Se fue Hugo Midón, el rey de los niños

Ayer, a los 67 años, murió el mayor referente del teatro infantil en la Argentina. En 1970 estrenó su primera obra, “La vuelta manzana”, una pieza que marcó a generaciones de niños, hoy ya adultos, que confiaron desde entonces en sus creaciones llenas de humor irreverente y con una visión nada edulcorada.

Hugo Midón tenía los ojos serios, las arrugas profundas, la voz grave, marcada por el cigarrillo.

Hugo Midón no se ponía nariz de payaso. No andaba por ahí haciendo chistes tontos a los pequeños.

Hugo Midón era serio. Tan serio como el que sabe que la infancia no es pura broma, y que hacer teatro para chicos no es el escalón inferior ni mucho menos el subsuelo para ascender al teatro adulto y comprometido.

Hugo Midón, que murió ayer, a los 67 años a causa de un tumor cerebral, siempre creyó y profesó la religión de su maestro Ariel Buffano: “No hay flores para chicos y flores para adultos. Las flores son flores para todos” . Y punto.

Por esas cuestiones, Hugo Midón les podía hablar de la canasta familiar (“No tenemos nada que perder, no tenemos nada que ocultar. No tenemos nada, y sin embargo, tenemos más”) y de los cacerolazos que hicieron sonar el gobierno de De la Rúa, en “Vivitos y coleando”; de los derechos humanos, y de la guerra (“No va más, esto de ser dueños de la tierra/esto de pelear y hacer la guerra por ser dueños de la tierra/ no va más./Esto de imponer lo que yo quiero por el miedo/ no va más”).

Hugo Midón les podía hablaba de la última dictadura militar en “Narices”.

Hugo Midón les hablaba a los niños y a los grandes que los acompañaban para que cada uno tomara la flor que más le gustara. Y así, les habló a los dos.

“Hace años, una señora me conoció personalmente y me dijo: Ah, ¿es usted? Me lo imaginaba gordito y blanco. Como hace teatro para chicos…. La gente cree que hay que ser como un ángel para hablar con los chicos y no es así. Al contrario. Hay chicos fantásticos, chicos interesantes, sosos, inteligentes, sensibles, pero no todos son mágicos, no todos son inocentes. Hay chicos caprichosos, chicos rencorosos. A esos chicos, ir por el lado de la magia, la inocencia, la fragilidad, no les produce nada”, contó alguna vez.

Si algo caracterizó el teatro de Midón y de su inseparable compañero de ruta, el músico y compositor Carlos Gianni, fue justamente que trató con inteligencia a los unos y a los otros, sabiendo que ambos gozaban de inteligencia. Que nunca creyó que lo suyo era una tarea menor. Y que cada vez que montaba una obra lo hacía con todo lo que tenía a mano: excelencia actoral, guiones sensibles y canciones que se hunden más allá de la superficie para que las oiga el que las pueda oír.

La primera experiencia con el teatro de Hugo Midón, fue casi una revelación. A los quince años, mientras estrenaba su adolescencia en las calles de San Isidro, un tanto oscuras, vio la luz: un cartel luminoso anunciaba un sainete de Chéjov. Se metió. Vio la obra y se inscribió después en una escuela de teatro como un converso se abraza a su nueva religión.

Desde los 27 años, lo suyo fue el teatro infantil. Y no sólo lo renovó, quitándole esa pátina azucarada, sino que además sentó las bases de la comedia musical en la Argentina.

Midón no sólo escribió y dirigió sino que fue maestro de actores. Diego Reinhold, Andrea Tenuta, Favio Posca, Ana María Cores, Omar Calicchio, Roberto Catarineu y Gustavo Monje fueron algunos de los actores que se lucieron en sus puestas. Y nunca escatimó recursos para las escenografías y los vestuarios que muchas veces hicieron Renata Schussheim y Mónica Toschi.

“El Imaginario”, “Vivitos y coleando”, “Derechos torcidos” , “Huesito caracú”, “Narices”, Locos ReCuerdos”“El salpicón”, “Stan y Oliver”, “La Familia Fernández”, “Juego de reyes”, “Popeye” y “Objetos maravillosos” son algunas de sus grandes obras. Además, dirigió en el Teatro Colón las óperas “Socorro, socorro, los Globolinks”, de Giancarlo Menotti, y “Hansel y Gretel”, de Engelbert Humperdinck. E hizo también obras para adultos.

El año pasado, y en su homenaje fueron creados los Premios Hugo, que distinguen lo mejor de la comedia musical en Buenos Aires.

Y en el medio, Midón recibió reconocimientos, premios y desde 1982 fue director y docente del centro de formación teatral Río Plateado.

Pero sobre todo, Midón recibió el aplauso, las risas y la emoción de un público que lo siguió desde aquella primera vez, con la inolvidable “La vuelta manzana”. Un público de niños inteligentes, sosos, interesantes, sensibles, caprichosos, fantásticos o rencorosos. Y de adultos también. Porque el les dio las mismas flores a unos y otros.

Hugo Midón creyó siempre que el teatro para niños no era el escalón inferior para ascender al teatro adulto. Él le puso su pasión, su inteligencia y su compromiso.

VERÓNICA BONACCHI

vbonachi@rionegro.com.ar


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