Un taller rescata las historias de Bariloche que no están en los libros y sobreviven en la memoria de sus vecinos

Un taller de Upami y la Universidad Nacional de Río Negro reúne a vecinos de distintas edades para rescatar pequeñas historias, recuerdos y vivencias que no aparecen en los libros. A través de relatos sobre la nieve, las escuelas, los barrios y la vida cotidiana, los participantes reconstruyen la memoria de Bariloche y aprenden a mirar la ciudad con otros ojos.

Por Lorena Roncarolo

Las clases son los viernes de 13 a 15. Foto: gentileza

Las clases son los viernes de 13 a 15. Foto: gentileza

«Descubrí medio tarde en mi vida que la historia me fascina«, admitió María Eugenia Quel, de 63 años. Un tiempo atrás, supo de un taller que le generó curiosidad. Se trata de «Descubriendo Bariloche: las (micro) historias contadas por sus protagonistas», coordinado por Anabella Marrapodi que propone un viaje por el pasado y presente de la ciudad, rescatando relatos y vivencias que no suelen aparecer en los libros de historia tradicionales.

La propuesta de estos encuentros de Upami, junto a la Universidad Nacional de Río Negro, fue generar un «diálogo de saberes» donde los asistentes frecuentes -y quizás, invitados especiales- reconstruyan la identidad local.

«Nací en Buenos Aires, pero vivo en Bariloche hace 36 años. No soy ‘nic’ (nacida y criada), como dice nuestra profesora, pero el que elige el lugar para vivir tiene un doble valor. Sin embargo, no conozco mucho de su historia», contó Quel. Cuando su hija se fue a estudiar a Buenos Aires, detectó que en cada visita , disfrutaba la ciudad «desde un lugar más observador, a través del arte, la cultura y la historia«. Entendió que no quería que le pase lo mismo en Bariloche.

Cada viernes, entre 25 y 30 personas, poco a poco, empiezan a poblar el aula, se saludan y se ubican en sus asientos. Hay quienes tienen preparado algún relato que están impacientes por compartir; otros simplemente aguardan ansiosos la consigna de la profesora.

Cómo los barilochenses llegaban al colegio bajo intensas nevadas décadas atrás. O cómo se esquiaba -incluso usando alpargatas-. Qué pasa hoy con la fauna exótica que avanza en la ciudad. Cómo funcionaba antes la ciudad sin vertedero, cuando la gente hacía pozos en el campo para tirar la basura al no existir la recolección de residuos. Los temas son de los más diversos.

«Este taller nació en 2023, por una cuestión personal. Había fallecido mi papá y una noche, desperté sintiendo que había que generar un espacio de escucha para vecinos invisibilizados por la vorágine del día a día», recordó Anabella que vive en Bariloche desde hace 22 años. Esta licenciada en Administración Hotelera y Turismo que lleva dos décadas como docente, se puso manos a la obra para crear un proyecto de microhistorias.

Así nació el espacio donde los barilochenses cuentan -o escuchan- historias relacionadas a su propia vida o que hicieron posible el crecimiento de la ciudad. «En un primer momento, lo pensé del lado turístico, pero poco a poco se fue abriendo a historias de la vida cotidiana. Trabajar con adultos es gratificante y, a la vez, ellos encuentran un espacio de escucha y para poder contar», señaló.

Las clases son los viernes de 13 a 15. Foto: gentileza

Interacción entre jóvenes y adultos

El taller es abierto, no tiene restricción etaria (el estudiante mayor tiene 92 años) y los participantes no deben ser afiliados al Pami. Como Anabella también dicta clases en el primer año de la universidad, sumó a jóvenes para generar un intercambio con los adultos mayores. «Ellos les cuentan el progreso y el desarrollo de la ciudad. A la vez, se da que muchos estudiantes tienen abuelos que han sido pioneros. Se genera un ambiente rico», valoró.

Los planes para este cuatrimestre son muchos. La profesora sugirió elaborar un mapa del ejido municipal con más de 200 referencias de rincones históricos -muchos de los cuales ya no existen-. A la vez, cada integrante del taller deberá escribir un anecdotario. «Cada uno, en su casa, en algún momento, debe escribir algo que se acuerde de su niñez, de su infancia, del pasado con relación a la ciudad, la nieve, al colegio, o lo que fuera. A fin de año la idea es armar un documento que sea el anecdotario 2026», comentó.

Anabella suele proponer actividades lúdicas, como una sopa de letras sobre «cosas de Bariloche». Pero por lo general, solo actúa como moderadora. La frase recurrente con que se topa es: «No tengo ninguna historia». Dura poco, porque en seguida, afloran relatos maravillosos.

Las clases son los viernes de 13 a 15. Foto: gentileza

«Siempre hago hincapié en que todo lo que hablamos y aprendemos no lo podemos rescatar de ningún libro de la biblioteca. Son historias locas y espontáneas, no planificadas«, admitió.

El desafío es generar «un espacio terapéutico«: «En casa, nuestros hijos, muchas veces, se cansan de escuchar las mismas historias. En este espacio, no hay condicionamientos para que pueden contar».

