La muerte del paro cardiorrespiratorio
Cuenta la leyenda que promediando los años 80, en algún lugar de nuestro país, una primitiva tendencia burocrática determinó –mediante ínfulas de un poder que se le había delegado– que si los médicos no anotaban “paro cardiorrespiratorio (PCR)” como causa de muerte, el certificado de defunción sería rechazado, con todos los contratiempos imaginables que esto provocaba. La medida se exhibió como una solución definitiva y contundente, liberada además del dificultoso palabrerío médico; se aceptaron dos variantes: a) PCR traumático y b) PCR no traumático. Como tantas otras conductas humanas erróneas, la innovación fue aceptada sin dilaciones y su uso se masificó a todo el país. Fue así cómo miles y miles de certificados se extendieron –y siguen extendiéndose– con la consabida fórmula, impidiendo que el certificado de defunción sirva para lo que fue creado y que no es otra cosa que conocer la causa de la muerte y demás circunstancias relacionadas. ¿Por qué? Porque decir que una persona murió porque se le paró el corazón y/o el sistema respiratorio, es como que el mecánico nos explique que nuestro auto no anda porque se detuvo el motor. El paro cardiorrespiratorio no es una causa de muerte. De hecho, llegará un momento en que a todos se nos detendrá la circulación y la respiración. Pero al margen de tan inexorable circunstancia, ¿cuál será la causa primigenia de ese deceso?, ¿será una enfermedad infecciosa o cáncer?, ¿una lesión de centro nervioso superior en incidente de tránsito con vehículo a motor, un infarto agudo de miocardio,, un disparo de arma de fuego…? De un modo u otro, ésas sí son causas concretas que activan en el organismo humano una cascada de eventos que finalizan con la pérdida de las funciones esenciales para la vida: cardíaca, neurológica, respiratoria. Podemos permanecer un tiempo prolongado sin evacuar el intestino, pero sólo subsistir algunos minutos sin circulación y respiración. Tampoco es posible pasar nada de tiempo sin un sistema nervioso indemne en las funciones esenciales para la vida. En este lamentable contexto, si un investigador se pusiera a revisar miles de certificados de defunción para conocer de qué morimos los argentinos, sólo encontraría que a la persona “se le paró el corazón y/o los pulmones”. Lo cual, como hallazgo científico, deja bastante que desear. Es bueno recordar que, a veces, ni siquiera con una autopsia completa se encuentra la causa de muerte. Entonces lo correcto sería colocar muerte de causa indeterminada (antes que mentir). Muchos médicos legistas hemos luchado durante años contra esta tendencia, de anotar PCR, ya sea desde nuestro lugar de trabajo o mediante la divulgación de artículos médicos o periodísticos, pero sin éxito. Sin embargo, tarde o temprano llega la luz. Fue en la ciudad de Buenos Aires, en enero del presente año y a raíz de la sanción de una nueva ordenanza (Resolución Nº 1539 MSGC/12, lunes 2013-01-07) referida al certificado de defunción, donde se estableció que el nuevo certificado incorpora un formulario con medidas de seguridad, en el cual, en la parte de causa de muerte, “impide la utilización de la frase paro cardiorrespiratorio, toda vez que no es una causa…”. Aunque sabemos que nadie es profeta en su tierra –la noticia, por demás auspiciosa, apareció primero en una revista médica forense de España–, es de esperar que los médicos abandonemos nuestra tradicional indiferencia ante la muerte que nos derrota a diario y que comencemos a extender certificados de defunción valederos y útiles cada vez que debamos hacerlo. Si no podemos ayudar a vivir, que sea a morir o a contribuir con la investigación de las causas de muerte. Así cumpliríamos íntegramente esa tan hermosa promesa del médico a su paciente: “Nunca voy a abandonarte, nunca, aunque no pueda curarte y siempre, siempre estaré a tu lado, hasta el final”. (*) Médico Legista – Investigación forense. Exmédico forense. Mail: mompracem17@hotmail.com
DELFÍN FRANCISCO DELGADO (*)
