. No les quepa duda alguna a quienes manifestaron que la presentación fue someterlos al escarnio, que aquella decisión hubiera sido, sí, el acta de defunción de la carrera de Medicina.

Es importante destacar, además, que sólo cuatro carreras lograron hasta ahora la acreditación: una pública (la de Tucumán) y tres privadas. En igual condición que la UNC quedaron otras ocho universidades. Además, hubo nueve carreras que aún no se presentaron a acreditación y que deberán hacerlo obligatoriamente.

En estos días se está trabajando en un plan de desarrollo solicitado por la Coneau, el cual deberá contener los pasos necesarios con metas, factibilidades y tiempos concretos para su normalización definitiva.

Es decir, la primavera nos encontró nuevamente trabajando para que nuestra carrera de Medicina se consolide y podamos tener dentro de tres o cuatro años nuestros primeros médicos egresados, que seguramente serán orgullo para la medicina argentina.


En 1996 la UNC creó la carrera de Medicina por ordenanza del Consejo Superior. No cabe duda de que, desde el punto de vis-ta de la buena administración universitaria, aquella ordenanza 420/96 constituyó un acto de irresponsabilidad sin precedentes.

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