A veces, Anabella usa como disparadores alguna noticia del diario o propone inquietudes propias; otras veces, los mismos participantes del taller sugieren temas. Días atrás, por ejemplo, una pareja que vive desde hace poco en Bariloche le reconoció que estaba muy intrigada por la figura de Capraro y le pidió información que le demandó un pequeña investigación.

Liliana Schiavo es guía de turismo del parque nacional Nahuel Huapi. «Todo tema histórico arqueológico, paleontológico me interesa. Al comenzar este curso, pude aportar mucho. Pero también pude conocer a muchos pobladores nacidos acá que aportaban sus historias de vida, recuerdos, datos que nadie registró«, resaltó esta mujer de 72 años. Puso como ejemplo que tiempo atrás, se sumó una mujer que había vivido un tiempo en la casa original de Carlos Wiedelhord y pudo contar cómo era.

Omar Guiragossian tiene 64 años y es acuicultor. «Uno tiene tanto que compartir y lo cierto es que no hay muchos espacios para expresarse, juntarse o compartir lo que hemos vivido. A veces, se desbordan las emociones por historias dignas de contar. Se trata de poder aportar, dejar un legado y bendecir a otros», dijo.

Las clases son los viernes de 13 a 15. Foto: gentileza

Detrás de cada relato, hay una experiencia de vida. Una de las participantes hoy está jubilada, pero trabajó más de 50 años como dibujante en la tradicional Cerámica Bariloche. A su vez, contó que, en 1948, plantó uno de los primeros pinos en la Costanera que meses atrás fueron removidos.

El espacio pretende rescatar la historia por parte de los protagonistas. «Es un espacio que hace muy bien. Aporta una gran energía positiva. A diferencia de otras aulas donde soy docente, acá no soy la protagonista», aclaró Anabella y aportó: «A veces, no pensamos que hay todo un mundo detrás de todo esto que hace posible que la ciudad sea lo que es. Pedacitos de esas historias afloran en el taller».

La conformación del taller es de lo más variada: gente que ha trabajado toda su vida y profesionales como ingenieros, contadores, médicos, docentes. La heterogeneidad es notable.

María Eugenia destacó que una de sus compañeras trabaja en Patrimonio Histórico y les aporta gran cantidad de información. «He pasado 100 veces por una calle de Bariloche y no había registrado una casa antigua. Entonces, le sacamos una foto, la mandamos al grupo de WhatsApp y después, lo trabajamos en el taller. Esa capacidad de enseñarnos a observar es hermosa«, planteó la mujer.

«Quizás -acotó-, es una casa de principios de principios de 1900 transformada en un local de alquiler de botas de esquí. Así nos hacemos más conscientes del lugar en el que estamos y de la historia del lugar en el que estamos«.

En tanto, Eugenia reconoció que «este taller responde 100% a mis expectativas, no solamente de intercambiar con gente linda. La profesora sabe un montón, tiene una memoria increíble para las fechas y me ayuda a ubicarme en la historia de la ciudad». Valoró que la historia de Bariloche no es tan lejana y de esta forma, los participantes del taller tienen la oportunidad de interactuar con personas que, «a través de ellas mismas o las generaciones antecesoras, tienen anécdotas de una riqueza enorme».

Las clases son los viernes de 13 a 15. Foto: gentileza

Una propuesta «descontracturada»

Tres años atrás, Mónica Rubelio, de 62 años, decidió anotarse en el taller porque «le atraía conocer un poco más, para corroborar algunos datos que tenía sueltos, recordar viejos tiempos y conocer lo que me falta» en una ciudad tan grande Bariloche.

Celebró que la modalidad del taller «es totalmente descontracturada. A partir de una propuesta, de la profesora o de los compañeros, salen cosas maravillosas y se van desencadenando relato tras relato con aportes, con agregados, con vivencias, con datos históricos conocidos y desconocidos». Así, reconoció, uno va comprendiendo muchas cosas de la ciudad.

«No nací en Bariloche, me vine a los 7 años y muchas cosas que viví de chica, las comprendí recién ahora», expresó. Además, fue conociendo lugares por donde antes pasaba y no se detenía a observar con atención. «La mirada va cambiando a medida que uno va recorriendo las calles«, advirtió.

Esta docente consideró que «la historia vivida es maravillosa, ya sea recordarla o compartirla con los más jóvenes -o no tan jóvenes-. Siempre se descubre algo nuevo. Uno, a partir de los talleres, también aprendí a mirar más detenidamente las cosas. Y todo a partir del relato de los otros».


La inscripción permanece abierta durante todo el ciclo, de modo que los interesados pueden sumarse en cualquier momento del curso. Para facilitar el acceso a toda la comunidad, el arancel es de carácter voluntario.

Las clases son los viernes de 13 a 15 en el edificio Malvinas Argentinas de la UNRN, en Anasagasti 1463, Bariloche. Están destinadas a residentes de Bariloche, mayores de edad.



"Descubrí medio tarde en mi vida que la historia me fascina", admitió María Eugenia Quel, de 63 años. Un tiempo atrás, supo de un taller que le generó curiosidad. Se trata de "Descubriendo Bariloche: las (micro) historias contadas por sus protagonistas", coordinado por Anabella Marrapodi que propone un viaje por el pasado y presente de la ciudad, rescatando relatos y vivencias que no suelen aparecer en los libros de historia tradicionales.

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