Hojas de álamo: una alternativa para suplementar la dieta de ovejas en otoño
Un ensayo del INTA Alto Valle y la Facultad de Ciencias Agrarias (Universidad Nacional del Comahue) mostró que las hojas caídas de álamo, combinadas con pellets de alfalfa, permiten reducir la pérdida de peso en ovejas de refugo durante el otoño.
En los valles irrigados del norte de la Patagonia, las cortinas rompevientos de álamos forman parte del área productiva en las chacras. Pensadas originalmente como protección para los cultivos frutícolas y como fuente de producción de madera, estas forestaciones disponen un recurso que hasta ahora había sido poco aprovechado por la actividad ganadera. Investigadores del INTA Alto Valle y de la Facultad de Ciencias Agrarias comprobaron que las hojas de álamo caídas en otoño pueden utilizarse como suplemento forrajero para las ovejas de refugo.
La propuesta surge al observar un material abundante y de bajo costo que, año tras año, se acumula en acequias y bordes de las parcelas de las chacras. “El planteo fue evaluar si ese recurso disponible podía cumplir un rol concreto en la alimentación animal durante un momento crítico del ciclo productivo”, explicó Esteban Thomas, profesional del INTA Alto Valle y de esta facultad.
Un ensayo en corrales de campo
El estudio se desarrolló durante el otoño, entre mediados de mayo y principios de junio, en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue. Se trabajó con 16 ovejas adultas de refugo raza Merino, divididas en cuatro grupos. Un grupo con tratamiento testigo recibió una dieta basada en pellets de alfalfa, mientras que en los otros grupos se reemplazó el 25, 50 y 75 % de ese suplemento por hojas de álamo ofrecidas a discreción. Las hojas fueron recolectadas en una acequia lindera a una cortina rompevientos de álamos euroamericanos de aproximadamente 30 años.

Los análisis nutricionales de las hojas de álamo reflejaron valores de proteína bruta (3,6 %) y energía metabolizable (1,6 Mcal EM/kg de materia seca) acordes a un material otoñal. El interés del ensayo con ovejas estuvo puesto en la respuesta del peso vivo animal y en la posibilidad de complementar la dieta convencional.
Buena aceptación y mejor desempeño
“Lo primero que observamos fue una muy buena aceptación de las hojas por parte de las ovejas. Los animales las consumieron sin inconvenientes, aun cuando se redujo de manera importante la cantidad de pellets de alfalfa”, destacó Laura Villar, profesional del INTA Alto Valle.

Al evaluar la evolución del peso vivo, los mejores resultados se registraron en los tratamientos donde se reemplazó hasta el 50% de pellets. “Las ovejas que recibieron una combinación equilibrada de pellets de alfalfa y hojas de álamo lograron mantener su peso, e incluso mostraron una mejor respuesta que el grupo alimentado sólo con pellets de alfalfa”, explicó Villar.
“En ese sentido, el resultado es claro: complementar la ración alimentaria con hojas de álamo permitió reducir la pérdida de peso vivo”.
Según la investigadora, el objetivo en ovejas de refugo no siempre es generar ganancias de peso vivo, sino evitar pérdidas marcadas durante el otoño. “En ese sentido, el resultado es claro: complementar la ración alimentaria con hojas de álamo permitió reducir la pérdida de peso vivo”, afirmó.
Agregó que el desempeño final estuvo estrechamente vinculado al consumo del material. “A mayor consumo de hojas, mejor fue la respuesta productiva, siempre que se mantuviera una proporción adecuada de pellets de alfalfa en la dieta”, puntualizó.
Una alternativa simple y disponible
El ensayo mostró que los reemplazos excesivos del suplemento tradicional no resultan convenientes, pero sí es posible sustituir hasta la mitad de los pellets de alfalfa sin efectos negativos. “No se trata de reemplazar completamente un alimento de calidad, sino de utilizar un recurso para complementarlo”, señaló Thomas.
Desde el INTA Alto Valle destacan que esta estrategia alimentaria puede ser especialmente útil en las áreas bajo riego que integran producción agrícola, forestal y ganadera. Las hojas de álamo caídas en otoño están disponibles, no tienen costo y pueden recolectarse fácilmente. Aprovecharlas como recurso forrajero de manera planificada puede marcar una diferencia en la eficiencia del manejo alimentario de animales rumiantes.
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En los valles irrigados del norte de la Patagonia, las cortinas rompevientos de álamos forman parte del área productiva en las chacras. Pensadas originalmente como protección para los cultivos frutícolas y como fuente de producción de madera, estas forestaciones disponen un recurso que hasta ahora había sido poco aprovechado por la actividad ganadera. Investigadores del INTA Alto Valle y de la Facultad de Ciencias Agrarias comprobaron que las hojas de álamo caídas en otoño pueden utilizarse como suplemento forrajero para las ovejas de refugo.
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