Me-ssi, sí, sí ….

Redacción

Por Redacción

Marcelo Angriman*

En el año 2009, Messi dijo “Nada me jode más que me digan que no soy argentino. ¡Qué sabrán de mis sentimientos!”

Básicamente en la Argentina se le criticaba por no transpirar la camiseta, no conocer el medio local, no rendir como lo hacía en el Barcelona, no hacer goles con la celeste y blanca y hasta haber gritado con ganas el que convirtió en la final del mundial de clubes contra Estudiantes de La Plata.

Pasaron trece años y en ese ínterin se perdió la final de un Mundial contra Alemania en Brasil 2014, fuimos eliminados en octavos de final de Rusia 2018 y caímos en tres finales de la Copa América, 2007, 2015 y 2016.

Contra la corriente decíamos desde aquel entonces que Messi sabía muy bien que su ADN es argentino y que integrándolo a una gran orquesta; tal vez pudiese rescatar lo mejor de su música y de vez en cuando regalarnos algún solo.

Pues bien, esa formación se empezó a gestar con la llegada del ignoto Lionel Scaloni, quien conservó a Otamendi, Acuña, Tagliafico y luego de un tiempo a Di María, fortaleció todas las líneas a partir de la convocatoria de los desconocidos Dibu Martínez, el Cuti Romero y aprovechó los buenos momentos de cada jugador particularmente de Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y Lautaro Martínez.

Solo con la obtención de la Copa América tras vencer a Brasil el 10 de Junio de 2021 a Messi se lo dejó de discutir y por vez primera el capitán se soltó y comenzó a gozar de formar parte de la Selección.

Más allá de los resultados, la forma de comportarse del capitán no pasó inadvertida. Arengando a sus compañeros antes de la gran final, abrazándose a Neymar Jr. tras el partido e impidiendo mofarse del equipo vencido o mandando un mensaje , embobado por celular, desde la verde grama del Maracaná a su esposa e hijos.

Cuenta Scaloni que en Noviembre 2021, tras el partido de las eliminatorias para Qatar en San Juan, le hizo entender al 10 que la gente se estaba ilusionando demasiado con el equipo y él le contestó que avanzaran, que si se daba mejor y si no se haría el intento.

El liderazgo sano que ejerció el rosarino sobre sus compañeros y la devolución incondicional de estos para con él, fue una de las claves que transformó a un grupo de jugadores en un verdadero equipo.

Hasta llegar a Qatar con grandes incertidumbres respecto al funcionamiento del equipo y de cómo reaccionaría frente a equipos europeos de fuste. Incógnitas que se agigantaron luego del traspié frente a Arabia Saudita y la falta de gol ante México, que solo se logró quebrar con un golazo de Messi de larga distancia.

Los encuentros que siguieron mostraron un rendimiento in crescendo, no sin sufrir ante Australia, Países Bajos (Ver columna El bobo de todos del 13-12-22) y jugar un partido sin fisuras frente a Croacia.

La final contra el campeón Francia era muy difícil de escudriñar. Recordemos que la gesta del Maracaná fue sin público y la presión de la legión de argentinos que viajaron a medio oriente, importante. El equipo galo por su parte aparecía como un rival con jugadores desequilibrantes y un sistema de juego frontal y aceitado. El fantasma de Mario Gotze rondaba por la cabeza de todos, hasta que el partido se inició y Argentina mostró su superioridad con suficiencia.

Nuevamente cuando faltaban quince minutos, y en pocos instantes Francia da vuelta el partido y lo empata con dos goles de K.O de Mbappe. Una nueva prueba a la fortaleza mental del equipo que consigue una ventaja efímera (Messi de rebote, 3-2) que es contrarrestada con un penal concretado por el 10 de Francia (3-3) para casi caer, si no fuera por la extraordinaria atajada de hándbol de Dibu en el suspiro del global. En definitiva una final frenética y extenuante, desde lo físico y lo mental.

Luego vendrían los penales, las concreciones de todos nuestros jugadores y las manos nuevamente salvadoras de Emiliano Martínez, para coronar a una selección versátil con vitales revelaciones como Enzo Fernández, Julián Álvarez y Alexis Mc. Allister.

Esta selección como ninguna otra representa a la gente, a la simpleza, a las personas que se levantan temprano a trabajar y muestran la foto de sus hijos a sus compañeros. Los mensajes de Scaloni y de Messi, son inequívocos en tal sentido. Gente de pueblo, que hablan simple y no tienen aires de divos.

Cuanto bien le hace este representativo a nuestro país. Su perseverancia, su liderazgo, su compañerismo y la demostración de que unidos podríamos estar para grandes cosas. Una indispensable vuelta de página, tras treinta y seis años de sequía de títulos mundiales. Un punto final al estéril dilema entre Maradona y Messi.

Que una nueva generación de jóvenes tenga orgullo de vestir una camiseta albiceleste es algo que solo ha conseguido el fútbol. Que una población entera pueda exteriorizar tanta alegría, una necesidad.

Una clase de valores, para tanta dirigencia política inoperante.

Ver a Messi alzar la copa del Mundo es el sueño de muchísimos argentinos y principalmente de sus propios compañeros de equipo. A los 35 años y luego de tantos intentos, por fin lo ha logrado. Salud, al nuevo campeón del mundo.

(*) Abogado. Profesor de Educación Física. Docente Universitario. angrimanmarcelo@gmail.com


Marcelo Angriman*

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