El mundo de Facebook

Redacción

Por Redacción

Hace apenas una semana, la salida a bolsa de la empresa conformada por la red social Facebook fue festejada con euforia por los mercados que, en seguida, dictaminaron que valía la friolera de 104.000 millones de dólares estadounidenses, un monto superior al producto bruto anual alcanzado por más de cien países. Sin embargo, muy pronto las acciones de Facebook cayeron abruptamente al preguntarse los inversores si realmente se trataba de un gigante capaz de generar riqueza en cantidades inmensas o si, como las empresas virtuales, por llamarlas así, que protagonizaron la burbuja de los dot.com una década atrás, sólo sería cuestión de una nueva ilusión estimulada por el avance vertiginoso de todo lo vinculado con la informática. Luego de reflexionar, los analistas especializados parecen haber llegado a la conclusión de que, si bien inicialmente se había sobreestimado el eventual valor económico de Facebook, sería un grave error suponer que, lo mismo que aquellos sitios de la internet que cambiaron de manos por sumas fabulosas sin producir después una fracción de los beneficios previstos, invertir en él resultaría ser un pésimo negocio. En vista de las cantidades extraordinarias de dinero que están en juego, el que hoy en día sea tan difícil calcular el valor relativo, en términos materiales, no sólo de empresas novedosas como Facebook sino también de sectores enteros no puede sino ser motivo de preocupación. Además de parecer confirmar las sospechas de quienes dicen creer que las bolsas, incluyendo a las más importantes como las de Nueva York, Londres y Tokio, son “timbas” que, al privar de recursos a la economía real, enriquecen a una pequeña minoría de aventureros inescrupulosos y empobrecen a millones de personas honestas, tesis ésta que comparten los “indignados” que están participando de manifestaciones en las ciudades principales del mundo, las dudas en cuanto a su valor real contribuyen a hacer todavía menos comprensible lo que está sucediendo en la economía internacional. Facebook se destaca por contar con 900 millones de usuarios, lo que le permite vender publicidad dirigida a personas de preferencias, gustos e intereses supuestamente conocidos. A base de la información almacenada, el año pasado logró arrojar ganancias netas de aproximadamente mil millones de dólares, lo que no estaría nada mal en el caso de una empresa de dimensiones medianas pero que a juicio de los financistas es poco para una que supuestamente vale cien veces más. Aunque es posible que en los años próximos la empresa resulte mucho más lucrativa, también lo es que aparezcan competidoras que consigan aprovechar la veta que ha abierto, lo que, obvio es decirlo, daría en tierra con las esperanzas de quienes compraron por 38 dólares acciones que días más tarde cotizarían a 31 dólares, un desempeño que hizo de la salida a la bolsa la peor desde el 2007. Para hacer aún más complicada la situación de la empresa, algunos accionistas decepcionados han demandado a Facebook y a algunos bancos por haberles ocultado información acerca de sus perspectivas reales. Facebook, como otras empresas del mismo género, se basa en una idea muy sencilla, pero a diferencia de Apple, digamos, que se convirtió en la empresa más valiosa del planeta produciendo bienes materiales de calidad evidente, además de “software”, la fundada por el aún joven Mark Zuckerberg se limita a ofrecer un servicio que, felizmente para él, resultó ser extremadamente popular. Por desgracia, tales empresas no suelen necesitar muchos empleados –aunque Facebook dice estar por contratar a miles más porque según sus gerentes le aguarda una etapa de expansión muy rápida–, parecería que antes de salir a la bolsa se conformaba con apenas 3.000, la mayoría ubicada en la localidad californiana de Palo Alto. Así, pues, una proporción creciente de los sectores más dinámicos de las economías de los países avanzados consiste en empresas que son claramente capaces de ganar muchísimo dinero pero que no contribuyen en absoluto a crear fuentes de trabajo. Huelga decir que se trata de un fenómeno muy inquietante que afecta por igual a quienes carecen de calificaciones laborales y a profesionales óptimamente preparados que corren el riesgo de verse marginados por la lógica inherente al mercado laboral de la edad tecnológica que apenas ha comenzado.