Cuenta la leyenda que promediando los años 80, en algún lugar de nuestro país, una primitiva tendencia burocrática determinó –mediante ínfulas de un poder que se le había delegado– que si los médicos no anotaban “paro cardiorrespiratorio (PCR)” como causa de muerte, el certificado de defunción sería rechazado, con todos los contratiempos imaginables que esto provocaba. La medida se exhibió como una solución definitiva y contundente, liberada además del dificultoso palabrerío médico; se aceptaron dos variantes: a) PCR traumático y b) PCR no traumático. Como tantas otras conductas humanas erróneas, la innovación fue aceptada sin dilaciones y su uso se masificó a todo el país. Fue así cómo miles y miles de certificados se extendieron –y siguen extendiéndose– con la consabida fórmula, impidiendo que el certificado de defunción sirva para lo que fue creado y que no es otra cosa que conocer la causa de la muerte y demás circunstancias relacionadas. ¿Por qué? Porque decir que una persona murió porque se le paró el corazón y/o el sistema respiratorio, es como que el mecánico nos explique que nuestro auto no anda porque se detuvo el motor. El paro cardiorrespiratorio no es una causa de muerte. De hecho, llegará un momento en que a todos se nos detendrá la circulación y la respiración. Pero al margen de tan inexorable circunstancia, ¿cuál será la causa primigenia de ese deceso?, ¿será una enfermedad infecciosa o cáncer?, ¿una lesión de centro nervioso superior en incidente de tránsito con vehículo a motor, un infarto agudo de miocardio,, un disparo de arma de fuego...? De un modo u otro, ésas sí son causas concretas que activan en el organismo humano una cascada de eventos que finalizan con la pérdida de las funciones esenciales para la vida: cardíaca, neurológica, respiratoria. Podemos permanecer un tiempo prolongado sin evacuar el intestino, pero sólo subsistir algunos minutos sin circulación y respiración. Tampoco es posible pasar nada de tiempo sin un sistema nervioso indemne en las funciones esenciales para la vida. En este lamentable contexto, si un investigador se pusiera a revisar miles de certificados de defunción para conocer de qué morimos los argentinos, sólo encontraría que a la persona “se le paró el corazón y/o los pulmones”. Lo cual, como hallazgo científico, deja bastante que desear. Es bueno recordar que, a veces, ni siquiera con una autopsia completa se encuentra la causa de muerte. Entonces lo correcto sería colocar muerte de causa indeterminada (antes que mentir). Muchos médicos legistas hemos luchado durante años contra esta tendencia, de anotar PCR, ya sea desde nuestro lugar de trabajo o mediante la divulgación de artículos médicos o periodísticos, pero sin éxito. Sin embargo, tarde o temprano llega la luz. Fue en la ciudad de Buenos Aires, en enero del presente año y a raíz de la sanción de una nueva ordenanza (Resolución Nº 1539 MSGC/12, lunes 2013-01-07) referida al certificado de defunción, donde se estableció que el nuevo certificado incorpora un formulario con medidas de seguridad, en el cual, en la parte de causa de muerte, “impide la utilización de la frase paro cardiorrespiratorio, toda vez que no es una causa...”. Aunque sabemos que nadie es profeta en su tierra –la noticia, por demás auspiciosa, apareció primero en una revista médica forense de España–, es de esperar que los médicos abandonemos nuestra tradicional indiferencia ante la muerte que nos derrota a diario y que comencemos a extender certificados de defunción valederos y útiles cada vez que debamos hacerlo. Si no podemos ayudar a vivir, que sea a morir o a contribuir con la investigación de las causas de muerte. Así cumpliríamos íntegramente esa tan hermosa promesa del médico a su paciente: “Nunca voy a abandonarte, nunca, aunque no pueda curarte y siempre, siempre estaré a tu lado, hasta el final”. (*) Médico Legista – Investigación forense. Exmédico forense. Mail: mompracem17@hotmail.com
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