Las dos orillas del Profe

<b>El día en que el Depo le ganó 3-1 a Racing por el Nacional del 82 y la iracundia juvenil de los años 60 en su Montevideo natal. Todo en la memoria del Profe Buracioc González.</b>

El profe Pedro Buracioc González era temido. Su disciplina incorruptible para el trabajo físico ha sido corroborado por un sinnúmero de jugadores que formaron parte de la época dorada del fútbol regional, entre la década del 70 y el 80. La exigencia era necesaria si la trascendencia era el objetivo: un principio que supo traer desde el otro lado del ‘charco’, cuatro décadas atrás.

Hace unos días se cumplieron 30 años de uno de los hechos más gloriosos de Deportivo Roca en su historia: cuando superó 3-1 a Racing en la cancha de Vélez, por el Torneo Nacional del 82. Aquella jornada mágica en el ‘José Amalfitani’, el Profe junto a un integrante de la subcomisión de fútbol, Carlos Peyran, orientaron aquel equipo que había quedado acéfalo después de la renuncia de Rodolfo Santángelo a la dirección técnica.

Hoy, Buracioc González y su mirada retrospectiva reabren un capítulo de su vida donde no sólo habla de fútbol. También de su Montevideo natal, de la escena turbulenta que dominaba a la capital uruguaya en la década del ‘60 y su simpatía por Rampla Juniors.

–¿Qué recuerda de aquel partido casi épico?

–Fue un triunfo espectacular, más aún porque no nos recibieron muy bien. No nos dieron vestuarios al principio, y cómo veíamos que se venía la hora del partido, nos comenzamos a cambiar al aire libre. Después nos dieron un vestuario auxiliar. Nunca supe la causa de tanta descortesía.

Fue todo muy improvisado, inclusive antes de jugar. Paramos en un hotel de Palermo, que antes había sido un motel alojamiento. Ahí, junto a Peyran y algunos referentes del plantel, dimos la charla técnica.

–¿Recuerda que les dijo a los jugadores?

–Lo primero que les dije fue algo así como que ‘estamos jugados, ya empezamos mal con el recibimiento. Si no nos dieron ni vestuario, en la cancha no me quiero ni imaginar. Así que vamos a poner un poco de lo nuestro, no sólo en lo futbolístico sino también el orgullo’. Eso fue más o menos lo que se habló. Tácticamente no hubo mucho qué decir, había buenos jugadores. Pero yo los veía muy caídos anímicamente antes del partido.

–¿Quiénes estaban más sorprendidos, ustedes o la gente de Racing?

–Ellos no lo podían creer. Ya en el primer tiempo ganábamos 2-0 con dos goles de (Luis) Correa. En el segundo tiempo, Racing se nos vino encima de la mano de (José) Berta, que era un volante bárbaro, pero nosotros lo liquidamos con un gol de (Waldemar) Signorini luego de una escapada del ‘Gitano’ (Miguel Ángel) Martínez.

–¿Festejaron mucho la victoria?

–Curiosamente no. Fue normal, algo muy medido. Creo que después, cuando toda la prensa se nos vino encima, nos empezamos a dar cuenta de lo que había pasado. Todos se preguntaban cómo un equipito de provincia le había ganado a un grande como Racing en Buenos Aires.

Éramos tan jóvenes

Buracioc González llegó a Roca en el 1981, después de trabajar en Defensores Unidos de Zárate y Defensores de Belgrano. Antes, lo había hecho en Montevideo, el lugar donde nació y lo forjó como hombre y profesional

En la década de los 60, Montevideo no era indiferente a los movimientos juveniles que afloraban en distintas partes del mundo. Allí en la capital uruguaya, el joven Pedro estudiaba medicina y también formaba parte de un espacio político que 40 años después, derivó en un presidente nacional ajeno a los partidos tradicionales.

“Había muchos jóvenes en el Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros por aquellos años. Eran tiempos de mucha agitación política. Imagínese, era el año 1968 y por entonces Uruguay pasaba una de las crisis socioeconómicas más profundas”, recuerda Buracioc.

–¿Qué era lo que los movilizaba?

–Lo nuestro era iracundia, rebeldía ante el autoritarismo. Eran otros tiempos, con otros valores. Los que hoy empuñan un arma, la usan para robarle unos pocos pesos a un jubilado, nunca para defender los derechos de un obrero. Igual, eran otras épocas, muy convulsionadas, en donde la solución por las armas era una posibilidad. Hoy ya no lo es. Por suerte los tiempos democráticos enseñaron otros caminos. Tenía mucho de romanticismo todo aquello. Lo nuestro era compromiso de verdad. Por suerte después de más de 40 años esto lo puedo contar.

–¿Fue privado de su libertad, fue torturado?

–De eso no me gustaría hablar… Hay cosas que no quiero contar.

La mirada del Profe se pierde como en oscuros laberintos que le gustaría olvidar. Pero son parte de una memoria dolorosamente imborrable y que prefiere atesorar para sí.

–Hubo muchas humillaciones, fue bravo…

–¿Cómo es que lleva todos esos ideales a la preparación física después?

–Todo aquel ideal, he tratado de trasladarlo al deporte. Me gusta que el deportista sea disciplinado, que cumpla las pautas de trabajo, que sea honesto. Y la única satisfacción que tengo es poder trasmitirlo, esa mi lucha ahora. En realidad desde que me dedico a esto hace ya 40 años.

–El tiempo ha hecho lo suyo y hoy Pepe Mujica es el presidente de Uruguay.

–Que el Frente Amplio haya ganado la presidencia es el fin de un camino muy largo, de mucha lucha. Aún me sorprende el cambio de mentalidad del ciudadano uruguayo. Pensar en una alternativa política entre los Blancos y Colorados, era impensado hasta no hace mucho. Igual, yo no podría hablar mucho porque estoy bastante desvinculado de la sociedad uruguaya hace muchos años.

Ése es mi tío

“Una vez las Fuerzas de aquel tiempo en Uruguay, entraron a mi casa paterna. Eran gente de mucha soberbia pero muy ignorantes. Cuando entraron a mi cuarto, vieron en mi escritorio varios libros, fotografías y material bibliográfico. No sólo de izquierda eh… De todo, a mí me gustaba interiorizarme en todo, más allá de las ideologías. Entre esos libros, había una foto de Lenin. Cuando me preguntaron quién era les dije: ‘Ése es mi tío’. Y todo no termina ahí”.

“Cuando se fueron, con mis padres salimos afuera y vimos arriba de una higuera que había en el patio de mi casa, a un tipo de uniforme con una ametralladora, como agazapado. ‘Ya se fueron’, le dijimos. Se lo habían olvidado…”.

walter Rodríguez

wrodriguez@rionegro.com.ar


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