Hace apenas una semana, la salida a bolsa de la empresa conformada por la red social Facebook fue festejada con euforia por los mercados que, en seguida, dictaminaron que valía la friolera de 104.000 millones de dólares estadounidenses, un monto superior al producto bruto anual alcanzado por más de cien países. Sin embargo, muy pronto las acciones de Facebook cayeron abruptamente al preguntarse los inversores si realmente se trataba de un gigante capaz de generar riqueza en cantidades inmensas o si, como las empresas virtuales, por llamarlas así, que protagonizaron la burbuja de los dot.com una década atrás, sólo sería cuestión de una nueva ilusión estimulada por el avance vertiginoso de todo lo vinculado con la informática. Luego de reflexionar, los analistas especializados parecen haber llegado a la conclusión de que, si bien inicialmente se había sobreestimado el eventual valor económico de Facebook, sería un grave error suponer que, lo mismo que aquellos sitios de la internet que cambiaron de manos por sumas fabulosas sin producir después una fracción de los beneficios previstos, invertir en él resultaría ser un pésimo negocio. En vista de las cantidades extraordinarias de dinero que están en juego, el que hoy en día sea tan difícil calcular el valor relativo, en términos materiales, no sólo de empresas novedosas como Facebook sino también de sectores enteros no puede sino ser motivo de preocupación. Además de parecer confirmar las sospechas de quienes dicen creer que las bolsas, incluyendo a las más importantes como las de Nueva York, Londres y Tokio, son “timbas” que, al privar de recursos a la economía real, enriquecen a una pequeña minoría de aventureros inescrupulosos y empobrecen a millones de personas honestas, tesis ésta que comparten los “indignados” que están participando de manifestaciones en las ciudades principales del mundo, las dudas en cuanto a su valor real contribuyen a hacer todavía menos comprensible lo que está sucediendo en la economía internacional. Facebook se destaca por contar con 900 millones de usuarios, lo que le permite vender publicidad dirigida a personas de preferencias, gustos e intereses supuestamente conocidos. A base de la información almacenada, el año pasado logró arrojar ganancias netas de aproximadamente mil millones de dólares, lo que no estaría nada mal en el caso de una empresa de dimensiones medianas pero que a juicio de los financistas es poco para una que supuestamente vale cien veces más. Aunque es posible que en los años próximos la empresa resulte mucho más lucrativa, también lo es que aparezcan competidoras que consigan aprovechar la veta que ha abierto, lo que, obvio es decirlo, daría en tierra con las esperanzas de quienes compraron por 38 dólares acciones que días más tarde cotizarían a 31 dólares, un desempeño que hizo de la salida a la bolsa la peor desde el 2007. Para hacer aún más complicada la situación de la empresa, algunos accionistas decepcionados han demandado a Facebook y a algunos bancos por haberles ocultado información acerca de sus perspectivas reales. Facebook, como otras empresas del mismo género, se basa en una idea muy sencilla, pero a diferencia de Apple, digamos, que se convirtió en la empresa más valiosa del planeta produciendo bienes materiales de calidad evidente, además de “software”, la fundada por el aún joven Mark Zuckerberg se limita a ofrecer un servicio que, felizmente para él, resultó ser extremadamente popular. Por desgracia, tales empresas no suelen necesitar muchos empleados –aunque Facebook dice estar por contratar a miles más porque según sus gerentes le aguarda una etapa de expansión muy rápida–, parecería que antes de salir a la bolsa se conformaba con apenas 3.000, la mayoría ubicada en la localidad californiana de Palo Alto. Así, pues, una proporción creciente de los sectores más dinámicos de las economías de los países avanzados consiste en empresas que son claramente capaces de ganar muchísimo dinero pero que no contribuyen en absoluto a crear fuentes de trabajo. Huelga decir que se trata de un fenómeno muy inquietante que afecta por igual a quienes carecen de calificaciones laborales y a profesionales óptimamente preparados que corren el riesgo de verse marginados por la lógica inherente al mercado laboral de la edad tecnológica que apenas ha comenzado.

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