“Trabajando todo se puede”: de cosechadora de frutillas en Neuquén a producir 70.000 kilos de frutas finas al año
La historia de Aurora es, en muchos sentidos, la historia del polo frutillero de la Patagonia. Llegó desde Bolivia, trabajó casi una década en chacras de Plottier y se formó en uno de los viveros de plantines más importantes del continente. Así aprendió cada etapa del cultivo de la frutilla, sin imaginar que ese conocimiento sería la llave para transformar su vida.
En Neuquén, la historia de Aurora Cori resume a la perfección la esencia del polo de frutillas de la Patagonia: el empuje de la comunidad boliviana, el aprendizaje dentro del propio sector, el salto al arrendamiento y el crecimiento a fuerza de trabajo. Su recorrido la convirtió en un caso representativo del sector y, al mismo tiempo, en un ejemplo destacado de éxito dentro de la actividad.
De cosechadora a productora: los comienzos de Aurora en Neuquén
Aurora llegó desde Bolivia y, como muchos productores de Plottier y Senillosa, primero trabajó para otros. Durante nueve años cosechó, deshojó y desguió frutillas en chacras y también fue parte de Patagonia Agrícola, uno de los viveros de plantines más importantes de Latinoamérica. Allí aprendió todo el ciclo del cultivo. “Aprendí todo sobre la frutilla: desde la plantación hasta la cosecha”, recuerda.
Su historia refleja la dinámica del polo: trabajo intensivo, empleo familiar y un salto posible gracias al ahorro. En 2014, junto a su hermano y su cuñada, arrendó una pequeña fracción de tierra y puso sus primeros 20.000 plantines. La experiencia previa, el conocimiento técnico adquirido y el acompañamiento de su familia le permitieron consolidarse en un sistema donde casi todos los productores son arrendatarios, con parcelas pequeñas y alto riesgo económico.

En ese camino de crecimiento aparece una anécdota que ella misma considera un punto de inflexión. Aurora relató el día en que golpeó la puerta del vivero de Antonio Ortega para comprar sus primeros plantines propios. Después de años plantando, cosechando y clasificando plantas allí, volvió ya no como trabajadora sino como emprendedora, lista para iniciar su propio camino. Sus ahorros no eran suficientes para comprar los plantines que requería, pero Ortega sabía quién era Aurora: le permitió llevarse lo que fue a buscar, dejando el saldo restante a cuenta. Un gesto que la productora aún recuerda y agradece, pues fue el impulso que su negocio necesitaba para arrancar.

Aurora representa a los 71 productores de la zona que sostienen la frutilla como actividad central y que, con trabajo de lunes a lunes, impulsan un polo productivo destacado de la Patagonia.
Frutillas en la Patagonia: de pequeño emprendimiento a caso de éxito
Lo que empezó con un tercio de hectárea hoy es un establecimiento de tres hectáreas y media mecanizado, diversificado e integrado. Aurora incorporó tractor, herramientas y una camioneta para mejorar la logística. También instaló cámaras frigoríficas que le permiten procesar y almacenar mix de frutos rojos congelados y abastecer durante todo el año. Está próxima, además, a habilitar su propio galpón de empaque.

Su producción principal sigue siendo la frutilla, pero sumó mora y frambuesa para ampliar su oferta y estabilizar ingresos. Esta diversificación es una tendencia creciente dentro del polo, y Aurora es una de las productoras que mejor la encarnan. Hoy produce, entre frutillas, moras y frambuesas, cerca de 70.000 kilos de frutas por temporada.
El manejo de sus cultivos, el aprendizaje técnico y la continuidad en el trabajo fueron claves. “Con mi pareja y mi familia estamos horas y horas en el campo trabajando, no tenemos sábados, hay veces no tenemos domingos. Hay que cumplir con los clientes, con los pedidos, con las cosechas”, cuenta Aurora, demostrando su disciplina, seriedad y responsabilidad. Y los resultados llegan: “Yo, gracias a Dios, puedo sustentar a mi familia económicamente, mi hija está estudiando. Trabajando todo se puede lograr”.
Aurora es un ejemplo de lo que la tecnificación, la integración comercial y el esfuerzo constante pueden generar en un sistema productivo basado casi exclusivamente en el trabajo familiar.
Su trayectoria muestra que, incluso en un esquema de arrendamientos variables y exigencias altas, es posible crecer, diversificarse y consolidar una marca propia. Aurora Cori es hoy una referencia del polo frutillero de la Patagonia y una trabajadora incansable, cuyo camino refleja de manera fiel el ADN de la actividad.
En Neuquén, la historia de Aurora Cori resume a la perfección la esencia del polo de frutillas de la Patagonia: el empuje de la comunidad boliviana, el aprendizaje dentro del propio sector, el salto al arrendamiento y el crecimiento a fuerza de trabajo. Su recorrido la convirtió en un caso representativo del sector y, al mismo tiempo, en un ejemplo destacado de éxito dentro de la actividad.
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