Resistencia
El gobierno nacional tendrá esta semana una mayor actuación.
ADRIÁN pecollo adrianpecollor@ionegro.com.ar
Ocurrió el peor augurio. El Frente gubernamental se quebró tras el irreparable y farragoso conflicto entre el gobernador Alberto Weretilneck y el senador Miguel Pichetto. Hay complejas lecturas, pero lo primordial es que este oficialismo, centrado en el gobierno, ya no es lo que era y nadie sabe cómo será ahora. Hay que abandonar posturas interesadas. Existe una conclusión obvia: no hay dirigente correcto o distraído en medio de un mundo equivocado. La procesión de los hechos del viernes es la muestra que no hay inocentes en esta crisis. Lo peor, todo fue una sucesión de provocaciones y actos orientados a la confrontación. Discursos y denuncias públicas. Informes y relatos sesgados. Negaciones y omisiones planeadas. Nadie llegó o se hizo escuchar con una salida distinta. Todo fue una sucesión de pasos sectoriales e individuales, alejados de cualquier reacción sensata para detener este proceso de erosión de más de dos meses. Afloró aquel sábado 16 de junio, en Roca, con la primera reunión del nuevo Consejo partidario que acordó –por unanimidad– establecer una comisión que impusiera al gobernador de las objeciones fijadas. Weretilneck se incomodó con la difusión, pero siguió en su camino que derivó en el anuncio del tan cuestionado subsidio a los productores. A los tres días, la comisión se redujo a un almuerzo reservado en el Senado entre el gobernador y el senador. Allí quedó sellado el final de esa relación. Pichetto propuso correcciones y reemplazos de ministros, Weretilneck se aferró a su marcha y negó cambios inmediatos. Creían en roles, planes y futuros contrapuestos. El gobernador ignoró el reparo del PJ y eligió resguardarse más en su gestión mientras Pichetto buscó la reacción de la Nación, acompañado de informes parciales. Hay dudas sobre las finanzas, como el impacto definitivo de la zona desfavorable, pero el dossier repartido concluye en que ese adicional exigirá 165 millones en el 2013. Ese número –cuanto menos– es aventurado cuando se desconoce cómo la zona se aplicará en el próximo ejercicio. En concreto, la historia del conflicto evolucionó entre la vacía contención, los rodeos retóricos y una vorágine opositora. La inercia de la virulencia instalada pudo más que la ficción impuesta en el documento del Consejo justicialista, que fingía un cuadro moderado. Poco bastó para desarticular la simulación. La fractura estaba dada. El llamado partidario sirvió al monitoreo de las lealtades. Pichetto hizo su recuento y Weretilneck cumplió con el suyo. Así, el futuro también estará marcado por esos protagonistas. Un primer impacto recayó en el poderío de Pichetto, que terminó rodeado de un poco más de la mitad de los consejeros del PJ, intendentes y legisladores. La otra parte se aferró al mandatario y al Estado. ¿Una distribución impensada semanas atrás? Nada fue casual. Frente al pronóstico de un crítico planteo partidario, el gobernador le antepuso su reorganización gubernamental que dispondrá con quienes lo acompañaron. Otra vez, delimitó su territorio. Tildó a los que esbozaron disidencias. ¿Habrá tomado nota de los funcionarios suyos que corretearon en los actos de resistencia del PJ, como los secretarios Ademar Rodríguez y Edgardo Bagli, y el subsecretario Diego Puente? ¿Alcanzará al secretario de Seguridad, Miguel Bermejo, y su publicitado anuncio nacional con el senador? Pichetto sinceró su posición y se colocó –con parte del PJ– en la resistencia. Su bloque avanzó en su rol opositor: la derogación de la polémica ley de disponibilidad, hoy realmente desactivada. Esta ofensiva vaticina la primera derrota parlamentaria del oficialismo. También, los firmantes, que bien la defendieron hace ocho meses, se expondrán a una pirueta para enterrarla. ¿La próxima iniciativa será la reducción de los sueldos de los funcionarios? Posiblemente. Weretilneck pensó en su reajuste pero optó, otra vez, por esperar, ligando su suerte a la postergada restricción a los haberes de los órganos de control. Aquella idea del mandatario quedó sumergida después en la pulseada interna con Pichetto cuando pidió la eliminación de “los megasueldos”. Un impensado proceso político-institucional