Planta Almería: 22 años de trabajo en Viedma y una producción que supera los 70 mil alimentos anuales

El proyecto nació para aprovechar la materia prima local y terminó consolidándose como un punto de apoyo para el desarrollo de pequeños negocios alimentarios.

Por Auribel Zuarce

La Planta Almería, ubicada en Viedma, comenzó a gestarse hace más de 22 años como una experiencia comunitaria vinculada al aprovechamiento de la fruta local y hoy se consolidó como un espacio clave para el agregado de valor y la formalización de pequeños productores en la región. Lo que nació como un proyecto impulsado desde el ámbito social terminó ocupando un lugar concreto dentro del entramado productivo de la capital rionegrina.

Impulsada por Cáritas Argentina, la iniciativa acaba de sumar un reconocimiento nacional que le permite proyectar su producción más allá de la comarca. Sin embargo, su verdadero peso específico está en la historia que la sostiene y en el modelo que logró consolidar en la capital rionegrina.

Horacio Vázquez, representante legal del Obispado en la planta y coordinador del espacio, lo resumió con una frase que explica el punto de partida: «Arrancó con la iniciativa de un cura misionero que vino de la zona de Almería, en España. Cuando llegó le llamó la atención que hubiese tanta fruta y que no se aprovechara».

Horacio Vázquez, coordinador de la planta, destacó el crecimiento del proyecto desde sus inicios comunitarios. Foto: Marcelo Ochoa.

El punto de partida: producción primaria sin valor agregado


La escena que dio origen al proyecto es conocida en muchas localidades del Valle Inferior y la zona Atlántica: abundancia de fruta en chacras y quintas, pero poco desarrollo de agregado de valor a pequeña escala.

A comienzos de los 2000, esa observación derivó en una experiencia concreta. Se organizaron grupos de vecinos en distintos barrios de Viedma para elaborar dulces y conservas con fruta disponible en chacras y quintas. «Se empezaron a hacer grupos de gente de los barrios que tenían necesidades, se los acompañaba a elaborar aquello que se conseguía», recordó Vázquez.

La iniciativa nació a partir del impulso de un sacerdote misionero que advirtió el potencial de la fruta local. Foto: Marcelo Ochoa.

La producción se realizaba en patios de casas y quintas vecinales. Lo elaborado tenía como destino principal el consumo familiar en invierno, pero el proceso generó algo más importante: organización, capacitación y una lógica de trabajo colectivo.

Un convenio con la Escuela Agraria permitió fortalecer la formación técnica. En poco tiempo, la experiencia se multiplicó. «Llegaron a ser 40 o 50 grupos, mucha gente», detalló.


La «loca idea» de una planta comunitaria


El crecimiento planteó un desafío clave para cualquier economía regional que quiera consolidarse: garantizar condiciones de higiene y seguridad alimentaria.

«Arrancó la loca idea de hacer una planta de este tipo, bastante difícil al principio», contó Vázquez. El terreno fue cedido y el proyecto se presentó en la diócesis española de donde provenía el sacerdote impulsor.

La reciente habilitación nacional permite proyectar la producción más allá del mercado local. Foto: Marcelo Ochoa.

Durante diez meses, todas las capillas e iglesias de esa diócesis realizaron una colecta destinada exclusivamente a financiar la construcción en Viedma. El resultado sorprendió. «Recibimos una cantidad de euros que no esperábamos y justo se dio el cambio de 1 a 4 en Argentina. Con esos euros compramos todo antes de que los precios pegaran el salto», explicó.

Así nació Almería, una planta de más de 200 metros cuadrados, con distintos sectores de elaboración compartidos, pensada como espacio comunitario y sin fines de lucro.


De la economía social al desarrollo regional


Con el paso de los años, el perfil del proyecto fue ampliándose. Sin abandonar las capacitaciones abiertas y el trabajo social, comenzó a aparecer una nueva demanda, emprendedores que querían formalizar su producción para vender en el mercado local.

El obstáculo era conocido, cumplir con los requisitos del Código Alimentario Argentino implicaba inversiones edilicias imposibles de afrontar de manera individual. La planta, que ya estaba dentro de los parámetros exigidos, se convirtió en la solución.

El trabajo es comunitario, los emprendedores utilizan los espacios de manera compartida y coordinada. Foto: Marcelo Ochoa.

Tras adecuaciones normativas municipales, los elaboradores que producían allí comenzaron a obtener autorización para comercializar en la zona.

Hoy funcionan alrededor de 15 emprendimientos distintos, con múltiples líneas de productos. Dulces en diversas variedades, salsas, escabeches, productos con frutos secos, barras saborizadas y también fraccionamiento de alimentos que llegan en bolsones controlados y se redistribuyen en unidades más pequeñas para su venta en ferias y comercios.

El volumen da una dimensión regional del impacto: el año pasado salieron de la planta 72.000 productos. «Lo sabemos porque tenemos un código de barras propio. Cada vez que se coloca, se suma en una planilla y al final del período sabemos cuántos productos salieron», explicó Vázquez.

Se trata de mercadería que se comercializa principalmente en Viedma y la comarca, dinamizando la economía local y generando ingresos para decenas de familias.


La salsa que sostiene la estructura


Para sostener los costos de funcionamiento, el propio consejo de administración de la planta decidió producir un artículo propio: salsa de tomate.

Los productos elaborados incluyen dulces, salsas, conservas y alimentos con valor agregado a partir de materia prima regional. Foto: Marcelo Ochoa.

«Son más o menos unas 1.000 botellas por año. Es un producto cuya finalidad es financiar los costos de la planta«, indicó Vázquez. Los emprendedores abonan un canon por servicios, pero el mantenimiento, las mejoras y la modernización se cubren en gran parte con esa producción institucional.


El reconocimiento nacional y la proyección


En este contexto histórico se inscribe la reciente obtención del Registro Nacional de Establecimiento (RNE), que habilita el tránsito federal. Para la región, el dato no es menor, un producto elaborado en Viedma, con materia prima local y valor agregado local, puede ahora proyectarse a otros mercados del país.

«Esto cierra el círculo virtuoso del valor agregado: nace en Viedma, se transforma en Viedma y puede venderse afuera», señaló Vázquez.

La planta permite a pequeños productores elaborar bajo norma y comercializar en la zona de Viedma y la comarca. Foto: Marcelo Ochoa.

El reconocimiento llegó tras evaluaciones sanitarias y adecuaciones finales que contaron con aportes de la Provincia de Río Negro y de la Municipalidad, que incluso asignó una licenciada en Química como directora técnica a partir de marzo para supervisar las elaboraciones.

Más allá de la habilitación, hay un dato que sintetiza la relevancia regional del espacio. «Todos estos productos antes se estaban elaborando clandestinamente y los consumíamos sin saber en qué condiciones. Acá se puede ver cómo trabajan», afirmó el coordinador.

Hoy, con 15 emprendimientos activos y más de 70.000 productos que salieron el año pasado desde sus instalaciones, la planta ocupa un lugar definido dentro de la economía local. La posibilidad de que esa producción pueda circular fuera de la comarca abre un escenario nuevo, pero la base sigue siendo la misma que hace más de dos décadas: aprovechar la materia prima de la zona y generar trabajo en Viedma.


La Planta Almería, ubicada en Viedma, comenzó a gestarse hace más de 22 años como una experiencia comunitaria vinculada al aprovechamiento de la fruta local y hoy se consolidó como un espacio clave para el agregado de valor y la formalización de pequeños productores en la región. Lo que nació como un proyecto impulsado desde el ámbito social terminó ocupando un lugar concreto dentro del entramado productivo de la capital rionegrina.

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