Un sanantoniense, el encargado de traducir el mapuche
SAN ANTONIO OESTE (ASA).- Hace varias noches que a Aparicio Millapi le cuesta conciliar el sueño. Cuando desde el Obispado de Viedma le confirmaron que sería el encargado de traducir al español el pedido de beatificación de Ceferino Namuncurá que en mapuche hará un integrante de esa comunidad frente al secretario de Estado del Vaticano, Tarcicio Bertone -representante del papa Benedicto XVI- el laico sanantoniense recibió la distinción con asombro y orgullo.
«Es un servicio, esta misión que para mí es tan grande, a los ojos de Dios tiene el mismo valor que aquel que acomoda las sillas, el que está sirviendo la comida o cualquier otro, es un servicio que debo dar, solamente que con más exposición», afirma Aparicio con su característica humildad. «Para mí Ceferino es un modelo ejemplar divino a imitar. Ceferino entendió lo que pide el Evangelio», sostiene convencido.
El beato fue clave para que Aparicio Millapi se incorporara a la Iglesia Católica hace más de 40 años. De origen humilde, dejó su Picún Leufú natal y con su esposa y una pequeña hija salieron a recorrer el mundo. Una estampita de Ceferino los acercó a la religión y luego la acción de unos curas salesianos que los ayudaron frente a la adversidad y la pobreza los incorporó plenamente al ejercicio cristiano. Con tres hijas mujeres y dos varones, hoy Aparicio y su familia dedican su vida Dios.
Laico misionero
A mediados de los ochenta Millapi fue enviado a Chimpay como laico misionero a cubrir allí la ausencia de párroco permanente. «Estuve cinco años viviendo en esa comunidad y con mi familia aprendimos a conocer la vida de Ceferino», afirma. Desde esas épocas las enseñanzas del beato mapuche lo acompañan día a día.
Esta experiencia de la que será protagonista el próximo domingo no es la primera de estas características que Millapi conservará para siempre en su memoria. «Dios ha sido generoso conmigo. Una vez, estando en Viedma, me tocó cuidar el sector de los enfermos ante la llegada del Papa Juan Pablo II. En ese momento, pasó el Sumo Pontífice y bendijo a una niña enferma que yo tenía en brazos y pude rozarle la mano. Eso no me lo olvido más», recuerda Millapi, sabiendo que la ceremonia de Chimpay también quedará entre sus más gratas vivencias.
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