El doble vuelo de Maxi Altieri

El actor y acróbata Maxi Altieri no lleva una vida sino dos. En la primera es integrante de un destacado grupo de acróbatas aéreos, Kasalamanka, con quienes ha ganado reconocimiento y girado por varios países del mundo. En la segunda, es presidente de la Asociación Rionegrina de Teatro, en la cual cumple su función de gestor y administrador de iniciativas teatrales y presupuestos. Charló con "Río Negro".

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- La vida de Maxi Altieri pende -literal y habitualmente- de un hilo. Mejor dicho, de una cuerda bien atada. Y se lanza así, al espacio sideral, tanto por amor al arte que desarrolla junto al grupo Kasalamanka, como por un estilo de vida. La colita que no esconde pero tampoco se ve de buenas a primeras en su corte de pelo, es una respuesta a lo convencional. No se queda ahí. Altieri transgrede hasta los códigos de los que levantan la bandera de la bohemia o la anarquía.

Actor, malabarista, acróbata del día a día, también preside desde fines del año pasado la Asociación Rionegrina de Teatro (ARTE), actividad que lo convierte en gestor de proyectos y administrador de presupuestos. La otra cara de sus corridas por el cielo. Anda en la frontera de los treinta y acaba de tener un hijo. Destila un impecable estado de ánimo para nada payasesco. Dice que no acostumbra ahogarse en un vaso de agua, y si la cosa llega hasta el cuello, pues, a volar mi amor que para eso estamos.

-Vuela y administra, no me puede negar que son actividades encontradas.

-Dicen que los artistas no tienen capacidad de gestión, en la asociación tratamos de demostrar lo contrario.

-¿Qué tan difícil es pasar de las acrobacias aéreas al tozudo escritorio del contador?

-Se hace difícil al principio. Después uno se acostumbra. Es que para un artista los papeles intimidan. Facturas, circulares, informes, estadísticas. La solución es sentarse y hacerlo, aunque no resulte grato. Así, hora tras hora hasta que lográs darle un orden.

-¿Qué evaluación tiene de lo hecho por la Asociación Rionegrina de Teatro?

-Una de las claves de esta gestión radica en su administración. También hemos organizado cursos, seminarios, encuentros, se han destinado presupuestos a iniciativas de distintos grupos, es una lista muy extensa.

Habla el administrador, que esgrime una página de Internet donde se lee «Plan de Fomento y Desarrollo de la Actividad Teatral». Allí están, sí, cada proyecto, cada idea en papel virtual.

-El año pasado nos asignaron un presupuesto de 33.000 pesos y este año el número fue un poco más bajo. Con eso se mueve una parte de la actividad teatral de la provincia.

-Parece una utopía tener un presupuesto, aunque sea pequeño.

-Sí, creo que hasta yo me sorprendí cuando viajé por este tema a Buenos Aires, pero el presupuesto estaba.

-¿Qué tanto pueden hacer los artistas sin dinero?

-Se puede. El año pasado hicimos unos encuentros invernales de teatro, acrobacia y demás, por el que pasaron miles de personas.

-Miles

-Más de cinco mil. Y sin un mango, trabajamos siempre a la gorra.

Ser actor de teatro en la Argentina de hoy suena a otra utopía.

-Tal vez siempre lo fue. ¿Qué se puede decir de ser acróbata aéreo o acróbata a secas o payaso o titiritero?

-¿Qué se puede decir?

No es algo en lo que me detenga demasiado ahora. Lo pienso cada cierto tiempo, acabo de tener familia y eso me hace repensar ciertas cosas. Pero, para ser sintético, uno debe tomar decisiones acerca del estilo de vida que quiere llevar. Esta es tu vida, nadie puede vivirla por vos, ¿qué vas a hacer? ¿Ser tú mismo o ser otro? ¿Ser esclavo de las circunstancias o entregarte a lo que amas? Creo que la respuesta en mi caso está clara.

-Ese debe ser el motivante para organizar el papelerío.

-Para un artista es muy engorroso, es importante justificar los gastos, tener en claro qué se hizo durante el año. Pero es la llave para lograr muchas cosas.

-Hace poco organizaron un encuentro de acróbatas en Mallín Ahogado junto con su grupo Kasalamanka. ¿Fue ésa una manera de revindicar el lugar donde nace su arte?

-Es una manera de mostrar la Patagonia, de decir somos de este lugar y tenemos cosas para decir de una manera especial. Hubo cientos de participantes de Brasil, Colombia, Argentina. Trabajamos sobre nuestro terreno. Pusimos un cable entre dos árboles, sentimos la naturaleza, no es un discurso ecológico, es decir: en la Patagonia podemos hablar desde aquí. Veíamos el espectáculo de «El Circo del Sol» y no nos volaba la cabeza sencillamente porque esos tipos tienen dos millones de dólares para hacer lo que hacen, nosotros tenemos un árbol viejo y misterioso. Es mucho más intenso como experiencia de vida.

-¿Cómo seguirá la actividad de ARTE?

-Tenemos un presupuesto similar al del año pasado, seguiremos fomentando la actividad teatral, el desarrollo y el perfeccionamiento que son las líneas fuertes de nuestro trabajo. Para eso tenemos una organización que cubre toda la provincia. La cabeza de la asociación está compuesta por Alicia Tealdi de Bariloche, Carlos Bima de Regina, Aldana Gerez de Las Grutas y Héctor Segura de Río Colorado.

-¿Volará con Kasalamanka?

-Si hemos llegado hasta aquí…

-Con y sin dinero.

-Hemos viajado y diseñado muchas propuestas. Por ejemplo, entre el 12 y el 21 de este mes estaremos en la Sala Alicia Fernández Rego de Neuquén.

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar


SAN CARLOS DE BARILOCHE.- La vida de Maxi Altieri pende -literal y habitualmente- de un hilo. Mejor dicho, de una cuerda bien atada. Y se lanza así, al espacio sideral, tanto por amor al arte que desarrolla junto al grupo Kasalamanka, como por un estilo de vida. La colita que no esconde pero tampoco se ve de buenas a primeras en su corte de pelo, es una respuesta a lo convencional. No se queda ahí. Altieri transgrede hasta los códigos de los que levantan la bandera de la bohemia o la anarquía.

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