“Se necesita un
Con el pergamino de militar en política desde hace más de medio siglo, haciendo del mundo de las ideas y el debate de las mismas todo un estilo de su accionar, Terragno está convencido de que la oposición siempre cae en emboscadas que le tiende el kirchnerismo.
entrevista: Rodolfo Terragno, exsenador radical
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
–¿Va a escribir sus memorias como ministro coordinador de la administración De la Rúa?
–No lo tengo previsto, aunque no sé.
–¿No cree que sería esclarecer mucho de una historia que –aun el desaguisado en que terminó la Alianza– reconoce en usted, y así se está escribiendo ese tiempo, un esfuerzo intelectual importante para sacar las cosas adelante?
–No saco patente de guapo ni del único que intentó superar contradicciones, adversidades. Hice lo que mi conciencia me dijo que tenía que hacer, pero la historia fue por otro lado.
–¿Y se quedó solo?
–De ninguna manera uno se siente solo cuando, aun habiendo tenido que irse, las cosas sucederían como uno advertía que sucederían si no se tomaban determinadas decisiones. Luché para que saliéramos serenamente de la convertibilidad, alejarnos de un espacio que nos iba a arrinconar. Bueno, no se hizo. Luché para que desde el Ejecutivo se aceptara el alcance de acción, gestión, que tiene por rango constitucional el ministro coordinador. Bueno, se me combatió. Y le cuento algo: aun en el marco de tanta convulsión, fui el único ministro coordinador que desde la reforma de nuestra carta magna cumplió el precepto constitucional de que una vez al mes debe ir a rendir cuentas a ambas cámaras parlamentarias. Y no iba con preguntas preparadas por la bancada oficialista, por caso. Iba abierto, sin medias palabras: pregunten y pregunten todos. Llegué a estar 12 horas respondiendo.
–¿Qué les sucede a los presidentes con el ministro coordinador? Generalmente lo acotan…
–No les interesa que ese cargo se ejerza en los términos en que se tiene que ejercer y como lo dispone el artículo 100 de la Constitución, que acredita un inmenso poder al ministro coordinador. Basta leerlo para saber de ese poder. A los presidentes esto no les agrada y a muchos de los que los rodean tampoco, ésa es la realidad. Pero también está la sociedad en todo esto.
–¿Desde dónde? ¿No cree que en política le llega mucho ya cocinado?
–Mire, no voy a negar la importancia que tiene o pueda darse un sistema político desde lo institucional, lo jurídico. Pero siempre he sostenido, e incluso debido a mi permanencia en Inglaterra durante varios años, que mucho más importantes para el funcionamiento de la política y de las relaciones que ésta genera son los valores sociales y los términos en que esa sociedad se interpela sobre lo que desea, se asume como conjunto de cara al presente y a la historia… la autoestima social como expresión de deseos compartidos, reflexionados. Pero en la política argentina estamos acostumbrados a…
–¿Por ejemplo?
–Hay cosas que me extrañan hasta desde el punto de vista táctico, no digamos ya desde lo estratégico sino desde lo puntual. Un caso. La presidenta dice en ese todos los días de hablar y hablar cosas que a veces pienso que son deliberadamente provocativas, cuestiones que no se sostienen lógicamente, que no tienen sustento y que racionalmente no merecerían más que un recuadrito de… no sé, cuatro centímetros. Sin embargo, desde la política inmediatamente se sale a contestarle… declaraciones, artículos a veces farragosos, extensos, como si lo dicho mereciera tratados, ensayos. Y, de hecho, al fin de la jornada siguiente a lo dicho y las sucesivas siguen colocando a la presidenta en el centro de la escena y ella sigue manejando la agenda de la oposición. Eso pasó, por ejemplo, cuando dijo que Argentina estaba mejor que Canadá y Australia… una aseveración que se anulaba en sí misma por carencia de lógica para cualquier político formado e informado, con lecturas, con mirada amplia, inquisitiva, inquieta.
–¿Cuán amplio es en la Argentina ese rango de políticos? Por momentos, al menos, las miradas suelen ser “muy parroquiales”, decía Federico Pinedo.
–¡No, no, los hay! Aquí y allá. Hay mucha política forjada en el manejo de ideas y en pensar creativamente. Yo me he llevado muchas sorpresas.
–¿Quiénes?
–Peco de injusto al referirme a unos pocos. Pero le doy un caso: la senadora Sonia Escudero. Muy capaz, reflexiva, nunca habla sin haber pensado rigurosamente lo que dirá, estudiosa de los temas. Está también, y por seguir en el Senado, el caso de Ernesto Sanz.
–Volvamos a esa conducta que usted denuncia de muchos políticos en relación con los dichos de la presidenta. ¿Por qué van por ese camino?
–No es denuncia… reflexión, reflexión. Son planos de la política que viven el día a día de la política, la cotidianidad. Hay mucha oposición que sólo es comentarista de los diarios, como aquel programa de Julio Lagos “Charlando las noticias”.
–En un muy reciente libro realizado con Alejandro Katz, el historiador Luis Alberto Romero sostiene que al hablar de políticas de Estado cabría tener en cuenta que no son el comienzo de conciliación sino el punto de partida de debates sobre ellas. Aclara entonces que el punto a consensuar son los temas sobre los cuales se va a discutir. ¿Cómo ve a la oposición en esta dialéctica?
–Tema importante. Tomemos tres exigencias básicas de una agenda política a analizar en off, como solemos definirlas con “Pino” Solanas en este proceso electoral: qué se hace, por qué se hace y para qué se hace. Y ahí vienen entonces los problemas de mucho del accionar de la oposición. Un caso: el gobierno estatiza las AFJP. ¿Cómo los radicales nos vamos a oponer si siempre estuvimos a favor del sistema de reparto? Pero entonces qué se hace: se acompaña la iniciativa del gobierno cuando lo que correspondía era, si se está de acuerdo con el sistema de reparto, enriquecer el debate con la presentación del proyecto propio, enriquecido. Y debatir, argumentar. Y se gana o se pierde en esa lucha franca, noble, de ideas, de dudas, de certidumbres… lucha aclaratoria de cara a la sociedad. Pero no, nada o muy poco se hace en muchos casos en esta dirección cuando se tratan temas de inmensa trascendencia.
–¿Cómo definir este juego en el que el poder propone y logra el todo?
–Yo suelo hablar de extorsión. El gobierno sabe que no se van a oponer a ciertas iniciativas importantes que promueve y las pone en marcha logrando imponer sus puntos de vista sin que la oposición tenga un rol proactivo. Luego, los mismos que votaron desde la oposición el tema de reparto se quejan de que el kirchnerismo maneje arbitrariamente el dinero de los jubilados para gastos corrientes. Lo mismo pasó con el caso YPF. Se apoyó desde el grueso de la oposición sin contemplar un proyecto alternativo rigurosamente fundado y ahora se quejan porque YPF hace un acuerdo secreto con Chevron para explotar Vaca Muerta… en fin, la oposición entra en el jugo del gobierno.
–¿Qué definiría un partido con solidez en su gestión opositora?
–Acá tiene que haber un partido que le sople la nuca al partido en el poder y que desde ese rol, con ideas, dirigencia comprometida con las ideas, con la necesidad hacia adentro del partido de no hacer de éste algo más que una voluntad de militancia, ser una voluntad de poder fundada, mostrar a la sociedad que se piensa en ella y se piensa en términos de ser alternativa franca, directa, a lo existente.
entrevista: Rodolfo Terragno, exsenador radical
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