Versos y canciones de un poeta en extinción

Carlos Vidal es uno de los más reconocidos cantautores de Uruguay. Para él no es raro acompañar o hacer de telonero de artistas como Jaime Ross, que hace unos días estuvo en Neuquén, o Pablo Milanés. En la tierra de Mario Benedetti y Enzo Francescoli, Vidal llena teatros. Por cuestiones del destino vino a pasar unos días al Alto Valle. Apenas si cantó un día entre amigos. Ahora sueña con volver en breve y mostrarse. Conversó con «Río Negro».

Carlos Vidal pertenece a esa extraña raza de poetas en extinción. Por eso no se avergüenza de leer en la mesa de un bar a principios del tercer milenio. Su lógica de vivir consiste en no saber nada de lo que le pueden deparar los tres minutos siguientes después de cualquier cosa. Algo así como el «no te ates a nada de lo que no puedes deshacerte en 30 segundos después de doblar la esquina», cuando Robert de Niro le dice a Al Pacino en la película «Fuego contra fuego». Así es Carlos Vidal, aunque menos beligerante que De Niro.

Hace poco estuvo en Roca. Claro que no firmó autógrafos. Nadie lo conoce acá. Un Joaquín Sabina de visita en las colinas donde habita el Dalai Lama, es nadie.

A pesar de ello, Vidal existe. Canta, es uno de los mejores amigos de Jaime Roos, lo conoce bien a Rubén Rada y ahora se prepara para hacerle de telonero a Pablo Milanés en Montevideo.

Pero entonces ocurre algo. Algo que a los artistas les hace perder la universalidad, el nunca saber cuáles serán los datos de sus biografías una vez pasados a la inmortalidad.

A Vidal le preocupa eso. El saber que después de ser uno de los músicos más taquilleros de la trova melódica uruguaya, su poesía no alcance a entrar en escena. Porque es eso ante todo: primero poeta y después músico. (Ver aparte)

La casualidad lo encontró hace días en estas latitudes. La casualidad es siempre el destino. Hace poco lamentó la pérdida de su madre, huyó de Uruguay y aterrizó en el Alto Valle a buscar un refugio dentro de su pasado. Su familia, primos y su padre son de estas tierras.

Una mesa en un pub roquense a la 1 AM gira el CD «Donde los sueños», su última placa, después de una hora, se escucha «Intimo», su trabajo preferido:

-Candombe, se escuchaba el candombe, la cultura afrouruguaya nosotros la hemos observado del negro durante años, y ahí se nos ha ido pegando. Estuvimos en el pub que tenia el saxofonista Carlos Lastra en Montevideo, que era el reducto de la gente que hacia jazz, poesía, y ahí contacte con Pedro Aznar, dice inquieto Vidal mientras pide otra cerveza.

Recuerdos del sur

-¿Qué cosas hay de tus canciones en los meses en que alternabas entre Montevideo y Roca?

-Bueno, eso era de muy chico, recién me estaba formando como músico. Me formé en guitarra con la música clásica durante muchos años. Estuve haciendo flamenco, también escribía por un lado y componía música para guitarra por otro.

-¿Y el flamenco de dónde viene?

-Es como la música negra, muy sanguínea, lo sentís en la piel o no. En mis canciones hay momentos… (suena en el pub uno de los temas) fusionó mucho musicalmente, si bien el hilo que une todo es la letra, lo que más hago es fusionar música que puede encajar en el soul con ritmos más latinoamericanos como el candombe, la rumba o el vacilón.

-Lo del flamenco como música sanguínea, ¿te pasa lo mismo con el candombe?

-Sí… sí, quizás el flamenco me haya abierto hacia el jazz, a la improvisación y creación de música, porque la música clásica te abre, te cultiva por el lado para abrirte a nuevas cosas.

-¿Y el tango de dónde te pega?

-Letras, Discépolo, Horacio Ferrer… En la música, Astor Piazzolla, Mederos, Saluzzi.

-Tenés una extraña amalgama, ¿no?, un encuentro generacional.

-Te cuento qué nos pasa a nosotros con el tango. En Uruguay desarrollaron una música ciudadana que vino de la mano de la cultura afro y europea, que es la murga, porque tuvo sus orígenes en España, no es netamente de acá, pero el candombe sí, a diferencia.

Todo lo que sucedió acá antes de Piazzolla, y todos los problemas que tienen ustedes, que no los tenemos nosotros, pero que pudieron tener los argentinos y que cultivaban determinado tango y que luego tuvieron que escuchar a Piazzolla, y les resulto raro; nosotros no vivimos tanto esa controversia. Por eso lo de Medero, Saluzzi y Piazzolla.

-¿Qué pasó con el jazz en los Estados Unidos, antes y después de Coltrane o Miles Davis…? Y es raro que una persona te diga, me gusta Piazzolla, pero también Pugliese, ¿da lo mismo?

-No, no da lo mismo, sucede que a nosotros nos llega toda la buena música, hay que respetar todos los géneros, como todo aquel que se sube al escenario que tenga algo que decir, que contar de lo que haya vivido, no una sanata. Somos muchos compositores allá trabajando en vetas de música muy variada de música y poesía que se van a ir conociendo lentamente en la Argentina.

-¿Un recuerdo de Roca?

-A los 18 años toque en un pub que había, con una chiquilina que cantaba rocanrol que era espectacular, Giagetto de apellido, el padre es médico cirujano, o algo así.

-¿María Eugenia Giagetto?

-Sí, sí. Me acuerdo.

Un boliche en la vieja Montevideo

El boliche «La Barraca» es el más popular de Montevideo. Ahí suelen tocar Jaime Roos, Laura Candoura y la murga Falta y Resto, que acompañó a Vidal en su último disco.

-En Montevideo llenás el Solís y el Plaza y se acabó el techo. En la Argentina el límite musical está mucho más arriba. Y también el de las demás artes. En literatura, tenés que remitirte nada menos que a Borges. Que es un místico, un incomprendido como Astor Piazzolla -opina Vidal.

-A Norman Mailer le sorprende que Borges esté entre los dos escritores mejores del mundo siendo sudamericano.

-Seguramente.

Ahora recita un poema del libro «Manojo», una colección de escritos, algunos de ellos son canciones.

-Comienza el show. Hoy la gran luz no acompañó y la ilusión se nos quedó dormida en un escaparate vacío. Hasta la viuda que te amó no se quedó a ver la función. En un instante se hizo sombra, entre el humo, se esfumó. Qué maravilla, la luna brilla igual que ayer. En un momento de emoción quedó formada otra canción con gusto a tango. No importan ni la razón, ni la gente, ni el qué dirán, pues esta noche toco yo y la banda un tango en soledad. Vuelta a empujar. El repechito de la fe, cual zancadilla puesta al pie de un escalón imaginariamente interno…


Carlos Vidal es uno de los más reconocidos cantautores de Uruguay. Para él no es raro acompañar o hacer de telonero de artistas como Jaime Ross, que hace unos días estuvo en Neuquén, o Pablo Milanés. En la tierra de Mario Benedetti y Enzo Francescoli, Vidal llena teatros. Por cuestiones del destino vino a pasar unos días al Alto Valle. Apenas si cantó un día entre amigos. Ahora sueña con volver en breve y mostrarse. Conversó con "Río Negro".

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora