La familia que llegó desde Japón, apostó por la Patagonia y hoy mantiene viva una tradición entre flores e invernaderos
Los Tannaka forman parte de las familias inmigrantes que ayudaron a construir la historia productiva del Valle de Viedma. Tras llegar a la región hace más de cinco décadas, pasaron de cultivar tomates, morrones y flores de corte a desarrollar un emprendimiento con nueve invernaderos y más de 30 variedades de plantas ornamentales.
Julián Roberto Tannaka continúa el legado productivo que su familia inició en el Valle de Viedma tras emigrar desde Japón hace más de cinco décadas. Foto: Marcelo Ochoa.
Cuando Julián Tannaka recorre los invernaderos donde trabaja todos los días, también repasa una historia familiar que comenzó a miles de kilómetros de distancia. La de sus padres, inmigrantes japoneses que llegaron a la Patagonia en busca de una nueva oportunidad y terminaron formando parte de las familias pioneras que impulsaron el desarrollo productivo del Valle de Viedma.
«Esto es una cuestión de inmigrantes. Todo el Idevi se esforzó con inmigrantes«, resumió Julián al recordar aquellos primeros años en la región.

De Japón al Valle de Viedma
La historia de los Tannaka comenzó en Japón, donde sus padres se conocieron antes de emprender el viaje hacia la Argentina. Como muchos inmigrantes de la época, hicieron escala en distintos lugares antes de establecerse definitivamente en la Patagonia.
Primero llegaron a Buenos Aires y luego se trasladaron hasta la zona de Viedma. Allí se instalaron cerca del sector conocido como el Barco Hundido, donde permanecieron durante aproximadamente tres años. «No estábamos solos. Vinieron tres familias«, recordó Julián.
Tras esos primeros años, las tres familias se trasladaron al Valle de Viedma, el proyecto de desarrollo agrícola que comenzaba a transformar la producción en la región y que ofrecía una oportunidad para quienes estaban dispuestos a trabajar la tierra.
Aunque Julián nació en Buenos Aires, llegó siendo apenas un bebé. «Tenía un año cuando vine», contó. Desde entonces, prácticamente toda su vida transcurrió en el establecimiento familiar.
«Viví siempre acá», dice mientras observa las estructuras de los invernaderos que hoy forman parte del paisaje cotidiano del predio.
Los primeros cultivos en la Patagonia
En aquellos años iniciales, la producción familiar estaba orientada principalmente a las flores de corte y a las hortalizas. «Primero se hizo tomate, también flores de corte, claveles y crisantemos», recordó.

La actividad exigía mucho trabajo y una gran capacidad de adaptación. La familia fue incorporando distintos cultivos de acuerdo con las oportunidades que ofrecía el mercado y las posibilidades de producción de la zona.
Uno de los aportes que más recuerda Julián es el impulso que su padre le dio al cultivo de frutillas. «Mi viejo fue uno de los primeros que trajo las frutillas«, afirmó.
En aquella época, sin embargo, el consumo era muy distinto al actual. «Las frutillas se vendían solamente a restaurantes y heladerías. Las verdulerías todavía no las trabajaban«, explicó.

Con el paso de los años, la producción hortícola comenzó a enfrentar mayores dificultades económicas. Los costos crecieron y la rentabilidad disminuyó, obligandolos a replantear sus estrategias. «Con el tomate ya no daban los números», señaló Julián.
Fue entonces cuando los Tannaka comenzaron a orientar cada vez más sus esfuerzos hacia la producción de plantas ornamentales y flores. «De a poco fuimos cambiando a lo que son las plantas«, resumió.
Nueve invernaderos y más de 30 variedades en el Valle de Viedma
Actualmente, el emprendimiento familiar se sostiene gracias al trabajo cotidiano de Julián y su pareja. «Lo trabajamos entre los dos«, contó.
El establecimiento cuenta con nueve invernaderos que fueron construidos hace muchos años y que continúan siendo la base de la producción. «Siete son de plantas de jardín y dos de flores de corte», detalló.
Hoy los invernaderos de los Tannaka albergan más de 30 variedades de plantas ornamentales y aromáticas. La oferta incluye romero, estrelitzias, asclepias, crisantemos, pensamientos, prímulas, violetas de los Alpes y numerosas plantas de interior que se adaptan a distintos espacios y estaciones del año.
La diversidad es el resultado de décadas de experiencia y de una búsqueda constante por incorporar nuevas especies de acuerdo con las preferencias de los clientes y las condiciones de cultivo del Valle de Viedma. «Todos los años se implementan algunas plantas nuevas», comentó Julian. La producción requiere observación constante y aprendizaje permanente. «Cada planta tiene sus mañas».
Durante esta época del año predominan especialmente las especies de otoño e invierno, muchas veces poco conocidas por quienes no están vinculados al mundo de la jardinería. «La gente a veces no sabe que en otoño e invierno hay muchas variedades».
Flores para la comarca y la región
La producción de los Tannaka se comercializa principalmente en Viedma y Patagones, aunque con el tiempo también lograron consolidar clientes de otras localidades de la región.
«Antes venía mucha gente de la comarca, pero también vienen de San Antonio y de Conesa«, comentó. Muchos compradores llegan directamente hasta el establecimiento para elegir las plantas y flores que buscan.

Además, Julián participa en la feria local, donde ofrece parte de la producción al público. «La del medio me ayuda en la feria», cuenta sobre una de sus hijas.
Otra parte de las plantas y flores se distribuye a través de distintos comercios especializados. «También va a florerías«, explicó.
Para Julián, sostener el emprendimiento significa continuar una tradición construida durante décadas por sus padres y por tantas otras familias inmigrantes que apostaron por el desarrollo del Valle de Viedma.
A diferencia de los tiempos en que predominaba el tomate, hoy encuentra algunas ventajas en la producción ornamental. «Es más tranquilo», reconoció.
Cuando Julián Tannaka recorre los invernaderos donde trabaja todos los días, también repasa una historia familiar que comenzó a miles de kilómetros de distancia. La de sus padres, inmigrantes japoneses que llegaron a la Patagonia en busca de una nueva oportunidad y terminaron formando parte de las familias pioneras que impulsaron el desarrollo productivo del Valle de Viedma.
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