El ejemplo de Illia
Retrospectivamente, su periodo fue distinguido como “un sueño argentino” debido a sus notables conquistas institucionales y socioeconómicas. Un ejemplo para la dirigencia futura.

En la madrugada del 28 de junio de 1966 a raíz de la violenta e insurrecta irrupción de traidores infames a la Patria, caía derrotado el último presidente cabal (no sólo en honestidad sino con hechos y palabras concretas) de los argentinos; si, nos referimos a don Arturo Humberto Illia.
Un artero, ladino e ignominioso golpe cívico-militar liderado por el general Julio Alsogaray junto a otros pares, nos impuso y sostuvo a Juan Carlos Onganía.
Un grito de gol desde las tripas
Arturo Illia, conforme irrebatibles “hechos e índices estadísticos”, fue el presidente argentino que -entre otras grandes logros y la encarnadura humana de magnas garantías- más concretamente se ocupó Vg., de la Educación y de la pobreza entre 1963 y 1966; todo ello conforme rigurosos índices pertinentes, respectivos.
Hoy, cuando continúa asombrando tanto analfabetismo, pobreza e indigencia con demasiados niños y abuelos sin alimentos, remedios ni siquiera una copita de leche, los políticos que sucedieron a Illia parecieran “insensibles o invisibles” hasta fingir demencia tanto en sus arengas internas, discursos públicos o participaciones periodísticas de cara a un 2027´ electoral
¿Y si imitamos a Illia?
Concretamente, como magistralmente recuerda Fabian Lautaro Bosoer, “un oasis democrático de libertades civiles y crecimiento económico excepcional terminó abruptamente: lecturas retrospectivas sobre un trienio clave de los años 60 que fuera preludio del infierno autóctono de los 70”
Retrospectivamente, ese periodo de Illia fue distinguido como “un sueño argentino” debido a sus notables conquistas institucionales y socioeconómicas, que fueron brutalmente contrastadas con la pesadilla de violencia sindical, militar y política posterior.
Efectivamente, una Argentina que exhibió un equitativo, inclusivo y genuino crecimiento del PBI, sensible y auténtica reducción de la deuda externa y un presupuesto -como anticipamos- récord para la Educación Pública en todos los niveles de todos los establecimientos educativos, en un país todavía federal.
Esa ceguera de los políticos en general, resulta tan inaudita como reprochablemente inaceptable. En general, están más ocupados en mentir, robar y corromperlo todo a su paso, con alto elogio y práctica nefasta del nepotismo, algo que por generaciones los viene perpetuando en el poder, pero no para el servicio sino para la rapiña y el despojo de libertades, bienes, derechos, oportunidades, igualdad, progreso, adelanto y bienestar.
Las cifras de su gobierno
La pobreza e indigencia que caracterizan el espectro nacional, revela sin tapujos posibles, abordajes políticos partidarios inapropiados o idealizados,en un trance y percance de seis décadas de mediocridad y corrupción como el contrapunto actual entre Manuel Adorni, Martín Insaurralde o Edgardo Kuider & Cía., con la alevosa anuencia judicial y periodística que nos mantiene hipnotizados por desquiciados, esos que habitan las cavernas de la mentira y las madrigueras del latrocinio o cuevas del peculado.
A 60 años de su derrocamiento, no quedan dudas de que el presidente Illia fue un hombre de firmes y testimoniales convicciones axiológicas, persuadido como Muhammad Yunus de que la pobreza no la crea la gente pobre y que los pobres son las personas bonsái; porque ambos lo dieron todo para un mundo sin pobreza como financiamiento privilegiado de la paz.
Con su presidencia, la desocupación, que había llegado a un récord histórico en julio de 1963, bajó al 4,6% en octubre de 1965. El salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%. La inflación, que en el bimestre anterior se había mantenido en el 26%, bajó en 1964 a 22,1%. Y nunca más se invirtió tanto en Educación -como durante su truncado gobierno “democrático”-, con hasta el 20% del PBI
Urgen políticas sociales equitativas con dignos salarios y jubilaciones reales, que deroguen definitivamente esa cruel y desalmada transa de la politiquería, cuando vg., en materia previsional trocaron dignidad y júbilo por estas ascuas actuales y totales de nuestros viejos; políticas públicas con humanismo que se correspondan mejor con los guarismos oficiales pero reales de la canasta familiar básica, porque mucho argentino tiene mucha ignorancia y hambre en demasía; sin mencionar inseguridad, déficit´s habitacional, del ahorro y del tradicional crédito familiar de la banca oficial.
En paralelo, durante el último transcurrir democrático se fueron sumando y multiplicando fracasos recurrentes, corrupción e impunidad; nefastos populismos o cooptación, alineamiento y representación clientelista por ausencia de cultura cívica y compromiso democrático; resumiendo, demasiada adversidad “democrática” que humanamente alienó, empobreció y nos postergó interna y externamente.
No obstante ello, todavía podemos exigir propuestas fiscalmente realistas, genuinamente financiables y humanitariamente sostenibles, en favor del desarrollo humano argentino, para con ellas, simultáneamente, ir por el rescate premuroso de tanto destrato y maltrato gubernamental a que nos sumieron gruesas ineptitudes, componendas, delitos e irresponsabilidades de muchos que han detentado el poder en los últimos 60 años.

En la madrugada del 28 de junio de 1966 a raíz de la violenta e insurrecta irrupción de traidores infames a la Patria, caía derrotado el último presidente cabal (no sólo en honestidad sino con hechos y palabras concretas) de los argentinos; si, nos referimos a don Arturo Humberto Illia.
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