Reclaman justicia por el crimen de Santibáñez

Ocurrió en Roca hace 10 días. Las balas no eran para él

Redacción

Por Redacción

Emiliana Cantera

ROCA.- José Miguel Santibáñez estaba a punto de cumplir 34 años. Trabajaba como jardinero y le iba bien. Tenía un nene de 10 y una nena de 3. Vivía en el barrio Nuevo de Roca con su esposa y los chicos. Todas las mañanas pasaba por la casa de su mamá a buscar su carro y sus herramientas para ir a trabajar. Y de paso tomaba con ella unos mates o le hacía algún mandado. El 1 de octubre, al mediodía, iba camino a la casa de su mamá, pero a una cuadra del lugar de destino, en la calle Misiones casi Montevideo, bajó de su moto y en la vereda se puso a charlar con un conocido. Un minuto después se estaba muriendo. Lo habían alcanzado dos de los siete balazos que dispararon dos delincuentes desde una moto en movimiento. Los tiros no eran para él sino para su amigo. Ahora hay dos hombres detenidos por el hecho y una familia destrozada que reclama justicia. Los imputados por el crimen son Milton Adán Verdugo y Oscar Nicolás Rubén Hernández. El primero, según los investigadores, manejaba la moto, y el segundo habría hecho los disparos. “Quiero que Dios haga justicia y también los jueces terrenales, porque para eso Dios los dejó en la Tierra”, dijo ahogada por las lágrimas la mamá de Santibáñez, Lucila Ñanco, a “Río Negro”. Ahora ella, que parió y crió a diez hijos, tiene miedo de que vuelva a pasar, de que “los larguen”. Y miedo de que su nieto, quien vio a su papá agonizando en la vereda, no pueda recuperarse. “Le decía ‘¡despertate papá!’ y le pegaba cachetadas. Pobrecito…”, dice la abuela. Según los registros judiciales Santibáñez no tenía antecedentes ni integraba ninguna de las bandas que habitualmente se enfrentan en la zona norte de Roca. “Él no tenía problemas con nadie. Era muy bueno”, recuerda su mamá. “Destrozaron una familia; dejaron a dos criaturas sin papá”, dijo indignada una tía. Y tanto ella como Lucila y las hermanas de la víctima exigieron más patrullajes policiales en el barrio Noroeste. “Todos los días se sienten tiros, y los fines de semana se pone peor. Desde que pasó esto no he visto un solo patrullero pasar por esta calle (la Montevideo)”, criticaron las mujeres. (Redacción central)

Lucila se aferra la foto de su hijo, que tenía 33 años. “Él no tenía problemas con nadie, los tiros no eran para él”, lamenta la mujer.


Emiliana Cantera

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