se inicia en Río Negro. Traspasa a toda la dirigencia y alianzas. No diferencia legisladores ni jefes comunales, también distancia a recientes compañeros de causas, e incomoda en el mismo espacio a denunciantes y sospechados. Weretilneck definió y se propuso que serán leales quienes lo secundarán en el gobierno. Además de esa fidelidad, ¿buscará eficiencia y capacidad? Seguramente. En realidad, la disidencia nunca apareció en este gabinete; sí, en cambio, las malgastadas gestiones. Pronostica una ambiciosa “refundación” a partir de una renovación en la que seguirían como ministros el docente Marcelo Mango y el economista Alejandro Palmieri. A Hugo Lastra, el expichettista, lo premiaría por su apego estatal, mientras que el resto estaría en la carpeta para destronar. El mandatario llegará el martes a Buenos Aires con ese bosquejo, en revisión. En la Casa Rosada, el jefe de Gabinete, Juan Abal Medina –por orden presidencial– tiene una embrionaria gestión de acercamiento y recapacitación. Hasta ahora, los gestos de la presidenta Cristina Fernández fueron tan sutiles como inexistentes, perjudicando el propósito de Pichetto. Weretilneck advierte esa intromisión nacional, entonces esboza su concesión en la apertura del gabinete de devotos. Así sólo trazó rasgos gruesos de esa formación. Revisó la boleta del FpV para analizar grados de confiabilidad en los reemplazos ante eventuales convocatorias de legisladores al Ejecutivo. Ocurre que deposita hoy en ese entorno su mayor gratitud. La reconstrucción también tendrá un fuerte trazo nacional, con protagonistas por resolver con la mirada kirchnerista. Recurrirá al Movimiento Evita, que lidera Silvia Horne, y piensa en convocar a Ernesto Paillalef, hoy subsecretario Social de la Nación. ¿Lo ubicará en el Ministerio de Desarrollo Social? Todavía no lo cerró. La Cámpora tiene su espacio, pero esa verticalizada agrupación es un músculo del pensamiento presidencial, que aún se desconoce en referencia a esta puja rionegrina. Su único legislador, Martín Doñate, zafó de todo intento de añadirlo aunque no logró hacerlo totalmente porque apareció en un comunicado oficial en la comitiva del mandatario a Trelew cuando permanecía en Viedma. Otra porción estará en los intendentes leales. La opinión del reginense Luis Albrieu tendrá fuerte valor para sumar funcionarios. Incluso se analiza su incorporación al gabinete y, por eso, se revisó la máxima licencia en el municipio, que llevaría a seis meses o, de lo contrario, habría que convocar a elecciones. Habrá más opciones comunales. Además, el roquense Martín Soria se revalorizó en su relación con Weretilneck. Hizo su contribución para desgastar a Pichetto cuando acompañó y desactivó la reunión de la Liga de Intendentes. En contrapartida, el gobernador concurrirá a un inminente cónclave de jefes locales. Es cierto también que Soria ofreció ese ámbito en el PJ, pero fue desechada. ¿Los municipios, propios y ajenos, serán centrales en el esquema naciente? Esta administración asignó a ellos complejas funciones del Estado, como los servicios en las escuelas. ¿Qué pasará si, como se analizó entre los críticos, desisten de su prestación? Marcha la transformación oficial aunque, en sus ocho meses de su asunción, la gestión del FpV poco y nada ha modificado del Estado históricamente conocido. Entre tantas palabras, Pichetto captó esa negativa sensación social y la expuso en su mensaje opositor del viernes. Además de esa utilización, realmente el oficialismo –hasta hace poco, en pleno– perpetúa el viejo sistema. Ese Estado ligado al plano salarial donde la estrechez financiera acentúa la concentración de fondos en sus pagos o incrementos. Hace dos años, los haberes representaban un 48% de las erogaciones y ya está en casi el 60%. La merma repercute, entre otros, en las obras, que cayeron del 8% a menos del 5% en su participación real. Son complejas estructuras por revertir pero, también, se sostiene esquemas más frágiles, como las empresas, o conductas desgastadas, incompetentes e indebidas, aquellas a las que se llegó para combatir. Para todos, alguna vez habrá que demostrar, con actos y procesos, la responsabilidad y la promesa que proclaman con sus palabras.
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