Herminia Brumana: entre la pluma y el activismo

Por Mabel Bellucci

Durante las primeras décadas del siglo XX, su figura adquiere un reconocimiento dentro de los cenáculos intelectuales, a través de su escritura prolífera y de su reflexión en torno del campo educativo y de la docencia. Este perfil fue sumamente difundido, ya sea por sus obras como por sus colaboraciones en distintas publicaciones clásicas del Buenos Aires de entonces: «Mundo Argentino», «El Hogar» y «La Nación». A lo largo de 35 años escribió nueve libros, entre ellos: «Cabezas de mujeres», «Tizas de colores», «A Buenos Aires le falta una calle», «Me llamo Niebla», tres obras de teatro y sobresalió por su oratoria en las múltiples conferencias que desarrolló por distintos lugares del país. Después de su fallecimiento, en 1954, un grupo de amigas íntimas decidió, cuatro años más tarde, editar su producción completa.

Lo que llama la atención es que su activa participación política se mantiene en el anonimato o, quizás, en el olvido. En realidad, Herminia Brumana acciona desde las filas anarquistas y también desde las socialistas. No obstante, su inclinación militante e intelectual simpatiza con el movimiento libertario.Tanto es así, que se la considera discípula del escritor y periodista español Rafael Barrett, de cuño libertario.

Es por los años veinte que, por su prédica fundada en los principios del librepensamiento, «La Antorcha» la incorpora como columnista, así como el periódico de mujeres «Nuestra Tribuna», dirigido por Juana Rouco Buela. Al poco tiempo de su muerte, el escritor anarquista Cuadrado Hernández organizó un concurso literario evocando su prestigioso nombre.

Convengamos que Herminia Brumana no es el único caso fronterizo entre dos tendencias ideológicas oponentes, también se podría recordar a la dirigente italiana Ana María Mozzoni y a la española Belén de Sárraga. La convergencia de dichas orientaciones no está dada por un estado de confusión de sus protagonistas, sino por el clima de entrecruzamiento de ideas de la época, el cual permite configurar un espacio de encuentro de las problemáticas y, sobre todo, de sus adherentes.

Un claro ejemplo de su protagonismo político será registrado en su comprometida intervención en difundir y sostener la campaña de liberación -desde 1931 a 1942- de tres jóvenes obreros que fueron víctimas de una confabulación policial en Bragado y fueron presos políticos. El testimonio de Herminia Brumana de dicho acontecimiento es recogido por el historiador Fernando Quesada en su libro «El Proceso de Bragado». Ella dirá entonces: «Insisto en lo dicho: quien no está contra la justicia, está con ella. Las mujeres de mi país que no se declaran, de viva voz o por escrito, solidarias al movimiento iniciado protestando por la condena de los presos de Bragado, se pone incondicionalmente de parte de la injusticia. ¿Con qué derecho hablarán luego de ética, de moral, de principios, quienes no han sido capaces de indignarse ante la mayor indignidad concebible? Quienes condenan a inocentes, guiados por intereses de clases, cometen un acto que rebaja la condición humana.

He aquí por qué el clamor de todas las mujeres se hace necesario. Tal vez él logre conmover la conciencia de quienes, con su fallo, pueden enturbiar para siempre una página de la vida de nuestro pueblo. Repito: las mujeres conscientes deben hacerse oír en este momento. No es un sacrificio hacerlo, no es siquiera un deber: es ejercer un derecho, el derecho que todo humano tiene al triunfo de la verdad».


Durante las primeras décadas del siglo XX, su figura adquiere un reconocimiento dentro de los cenáculos intelectuales, a través de su escritura prolífera y de su reflexión en torno del campo educativo y de la docencia. Este perfil fue sumamente difundido, ya sea por sus obras como por sus colaboraciones en distintas publicaciones clásicas del Buenos Aires de entonces: "Mundo Argentino", "El Hogar" y "La Nación". A lo largo de 35 años escribió nueve libros, entre ellos: "Cabezas de mujeres", "Tizas de colores", "A Buenos Aires le falta una calle", "Me llamo Niebla", tres obras de teatro y sobresalió por su oratoria en las múltiples conferencias que desarrolló por distintos lugares del país. Después de su fallecimiento, en 1954, un grupo de amigas íntimas decidió, cuatro años más tarde, editar su producción completa.

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