El chinchillón, un roedor de las montañas de Neuquén que pocos saben reconocer

Vive en formaciones rocosas de altura y forma parte del equilibrio natural de la provincia. No está en peligro, pero su presencia revela un ecosistema frágil que convive con el turismo y la actividad humana. Es importante reconocer estas especies y promover actividades de observación responsable.

Entre los paredones volcánicos, las cornisas de piedra y los roquedales del norte y centro de Neuquén, hay un habitante que suele pasar inadvertido para la mayoría de quienes recorren esos paisajes. Se trata del chinchillón, también conocido como pilquín o “ardilla”, un roedor de montaña que observa el mundo desde las alturas y forma parte del entramado natural de la provincia.

El chinchillón de Neuquén: un especialista de la vida en altura


Aunque no es una especie amenazada, su presencia habla de ambientes bien conservados y de una fauna que convive con el avance del turismo, las actividades productivas y la curiosidad humana, se desatacó desde la secretaría de Turismo de Neuquén . Reconocerlo y respetarlo es una forma de cuidar esos ecosistemas de altura, donde cada especie cumple un rol silencioso pero clave.

De hábitos diurnos y carácter confiado, el chinchillón suele verse por la mañana, asoleado sobre las rocas o dándose baños de arena. Vive en pequeños grupos familiares que integran colonias más numerosas. Cada familia ocupa refugios naturales entre grietas y rocas, donde encuentra reparo frente al viento, el frío y las nevadas.

De hábitos diurnos, el chinchillón suele verse por la mañana, asoleándose sobre las rocas o desplazándose entre formaciones pedregosas.

Especialista de la vida en altura, se desplaza con notable agilidad entre los roquedales, saltando de una cornisa a otra y utilizando su larga cola como apoyo para equilibrarse. Ante una amenaza, emite silbidos agudos para alertar al resto del grupo, un sistema de comunicación simple y efectivo que le permite sobrevivir en un entorno exigente. Habita generalmente entre los 2.500 y los 5.100 metros sobre el nivel del mar.

La observación responsable es clave: especialistas recomiendan no alimentarlo ni interferir en su comportamiento natural.

Su alimentación es completamente herbívora y se basa en gramíneas, líquenes, hojas, flores y frutos de arbustos de estepa y montaña. Su pelaje espeso, adaptado a las bajas temperaturas, presenta tonos que van del gris al pardo anaranjado, con una franja oscura sobre el lomo y una cola larga y tupida que termina en punta negra, uno de sus rasgos más distintivos.

El chinchillón: ¿dónde podemos ver a esta ardilla de Neuquén?


En Neuquén, el chinchillón se distribuye en distintas Áreas Naturales Protegidas, como Auca Mahuida, Tromen, Domuyo, Copahue, Epu Lauquen, Cañada Molina, Chañy y la región de Los Chihuidos.

Habita áreas protegidas de Neuquén, donde cumple un rol en el equilibrio de los ecosistemas de montaña.

Si bien a nivel provincial no enfrenta riesgos críticos, algunas poblaciones con distribución más acotada pueden verse afectadas por la alteración del hábitat y la caza ocasional. Por eso, especialistas y organismos ambientales insisten en la importancia de una observación responsable: no alimentarlos, no intentar tocarlos y mantener distancia.

Especialista de la vida en altura, utiliza su cola para mantener el equilibrio al moverse entre roquedales.

El chinchillón forma parte de la fauna que vive en las alturas de Neuquén. Su presencia no es un detalle menor del paisaje, sino un indicador del estado de conservación de esos ecosistemas. En un contexto de mayor circulación turística y uso del territorio, reconocer a estas especies y promover prácticas de observación responsable se vuelve una tarea clave.

No solo es importante reconocerlo y cuidarlo al momento de diseñar políticas públicas ambientales y sino también para aportar a la construcción de una relación más equilibrada entre la sociedad y la naturaleza.


Entre los paredones volcánicos, las cornisas de piedra y los roquedales del norte y centro de Neuquén, hay un habitante que suele pasar inadvertido para la mayoría de quienes recorren esos paisajes. Se trata del chinchillón, también conocido como pilquín o “ardilla”, un roedor de montaña que observa el mundo desde las alturas y forma parte del entramado natural de la provincia.

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